Carta a Stephen Hawking

Escribo con ilusión esta carta convencido de que te llegará a tu nueva casa del Cielo o cuando estés camino hacia él, a pesar de que no creías que existiera

Estimado Stephen:

Escribo con ilusión esta carta convencido de que te llegará a tu nueva casa del Cielo o cuando estés camino hacia él, a pesar de que no creías que existiera. La misericordia de Dios es infinita, y el correo postal funciona de maravilla en aquellos lugares, con carteros muy intuitivos aunque a veces hayamos escrito algún error en la dirección del sobre o del correo electrónico.

Quiero decirte en primer lugar que he rezado por ti. Siempre me impactó tu vida. Te han comparado con Einstein. Sé que tu mente era potente, muy superior a la que tenemos la mayoría de los restantes mortales, y resultaba especialmente impactante que siguieras investigando y creando tanto desde un cuerpo tan frágil.

Me admiraba tu capacidad de esfuerzo, tu tenacidad, tu ingenio. En situaciones similares a la tuya, con un cuerpo tan maltrecho, casi todos hubiéramos “tirado la toalla”, pero tú te mantuviste trabajando hasta el final, luchando y siempre activo. Quedo perplejo incluso de tu capacidad de ser estrella mediática, nada habitual entre científicos.

Mientras te he admirado en aquello, te digo sinceramente que no me producen ni frío ni calor los posibles y grandes descubrimientos que se te atribuyen. Dicen que son muy importantes para la interpretación del origen del Universo. Por supuesto no lo discuto. No tengo ni idea. No entiendo nada de agujeros negros, ni de la “teoría del todo”. Tampoco discuto la teoría del big bang, algo más longeva. No tengo especial afición por tales temas de la Astrofísica, pero creo que en no aplaudir aquellas teorías me influye más un cierto escepticismo, que va creciendo con los años. He visto como teorías formuladas sobre diversas cosas se difundían y eran aplaudidas como la interpretación “definitiva” de algo, y al cabo de 10, 20 o 30 años salía otra teoría desmintiéndola totalmente, convertida ahora en el nuevo paradigma que todo lo clarificaba, el cual un tiempo más tarde era a su vez desmentido y sustituido, en una eterna provisionalidad de interpretación de la realidad.

Te encuentro también fallos. He leído que tu primera mujer, Jane, te alentó y te cuidó cuando aún no eras famoso. En el año 1985, en Suiza, los médicos solicitaron autorización a tu esposa para desconectar el respirador artificial a raíz de una neumonía, pero ella, movida por sus principios cristianos, se negó. Te salvó la vida. Luego, te burlabas de sus creencias y te separaste de ella.

Te convertiste en un icono del ateísmo. Te respeto, pero como soy creyente me da pena. No juzgo tu conciencia, aunque piense que ha sido una lástima que una mente preclara no abriera horizontes espirituales a muchos otros científicos. No sé si pediste fe a Dios, que te ayudara a ver.

¿Sabes qué me pasa? Que doy por seguro que los temas sobre los que investigabas y trazabas teorías son muy importantes, y es bueno estudiarlos y destinar recursos, pero tengo el convencimiento que las preguntas fundamentales del ser humano siguen siendo las eternas: “¿Quién soy?, “¿De dónde vengo?, ¿Adónde voy? ¿Qué hay detrás de la muerte?…

Tener respuestas a ello es lo decisivo. Paradójicamente, ¡los juegos de dados de Dios!, para responderlas no se necesita tanta inteligencia. Porque quienes captan el Dios al que tu no vislumbrabas son los sencillos de corazón. Cristo dirá que son los que se hacen como niños. Estos piden con sencillez. Tiene la gran ventaja de que es asequible a todos, seamos más o menos inteligentes.

Mira, también estuve cavilando en las dimensiones de la inteligencia. Supongamos que el nivel de los que somos de inteligencia media sea 100. Tú seguramente tendrías nivel 1.000. Mucho más que los demás. Nos dabas muchas vueltas. Pero, tú que eras matemático, sabes mejor que los demás que la distancia hasta el Infinito, que es la sabiduría de Dios, es la misma para el que tiene 10, 100 o 1.000. Distancia infinita.

He reflexionado también en que es importante darse cuenta del valor del misterio. El que piense que con su mente podrá captarlo todo se equivoca. No pasará de conocer una brizna. A partir de ahí he recuperado unas palabras de San Josemaría que tenía anotadas, referidas a otros aspectos de la vida cristiana, pero que nos pueden servir: “Necesitamos ahondar el misterio por la fe. Para esto nos hacen falta las disposiciones humildes del alma cristiana: no querer reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos, a nuestras explicaciones humanas, sin comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres”.

Con cariño, deseando que ahora hayas descubierto la grandeza y la misericordia de Dios y estés muy bien acogido, te enví un abrazo y te pido que desde allí des luz “de verdad” a muchos científicos.

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3 Comments

  1. 1

    Vamos Daniel, todo lo tuyo son suposiciones que, como siempre no conducen a nada. Admite que es por pereza mental, por no poner a funcionar tu dotacion neoronal, y permitir que otros, los asi autodenominados revelados te expongan lo que hay que creer. No has descubierto nada novedoso en cuanto a la sustitución de una teoria por otra, eso es lo mas normal en ciencia, es como un relevamiento generacional, hay nuevas pruebas, se llevan a cabo nuevos experimentos, todo eso hilado con nuevas visiones del mundo. Pareciera que nunca estamos contentos con poco. Quiza ese sea el sentido de la rebeldia del paraico, donde quitamos una solo frutita al arbol del conocimiento para poder lograr autoconciencia. Imaginate que nos hubieramos comido todas las frutitas¡¡¡

  2. 2

    Magnífico artículo que pone en su justo lugar a SH. En efecto, se quiera reconocer o no, la ciencia, tan mitificada, va dando bandazos y palos de ciego. En la presentación de su último libro, recuerdo perfectamente que SH dijo que “Dios no existe, lo que hay son unas leyes que lo rigen todo”. Y yo, que soy un ignorante en temas científicos (y en otros muchos), me quedé con las ganas de preguntarle: ¿Y quién ha puesto esas leyes que lo rigen todo?. El científico actual que se pone a explicar el origen del universo topa necesariamente con dos contradicciones: O bien dice que todo salió de la nada, afirmación que debe repugnar a cualquier racionalista, porque es obvio que de la nada no puede salir nada, o bien que todo ya estaba ahí, eternamente, afirmación que debe resistir la pregunta: ¿Y quién lo puso ahí?. Por mi parte me quedo con una sencilla explicación: Gn 1, 1

  3. 3

    No esta demostrado ni el movimiento de la Tierra, ver los videos de Robert Sungenis y os convencerèis sinó os tapáis los ojos con una venda. Referente al termino “demostrar” el mismo Jesucristo demostraba con sus milagros que era el Hijo de Dios y lo perseguían a muerte. La cuestión problemàtica no es “demostrar” porque quien no quiere ver y se tapa virtualmente los ojos tampoco vera nada, la cuestión es que los contertulios acepten la demostración. A Jesucristo sus enemigos no le aceptaron las demostraciones, de esto se trata: Aceptación, o no aceptación.

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