El Santo Sepulcro reabre tras dar un paso atrás las autoridades de Israel

El Gobierno se hace la vista gorda ante espacios pertenecientes a sinagogas que deberían pagar el impuesto y no lo hacen

Este martes, 28 de febrero, reabrió sus puertas el Santo Sepulcro tras dar el Ayuntamiento de Jerusalén y el Gobierno un paso atrás ayer para intentar solucionar los problemas que les enfrentan con las iglesias cristianas de la ciudad santa. El cierre el domingo del Santo Sepulcro «de forma indefinida» ha resultado una medida de presión efectiva para que el alcalde de Jerusalén, Nir Barkat, anunciara la suspensión de la recaudación de tasas municipales que había ordenado sobre inmuebles de las iglesias no dedicados al culto. El tema pasa ahora a manos de un comité que estará encabezado por el ministro de Cooperación Regional, Tzachi Hanegbi, que se reunirá con los representantes de las iglesias para intentar resolver las diferencias. El intento de acercamiento de las autoridades judías fue doble ya que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ordenó también la suspensión de la tramitación de una ley en el Parlamento que permitiría expropiar retroactivamente tierras vendidas por las iglesias a empresas o civiles.

Superados los dos problemas que llevaron a los jefes de las iglesias greco-ortodoxa, armenia y católica a cerrar el Santo Sepulcro, los peregrinos llegados de todo el mundo a Jerusalén esperan que la puerta se abra lo antes posible para poder orar en el lugar más santo para los cristianos. Desde el domingo, la plaza de acceso al templo se ha convertido en un lugar en el que se mezclaban la impotencia y la rabia de miles de personas que se han quedado sin poder visitar la tumba de Jesús durante su peregrinación a Tierra Santa.

Discriminación positiva

«Las iglesias están haciendo mucho ruido, pero la normativa es clara y afecta por igual a judíos, musulmanes y cristianos. Los lugares de culto están exentos de pagar el impuesto municipal, pero no así los negocios con ánimo de lucro que se han abierto en propiedades de la iglesia como restaurantes u hoteles», informa Michael Decker, abogado de la Oficina de Cohen Decker Pex y Brosh, firma experta en temas relacionados con los impuestos a instituciones religiosas. Decker, que lleva más de una década dedicado a estos temas en la ciudad santa, sigue con mucho interés este enfrentamiento entre las iglesias y las autoridades y asegura que «hay que admitir que el caso de Jerusalén es especial y que, debido al poder que tienen los dos partidos ultraortodoxos que están en el Gobierno se hace la vista gorda ante espacios pertenecientes a sinagogas que deberían pagar el impuesto y no lo hacen, pero esto solo ocurre aquí, no en el resto de Israel».

El patriarca griego, Teófilo III, el custodio de Tierra Santa, Francesco Patton, y el patriarca armenio, Nourhan Manougian, fueron los encargados de dar la cara el domingo ante las autoridades israelíes. Leyeron ante la puerta del Santo Sepulcro un comunicado en el denunciaron una «campaña sistemática» contra los cristianos y alertaron de que este tipo de medidas hacen peligrar «el delicado tejido de relaciones entre las comunidades cristianas y las autoridades durante décadas». Un duro mensaje que añadió más polémica a la situación que cristianos y musulmanes viven en la ciudad santa tras el malestar provocado por la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de reconocer Jerusalén como capital de Israel, el estado judío.

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