Camino, de Javier Fesser, no es un homenaje sino un abuso

El realizador de cine de “El milagro de P. Tinto” y “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” Javier Fesser, presentó el jueves en el Festival de San …

El realizador de cine de “El milagro de P. Tinto” y “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” Javier Fesser, presentó el jueves en el Festival de San Sebastián la película “Camino” como un supuesto homenaje a la niña Alexia González-Barros, fallecida en 1985 a causa de un cáncer, cuando en realidad se trata de un film “opuesto frontalmente a cuanto Alexia encarna”, según la asociación que impulsa su causa de beatificación (ver www.alexiagb.org ).

 

El director ha utilizado el sufrimiento de esta niña y el de su familia, vinculada al Opus Dei, que ya ha dejado claro que la película ofrece una visión de la Obra “muy alejada de la realidad” y “deforma temas esenciales como las actitudes y sentimientos que mueven a quienes forman parte de esta realidad de la Iglesia”.

 

El film que concursa en el Festival de San Sebastián narra los últimos cuatro meses de la vida de una niña llamada Camino, igual que uno de los libros más conocidos del fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá de Balaguer. “Camino” muestra la particular visión de Fesser sobre la manera de enfrentar el sufrimiento desde la fe y su perplejidad (cuando no hostilidad) ante el concepto mismo de entrega y sacrificio.

 

La niña real no es la de Fesser

 

La verdadera Alexia González-Barros nació en Madrid el 7 de marzo de 1971. Era la hija menor de siete hermanos, dos de los cuales habían fallecido antes de que ella naciera. Poco antes de cumplir los 14 años, le diagnosticaron un tumor maligno que la dejó paralítica en muy poco tiempo. Sufrió cuatro operaciones y dolorosos tratamientos durante diez meses hasta su muerte, en Pamplona.

 

Desde el primer momento aceptó su enfermedad y ofreció su sufrimiento y limitaciones físicas por la Iglesia, por el Papa y por los demás. Con frecuencia rezaba: “Jesús, yo quiero ponerme buena, quiero curarme; pero si Tú no quieres, yo quiero lo que Tú quieras”. 

 

 


La santidad de los niños desconcierta a los adultos: otros casos

Tenía 9 años María del Carmen González-Valerio, cuando agonizaba hacia 1939 en Madrid. Desde su primera comunión, a los 6 años, tiene una espiritualidad especial. En el 36 unos milicianos comunistas han matado a su padre. Hace todo tipo de oraciones y buenas obras para Dios. Le da sermones a su madre para que no arregle la casa porque "mamá, tu casa es el cielo; cuando vas de viaje y pasas la noche en un hotel no te preocupas de adornar el cuarto ni pones la foto de papá. Es que una noche se pasa de cualquier modo. Pues, mira, mamá, así es la vida, así es como estamos en este mundo". En su cuaderno escribe «Me entregé (sic) a Dios en la parroquia del Buen Pastor, 6 de abril 1939».
 
En su lecho de enferma (desde el 6 de abril de 1939) pregunta por Azaña, el presidente de la República, para ella símbolo de la persecución religiosa de los que asesinaron a su padre. "Mamá, ¿Azaña se salvará?" "-Si haces penitencia y rezas por él, sí, se salvará". A veces le dice a su tía: "Tía Fifa, recemos por papá y por todos los que lo han matado". Muere el 17 de julio de 1939. El 3 de noviembre de 1940, Azaña muere en Montauban (Francia). Según el testimonio escrito de Monseñor Théas, obispo de la diócesis, que asistió a Azaña en esos momentos, se confesó, recibió la Extremaunción y la Indulgencia Plenaria. Murió esperando ver a Dios. Nunca supo en vida de la existencia de esta niña de nueve años que había orado y sufrido por él. Hoy, la pequeña Mari Carmen de Madrid es ya la venerable Maria del Carmen González-Valerio.

 

Otra niña madrileña, como Mari Carmen y Alexia, es la sierva de dios Pilina Cimadevilla López-Dóriga. También para esta última la Primera Comunión es una transformación espiritual. Muere a los 10 años tras nueve meses de luchar contra la enfermedad de Hodgkin. Se quejaba poco, ofrecía en oración sus dolores por las misiones. Médicos, sacerdotes y enfermeras estaban asombrados de su entereza.

En Francia está la pequeña Anne de Guigne ( www.annedeguigne.fr ), asombrosa por su santidad de lo cotidiano. En Francia hace pocos años ha nacido una asociación para promover la santidad de los niños, para muchos la más gratuita, la más sobrenatural y la más transparente. Se llama Enfance et Sainteté ( http://www.enfanceetsaintete.org ) e insisten en que la santidad es algo de la vida común de cada día, no sólo de mártires en guerra o de grandes viajeros, fundadores y predicadores.

En Italia se postula la santidad de Antonietta Meo, Nennolina, ( www.nennolina.it ; en español http://www.aciprensa.com/vejemplares/nennolina.htm ). Su fortaleza en una enfermedad terrible provoca la conversión del cirujano que la atendía cuando ella murió a los 7 años.

 

 

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