Atrapados peligrosamente en la red

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Internet y sus diversas aplicaciones, así como los usos que de ellas hacen las empresas que nos proporcionan servicios, constituyen ya una peligrosa red que nos ha atrapado carente de la regulación adecuada, que condiciona e invade nuestras vidas.

Pensamos la red en términos de libertad, y es cierto que permite una comunicación más fácil y la posibilidad -remota- de llegar a muchas personas que sin ella no alcanzaríamos. El ejemplo de Facebook sirve para ilustrarlo. La mayoría de los que han abierto una página, se hacen la ilusión cuando escriben de que su mensaje llegará a todos sus seguidores. No es así. Aproximadamente solo 30 de cada cien seguidores reciben de forma aleatoria los mensajes. Si se quiere superar esta cifra hay que pagar como si se tratara de una promoción.  Esto significa que, en realidad, el medio está favoreciendo a quienes tengan más recursos: empresas gobiernos, ideologías. A cambio, y además de nuestros pagos, FB recibe de nosotros y de nuestra comunidad una ingente cantidad de datos sobre nuestras preferencias y rechazos. Nunca como hoy los ciudadanos han visto tan invadida su intimidad. Su utilidad es comercial, pero también política, de control ideológico y formateado de mentes, y lo mismo se puede decir de las demás redes sociales, de los buscadores, traductores y diccionarios. Saben más de nosotros que nosotros mismos. Los que rechazan el sacramento de la reconciliación por el prurito de explicar aspectos de su vida al sacerdote, deberían con más motivo salir inmediatamente de toda presencia en la red, incluido el uso de teléfonos inteligentes que informan minuto a minuto y con una aproximación razonable de donde estamos. Si no lo hacen es que prefieren verter al aire sus intimidades que mostrar algunos aspectos a una persona que se ha comprometido al silencio absoluto. Esta es una contradicción que abunda.  Estamos en manos de las grandes empresas, y también del estado, y en la medida en que unas y otro confluyan, el control dejará en juego de niños el Gran Hermano de la novela de George Orwell, 1984.

Pero no es solo eso, la red facilita “vivir” en comunidades cerradas de pensamiento único, donde todos creen en lo mismo. Estos grupos crecen con facilidad porque es tendencia general, leer, escuchar o ver aquello con lo que se está de acuerdo. Esta tendencia tiene un doble efecto. La persona tiende a pensar que “todos” creen en lo mismo, y que el discrepante es una minoría que democráticamente le ha de dejar paso. Por otra parte, aumenta la polarización, porque cada grupo tiende a relacionarse solo con los suyos.

El caso de Cataluña es un ejemplo de libro. Los dirigentes del “Proceso” han aplicado desde hace años una especial atención para ser hegemónicos en la red. El disponer de los recursos que da el gobernar lo ha facilitado. Todo ello ha conducido a un error trágico: confundir el ser muchos, el 40% incluso más, con el ser la inmensa mayoría. Sin entender este espejismo es improbable entender lo que ha sucedido.

En este contexto era cantada la proliferación de falsedades, los perfiles, las páginas “fake” hasta llegar a constituir lo que es hoy: un sistema dedicado a difundir bulos, deformaciones, maledicencias, hechos inventados, que naturalmente condiciona el juicio de las gentes y, por consiguiente, merman su libertad real. La generalización de bots, algoritmos informáticos que toman la apariencia en la red de una persona o un grupo dirigidos a reemitir mensajes o acceder a sites, ha magnificado toda la manipulación y el engaño. Hoy no hay medio de comunicación digital que se precie (aunque no es el caso de ForumLibertas, a pesar de que nos apreciamos un montón) que no tenga un número de bots tan grande como pueda, a su servicio para así multiplica artificialmente su tráfico, el número de visitantes.

Hay una carencia brutal de conciencia y de políticas públicas que permitan salvaguardar a las personas en el espacio digital. También la Iglesia, en el marco de su doctrina social, anda retrasada en este aspecto, y sería un gran bien para todos que le pusiera remedio. Porque todo esto, al amenazar a la libertad, también amenaza a la trasmisión de la fe. De hecho, hoy la Iglesia, por esta causa y como nunca en su historia, se encuentra expuesta a las estrategias de quienes la querrían ver destruida o sumisa a los intereses del mundo.

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One comment

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    Me congratulo en dejar el móvil cuando me conviene, no disponer de Facebook y pasar olímpicamente de Twitter. Solo WhatsApp con personas conocidas y allegadas, con borrados sistemáticos para que no colapsen mi teléfono móvil,

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