Cardenal Amato: persecución y martirios en España son “holocausto católico”

Amato en la beatificación de Girona. Társila Córdoba, la mártir que mendigaba para dar a otros más pobres y llevaba comida al que la mandó ejecutar

El domingo, tras el rezo del Regina Coeli, el papa Francisco pidió a los fieles invocar por que el martirio de los seis misioneros del Sagrado Corazón beatificados en Girona el día anterior “suscite en la Iglesia el deseo de dar con fortaleza testimonio del Evangelio de la Caridad“. En la homilía de la beatificación, el sábado 7 de mayo en Girona, el cardenal Angelo Amato se refirió a la persecución y los martirios sucedidos durante la Revolución y Guerra Civil Española como a un “holocausto católico”.

Cinco mártires del siglo XX en España nacieron un 8 de mayo: un lasaliano burgalés y otro palentino, un capuchino leonés, un operario diocesano de Toledo y una laica valenciana, viuda y madre de tres hijos fallecidos.

En la homilía de la beatificación de los siete misioneros del Sagrado Corazón en Girona, el cardenal Amato afirmó que la persecución contra la Iglesia en el siglo XX en España constituyó un auténtico “holocausto católico” (leer en Religión en Libertad y en Diari de Girona):

La palabra de Jesús es una palabra de amor y no de odio. En todas las partes de la tierra, ayer como hoy, el odio contra la Iglesia hace estragos en personas indefensas e inocentes, solo porque son cristianas. La sociedad humana no tiene necesidad de odio, sino de amor. Es el amor su ancla de salvación. Es la misteriosa fuerza del amor la que hace vivir y crecer a la humanidad en la paz y en la concordia. Este suceso nos hace revivir una página trágica de la historia de España, pero también una página de heroísmo cristiano. En los años treinta del siglo pasado estalló una violenta y devastadora persecución contra la Iglesia. Los católicos fueron objeto de una discriminación arbitraria e intolerante. Se prohibió el crucifijo en las escuelas, se suprimieron las congregaciones religiosas y se confiscaron sus bienes, se destruyeron edificios e iglesias, se incendiaron tesoros inestimables de espacios sacros, herencia del ingenio artístico de los siglos pasados. Por donde pasaban los milicianos, dejaban cadáveres y ruinas. Por primera vez en la historia de España, pareció prevalecer la falsa ideología de que la Iglesia fuese un peligro y no, en cambio, un precioso recurso social y cultural para el desarrollo de una nación. Se programó su eliminación no solo jurídica, sino física, matando sin piedad a obispos, sacerdotes y laicos. Se vivió un verdadero holocausto católico.

Ya el 3 de octubre de 2015, en la beatificación de cistercienses en Santander, Amato había hablado de “holocausto cristiano” (minuto 4.18):

Los mártires nacidos un 8 de mayo
Miguel Solas del Val (hermano Anselmo Pablo de las Escuelas Cristianas), de 46 años y natural de Briviesca (Burgos), fue asesinado el 30 de julio de 1936 en la madrileña Casa de Campo, y beatificado en 2013. Es uno de los mártires del grupo llamado de la Editorial Bruño (ver artículo del 21 de enero).

Miguel Francisco González-Díez González-Núñez (padre Andrés de Palazuelo), de 53 años y oriundo de Palazuelo de Torío (León), fue asesinado en la madrileña Pradera de San Isidro el 31 de julio de 1936 y beatificado en 2013. Fue el primer mártir de su orden en la guerra. En 1923 había escrito un estudio sobre los “sucesos de Limpias” (supuestas apariciones) y en 1931 unos apuntes para la historia de los capuchinos de Castilla.

Miguel Amaro Rodríguez, sacerdote operario diocesano de 53 años y natural de El Romeral (Toledo), fue asesinado en Toledo el 2 de agosto de 1936 y beatificado en 2013. Aquí pueden verse abundantes datos biográficos.

Isidro Muñoz Antolín (hermano Ladislao Luis de las Escuelas Cristianas), de 20 años y natural de Arconada (Palencia), fue asesinado en Valdepeñas (Ciudad Real) y beatificado en 2007 (ver artículo del 24 de enero).

La viuda que mendigaba para dar a otros más pobres

Társila Córdoba Belda
, de 75 años y oriunda de Sollana (Valencia), fue asesinada el 17 de octubre de 1936 en Algemesí (Valencia) y beatificada en 2001. Casó en 1884 con Vicente Girona Gozalbo, labrador, que murió en 1922 tras largos años de enfermedad mental, por lo que ella tenía que hacer las labores de labranza. También murieron tres de sus hijos relativamente jóvenes. Socorría a los pobres a través de las Conferencias de San Vicente de Paúl, llegando en ocasiones a dar las sábanas de su casa y dormir sin ellas y mendigando limosnas por las casas, para entregárselas a los más necesitados. Llevaba comida a los pobres, e incluso se la llevó a la mujer del jefe del comité que más tarde ordenaría su ejecución. Era de misa diaria, del Apostolado de la Oración y cofrade de Nuestra Señora del Rosario. El 22 de julio de 1936, cuando fue destruido eltemplo parroquial, se la vio llorar en diversas ocasiones, prueba de lo mucho que amaba a su parroquia. El comité de Sollana ordenó su detención el 10 de octubre y la tuvo en el convento de Mercedarios convertido en prisión hasta el día 16. Dio ejemplo de resignación y al ser trasladada junto con otros 27 detenidos a las tapias del cementerio de Algemesí les exhortó a confiar en Dios, que les recompensaría en la vida eterna.

Como puede verse en la imagen, la documentación de la Causa general (legajo 1370, expediente 1, folio 8) fecha el 10 de octubre el asesinato de 25 personas, entre las que se cuenta Társila Córdoba, asegurando que en él “tomaron parte milicianos desconocidos, seguramente de Sollana, pueblo natal de los asesinados, y los vecinos de esta localidad José Puchades Ferrer y José Torres Ripoll”, fugados, más Teodoro Gimeno Sanchis, Joaquín Castany Miravalls y Ramón Tortosa Mahiques, detenidos.

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