A los 50 años de RTVE, repensemos

"Sobre la televisión", decía un famoso opúsculo de Pierre Bourdieu… Es el momento de repensar algunas ideas sobre la televisión y el model…

"Sobre la televisión", decía un famoso opúsculo de Pierre Bourdieu… Es el momento de repensar algunas ideas sobre la televisión y el modelo de sociedad que compartimos.
 
Sucedió hace tres o cuatro años, en un canal de televisión, de titularidad pública para más señas. Domingo por la mañana, hacia las 13 horas aproximadamente. Mi hijo mayor tenía entonces tres años, habíamos vuelto de pasear por el parque y le puse la televisión mientras preparábamos la comida.
 
Hice zapping hasta encontrar un canal donde estaban programando una serie de dibujos animados. No recuerdo el título, pero sí  recuerdo muy bien lo que vi: el protagonista de la serie, un chico de unos diez o doce años, se siente decepcionado porque la chica de sus sueños apenas le hace caso.  Desesperado y triste, decide acudir al videoclub de su amigo y le pide consejo. "¿Podrías prestarme alguna película romántica  para enamorarla?", le pregunta con ingenuidad.
 
El encargado del videoclub le responde: "Tengo algo mucho mejor para ti",  y saca de debajo del mostrador un lote de películas pornográficas. "Esto es definitivo, seguro que cae, y de paso aprendes la técnica". Nuestro héroe se va a casa con las películas bajo el brazo, llama a sus amigos, preparan palomitas, se sientan ante el televisor y se disponen a contemplar una sesión de cine porno casero.
 
Llegados a este punto, la cámara no enfoca lo que ellos están viendo, sino que nos muestra los rostros atónitos y boquiabiertos de los jóvenes protagonistas de la serie mientras se oyen los quejidos, suspiros y jadeos propios de los encuentros eróticos. 

No pude resistir más y apagué el aparato. Desde luego, mi hijo no entendió nada, aquella serie no le pareció interesante y no creo que le produjera ningún efecto. Pero yo no pude dejar de pensar en la cantidad de niños de 8, 9 ó 10 años que probablemente estarían viendo la televisión en aquel momento, sin la mirada vigilante de sus padres, confiados ante la programación infantil de un canal público a la una de la tarde de un domingo.
 
Meses más tarde tuve ocasión de compartir mesa y cubierto con el director de la cadena en cuestión, por motivos profesionales, y le transmití mi queja y mi estupefacción por el incidente. Me explicó que habían recibido cientos de llamadas y que se trataba de un grave error de programación que no habían podido detectar a tiempo. Era un error, sin duda, pero a la vez representa el paradigma de lo que nunca debiera ofrecer una televisión de calidad.
 
Televisión pública, que sea de calidad
 
Sea como fuere, me viene a la memoria el episodio en estos días en que Televisión Española cumple 50 años. Para mi generación, la televisión, la única que existía, era un referente, un universo, casi un ecosistema de valores, algunos de ellos sin duda equivocados, propios de otra época, ansiosos de libertad, faltos de color. Pero ahora me pregunto qué representa hoy en día la televisión, especialmente la pública, qué valores positivos transmite a nuestros hijos, cuál es su función en nuestra sociedad.
 
Creo, sinceramente, que no deberíamos renunciar a una televisión pública de calidad. No se trata de una utopía. Tal vez eso implique renunciar a la batalla diaria por la audiencia, pero estoy convencido que la calidad siempre obtiene premio, aunque a veces tarde en llegar.
 
Televisión pública es sinónimo de vocación de servicio, de información veraz, de respeto, de entretenimiento digno. Sin renunciar a su función social, la televisión también puede colaborar en la construcción de un mundo más justo, solidario con los más necesitados. Y en la difusión de la cultura, de los diferentes modelos culturales y lingüísticos que compartimos en el Estado español. Al igual que tiene un papel fundamental en la educación de la infancia y la juventud, un papel que debe cumplir con responsabilidad, sin cometer errores del calado del lamentable episodio al que asistí como espectador hace unos años.
 
A los 50 años del nacimiento de TVE tal vez ha llegado el momento de definir, desde el consenso social, los nuevos parámetros de la televisión pública en España.
 

Josep-Manuel Silva Alcalde, abogado y periodista

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