Y ahora Fillon en Francia

Francois Fillon, former French prime minister and member of Les Republicains political party, delivers his speech after partial results in the second round for the French center-right presidential primary election in Paris

Como si siguiera una pauta invisible, Fillon ha ganado en las primarias del centro y la derecha de Francia, y además lo ha hecho con una mayoría contundente, aventajando a los dos favoritos, Sarkozy en la primera vuelta, y Juppé en la definitiva. Lo ha hecho no solo sin esconder su condición de católico, sino planteando la necesidad de recuperar las raíces cristianas de la cultura francesa, negando que el aborto fuera un derecho, cuestionando la adopción por parte de las parejas homosexuales y, sobre todo, ha hecho centro de su política a la familia natural, aquella que ha construido la historia humana y no la que imponen algunos estados; ha ganado presentando temas políticamente muy incorrectos. Y todo eso, en el país teóricamente más laicista de Europa. Los católicos de muchos países, empezando por España, deberían reflexionar, como una Iglesia minoritaria consigue que los valores que dimanan de ella tengan tanta presencia en la vida pública. Hollande y la socialdemocracia europea que se siente en crisis -no es el caso de la alemana- buscaron rápidamente la salida en la ideología Gender y las leyes LGBTI, y como en todos los precedentes, más pronto o más tarde, este camino no les sirvió de nada y facilitó su derrota. Y es que la perspectiva de género es un encantamiento politico letal para la izquierda: da la sensación que con ella son progres, y en realidad, les conduce al abandono de la situación real de los trabajadores y las clases medias. La política Gender es un aliado objetivo de la desigualdad, y quien se sumerge en ella deja descubierto todo un flanco que facilita la victoria del adversario. No es una ley universal, claro, pero se le aproxima.

Ha bastado que Fillon ganara con claridad para que algunos medios y periodistas de este país comenzaran a desprestigiarlo, olvidando la información, y dejándose llevar por su ideología, y es que Fillon incide sobre los temas de la agenda Gender, no con un especial énfasis, pero sí con una claridad a la que sus mal acostumbrados defensores no están  habituados. Todo aquel que se oponga o critique la perspectiva de género y las identidades políticas LGBT, etc. es un peligroso reaccionario, cuando en realidad los colaboradores necesarios del aumento de la desigualdad y la pobreza son ellos. Y así, Fillon, el primer ministro admirado porque moderaba los excesos del presidente Sarkozy, respetado porque aguanto sus desplantes con una actitud prudente y que no despertaba una especial crítica como candidato, se ha convertido en objeto de todas las críticas, de aquellos -y son muchos- que confunden la izquierda con el liberalismo genealógico de la perspectiva de género

Algunos de estos periodistas, incluso inventan fabulas, viven en la postverdad, presentando la idea de que la elección de Fillon es un error porque facilita el renacimiento de la izquierda, cuando las encuestas y la realidad indican todo lo contrario. Los sondeos de opinión posteriores a su elección señalan que ganaría la primera vuelta, mientras que hasta ahora conferían la victoria a Le Pen, y arrollaría en la segunda consiguiendo según las encuestas entre el 65% y el 72% de los votos. La realidad señala que la izquierda vive su crisis con la consiguiente atomización. Valls y Hollande pugnan para ver quién será el candidato, mientras que otros pugnan por esta representación. Melechon con su movimiento y el apoyo comunista, Macron, exministro de Hollande y ahora líder de una nueva fuerza, Montebourg, además de los todavía candidatos de los verdes y de la izquierda comunista.

Si no se impone la sorpresa y Fillon gana, Europa continuará su avance hacia un cambio de época, porque el sistema liberal-Gender nos lleva a la destrucción de la libertad y del estado del bienestar.

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