El alcalde de Alcorcón, la perspectiva de género como práctica chavista

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El chavismo es una dictadura blanda -cada vez menos- cierto, pero real. La ideología de género actúa igual. Persigue la libertad de expresión, discrimina económicamente aquello que sea contrario a sus pretendidos paradigmas, actúa a través de la publicidad constante y por el adoctrinamiento de muchos medios de comunicación. Impera desde legislaciones estatales y autonómicas, que ejercen la discriminación y establecen privilegios. Para el Gender, los hechos no importan si no es para adecuarlos a sus pretendidas verdades. Por eso, deforma la realidad. De esta manera se producen verdaderas brutalidades como en el campo educativo, donde está vetado exigir un cambio que dé respuesta a la triste realidad: que en el actual sistema, la inmensa mayoría de los nini -los jóvenes que ni estudian ni trabajan- son chicos, al igual que sucede con el fracaso escolar. O la razón de por qué no existen políticas públicas que asuman que el hecho de que los hombres vivan menos que las mujeres es una realidad producida por el cambio científico y cultural a inicio del siglo XX y no una realidad inherente a la condición humana. Cuando se habla de la discriminación por género se piensa solo en aquellos campos donde la mujer presenta resultados peores que los hombres, pero nunca a la inversa. Sucede, por ejemplo, con las titulaciones universitarias. Cuando en una de ellas hay pocas mujeres exigen medidas para promocionarla entre ellas, pero cuando la actividad está muy feminizada, como sucede con las ciencias de la salud o derecho, entonces la situación se considera normal. La realidad pura y dura es que entre los 24  y  35 años existen más mujeres tituladas que hombres, en una proporción del 50% al 35%; es la inversa de la sobreabundancia de ninis masculinos.

La intolerancia del Gender ha convertido al no nacido en una entidad indeterminada, en lugar de considerarlo como lo que la ciencia dice que es: un ser humano dependiente, y en nombre de aquella inexistencia se ha establecido su muerte por deseo; no solo por causas objetivas, sino, subrayémoslo, por deseo, como aquello que ahora no es oportuno, como si la vida humana dependiera de la oportunidad. Y la maternidad en un estorbo, porque rompe la trayectoria profesional de la mujer. En un éxtasis liberal, el Gender observa el matrimonio, no como una unidad nueva basada en el compartir un proyecto común, sino en un contrato mercantil entre dos individuos donde lo que importa no es el resultdo en común, sino lo que cada individualidad saca del contrato.

La última operación chavista de género es la caza y derribo del alcalde de Alcorcón, quien tuvo la extraña ocurrencia de utilizar la libertad de expresión para criticar el feminismo y descalificar a muchas de sus seguidoras. Las declaraciones no nos parecen acertadas, entre otras razones porque de feminismos, a diferencia de madres, hay más de uno, y también porque debe rechazarse toda descalificación a las personas. Dicho esto, la libertad de expresión le permite formular lo que dijo y más, y en un país donde políticos, gentes de la vida pública y columnistas dicen en excesivas ocasiones, el nombre del puerco a los “otros”, lo que ha dicho aquel alcalde puede ser desafortunado, pero no se merece el linchamiento de las asociaciones de género, la persecución de las cadenas de televisión de la Cuatro y La Sexta, y el “bobismo” que criminaliza de algunos partidos, con Ciudadanos en una posición destacada. ¿Cómo se puede  convocar una manifestación contra las declaraciones del alcalde? Esto es chantajismo puro y duro al estilo chavista. Este es un país que por su historia resulta muy difícil que nadie sea condenado por un uso inadecuado de la libertad de expresión, porque se considera que pertenece a una categoría superior a otros derechos personales, pero si se meten con la perspectiva de género y sus derivados, entonces hay que acudir a la guillotina social.

Todo esto es una dialéctica que condena al país porque o lo somete por chantaje o genera una dinámica contraria del mismo estilo.  ¿Acaso no se pueden defender los legítimos derechos de la mujer desde la normalidad y el debate?

Claro que sí, lo único que sucede es que la perspectiva de género no  va de eso; mejor dicho, eso es un aspecto secundario. Lo que les importa es liquidar la identidad humana configurada precisamente en torno al hecho de ser hombre y ser mujer,

 

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