¿Aún tenemos derecho a hablar de homosexualidad?

Nosotros, los testigos homosexuales, estamos aprisionados entre los gays friendly que nos acogen solo para que justifiquemos su libertinaje y sus fantasías amorosas asexuadas, y los católicos que consideran o bien que el «amor homosexual» también forma parte del «amor de Dios» o que es pecado

homosexualidad

¡Qué difícil es solo hablar de homosexualidad y explicarla públicamente, sin ser acusado de «traidor», de «homosexual homófobo», por los gays friendly, o al contrario, de «activista LGBT» por los conservadores! ¡Qué rollo es describir simplemente el fenómeno sin despertar el temor o la desconfianza o los pelos en la lengua de los católicos («No solo eres eso»; «No digas ‘homosexualidad’: tú simplemente eres una persona atraída por las personas del mismo sexo, eres un chico con AMS. Eres un varón y un Hijo de Dios: no digas ‘soy homosexual’ y no te resumas a tu atracción sexual»; «Puedes cambiar y sanar de tu herida»; «La homosexualidad, esa no es la cuestión: es la sexualidad, la identidad, lo Humano que prevalece. Lee los trabajos de Richard Cohen, Aline Lizotte, Joseph Nicolosi, y la ‘Teología del Cuerpo’ según Juan Pablo II».), y sin ser instrumentalizado por los activistas «pro-Vida» como una supuesta «víctima homosexual» anti «lobby gay» !

Nosotros, los testigos homosexuales, estamos aprisionados entre los gays friendly que nos acogen solo para que justifiquemos su libertinaje y sus fantasías amorosas asexuadas, y a condición de que nunca analicemos nuestra homosexualidad y de que cerremos la boca, y los católicos que consideran o bien que el «amor homosexual» también forma parte del «amor de Dios» (según el punto de vista de los católicos progresistas) o de lo contrario, que consideran, por purismo fariseo, que el hecho de solo pronunciar la palabra «homosexualidad» y de decir «Soy una persona homosexual» es pecado, justifica la homosexualidad y da malas ideas a los jóvenes!

Incluso cuando uno se siente homosexual desde la infancia (como es mi caso), ¿cuántos requisitos hay que reunir para estar finalmente facultado para hablar de homosexualidad? ¿Hace falta una nota de los padres? ¿Hay que ser necesariamente de izquierdas? ¿o necesariamente de derechas? ¿Se debe enseñar la patita… o la pareja e incluso el anillo? ¿Hay que estar obligatoriamente en una relación o a favor de los «derechos gays»? ¿Hay que ser catedrático y lleno de diplomas? ¿Hay que ser ateo (ya que los creyentes no pueden ser objetivos)? ¿No se puede pronunciar la palabra «homosexualidad» ni decir «nosotros» ni mencionar a sus amigos homosexuales? ¿Hay que presentarse como «ex homosexual»? ¿Hay que aparecer anti-gay o «gay arrepentido» o perfecto o culpable o enfermo o infeliz o abstinente («casto»), u «homo pero no gay»? ¿Es menester proclamarse «fuera del ambiente», despotricar contra el «lobby gay» y presentarlo como una «terrible dictadura»? ¿Hay que hablar necesariamente bien de la homosexualidad (si no, es homofobia) o hablar necesariamente en contra (si no, es pecado y relativismo), o bien no hablar de esta en absoluto (si no, es delación y compromiso con el mundo)? Al final, no tenemos muchas opciones. Si nos atenemos a los promotores tanto como a los oponentes de la homosexualidad, ¡ya no decimos nada!

SÉ BIEN que la palabra « homosexualidad » es una manzana podrida: es una mezcla de griego y de latín, y encima, es un término oximorónico que contiene su propia contradicción (¡dice «mismo» –homo en griego y «otro» –secare en latín- en una misma palabra!). SÉ BIEN que la «homosexualidad» es un término borroso que se refiere a realidades totalmente distintas y que, si no se aclara, esas 5 realidades a las que remite (1) la atracción erótica por el mismo sexo; 2) la persona que la siente; 3) el acto homosexual; 4) la pareja-acto; 5) la pareja-personas, ¡esto conduce a una gran confusión y a conflictos sociales profundos! ¡SÉ BIEN que no soy mi orientación sexual, que mi sexualidad puede evolucionar, y que soy ante todo un hombre y un Hijo de Dios!

¡Pero, el deseo homosexual existe, caramba! Nos guste o no, y aunque no sea esencial, éste a veces influye fuertemente en nuestra identidad, en nuestros actos humanos y en nuestra relación con Dios. Y por hoy, nos guste o no, ¡la creencia en la «identidad homosexual» y en el «amor homosexual» y su impacto en las palabras, la vida de la gente, los medios de comunicación, la política, la economía e incluso la Iglesia, es concreto y cada vez más apremiante! ¿Qué hacemos con todo esto, con la influencia de la homosexualidad en el terreno de las creencias, de las emociones y de los actos que generan?

Hasta que nuestros contemporáneos –especialmente los católicos– desprecien las palabras de la neolengua (homosexualidad-heterosexualidad-homofobia), hasta que desprecien/teman a su época, ignoren los razonamientos intelectuales y las lógicas emocionales, de creencia, y amorosas de las masas, hasta que ellos consideren que el uso de los términos «homosexualidad», «heterosexualidad», «homofobia» y «transfobia» equivale a pactar con el mal y a entrar en el juego que denuncian, no avanzaremos. No entenderán ni acogerán el sentido profundo de la sexualidad y de la Iglesia. Sin embargo, es totalmente posible e incluso beneficioso hablar del gran fenómeno social que se ha vuelto la homosexualidad sin justificarla para nada y sin adoctrinar a nadie. Por el contrario: al tratarla bien es como nos relacionaremos verdaderamente con los demás y nos uniremos a los corazones.

El problema no es abordar (incluso con los jóvenes) el tema de la homosexualidad o de la homofobia, sino el cómo se aborda. Si no justificamos ninguna «identidad» homo o ningún «amor» homo, si salimos del juicio de las personas y del insulto para atenernos a los actos, no hay ningún problema en hablar abiertamente de homosexualidad. Es más: nuestros jóvenes tienen ansias de entender lo que se les presenta como «amor», «sexualidad», «identidad», «diversidad», «banalidad» o por el contrario como «discriminación» y como «mal». Si no coincidimos con sus palabras y sus creencias, van a pensar que la Iglesia no les ama, que Ella está desconectada de las realidades de su tiempo y de la gente, que no escucha y no les acoge.

Mientras los católicos opinen que lo más importante consiste en «decir la verdad estricta» y «tener razón», y no en amar, en anunciar la Verdad-Caridad, en considerar la verdad tal como la gente se la cree comúnmente verdadera, en acoger a las personas y unirse a ellas mediante sus propias palabras, ellos seguirán actuando como fariseos intelectualistas o provocadores (véanse el reciente caso del autobús), empleando métodos del mundo y argumentos del mundo («la libertad de expresión», «la ideología», «la igualdad», «el derecho a todo», etc.).

Por lo tanto, para inaugurar mi primer artículo en Forum Libertas, quería insistir en el hecho de que yo no defiendo la «libertad» en sí, la «libertad de expresión» (expresión horrorosa: además, ¿quién es «Expresión»?) ni una verdad académica, seca. La única libertad que me interesa es la libertad de Jesús, es decir, la libertad arraigada en Su Verdad.

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2 Comments

  1. 1

    Yo considero que ambas cosas son importantes. Buscar y exponer la verdad, y el amor puro y sin condiciones. Por supuesto que no todo es intelectualismo y querer tener la razón, siempre hay que amar incondicionalmente ya que al final eso es la esencia última de todo. Pero no se puede negar que el esfuerzo de distinguir lo verdadero y lo falso también es necesario. Ser crítico -sin juzgar, y criticándose uno mismo también- es parte del hecho de amar.

    Mi experiencia y la de muchos otros parece confirmar cada vez más que la homosexualidad es fruto de experiencias traumáticas tempranas, de modelos familiares que producen una “desmasculinización” (no es que seáis “homosexuales” desde pequeños, es que desde pequeños os sentíais “diferentes”, tratados incorrectamente, lo que luego derivó en fantasías homosexuales). Desde esta óptica se entiende que penséis que la sociedad os ha herido, que os debe algo. Dando en parte la razón a los activistas gays aunque no sea exactamente como ellos dicen (para ellos “se nace así” y es simplemente el prejuicio social lo que causa la herida) sino algo más íntimo, inserto en la historia familiar y personal.

    Ciertamente muchas personas católicas no entienden esto, limitándose a negar que la homosexualidad sea buena y natural. Y es cierto pero hay que ir más allá. Hay que comprender el alma herida que subyace. No hay que justificar la inclinación como si fuera normal pero hay que amar siempre a la persona ya que al fin y al cabo pudo ser la falta de amor precisamente la raíz del problema (es un círculo).

    Acompañar es tan importante como “racionalizar” (aunque esto no debe abandonarse tampoco).

  2. 2

    Tenemos la mentalidad mundana demasiado metida en nuestra cabeza tanto dentro como fuera de la Iglesia.
    Y somos muy dogmáticos tanto dentro como fuera.
    Yo soy católica y consagrada en el Ordo Virginum.
    Intento entender lo que explicas. Pero tampoco me culpes si no lo entiendo todo bien todavía.
    Tengo pocos amigos homosexuales (que yo sepa).
    Uno se convirtió tras divorciarse de un hombre y está tratando de cambiar su vida… y dice que tiene AMS… con el que puedo hablar con libertad.
    El otro es un compañero de trabajo afiliado a Podemos donde lo único que hemos hablado al respecto ha sido que en la marcha del día del orgullo gay había pagado 40 euros por subirse a una carroza del COGAM. Y que cierta ong evangélica era homofoba… (En realidad lo ha hablado todo él)… quizá tiene el prejuicio de que soy católica y estoy consagrada…
    Solemos hablar de otras cosas y es un excelente compañero.

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