El centenario del fusilamiento de Dios

Dios

Quizás el titular extrañe a más de uno, pero lo cierto es que el año próximo se dará una conmemoración muy singular: los cien años del fusilamiento de Dios. Sucedió en Rusia, mejor dicho, en la república de los sóviets que se convertiría en la URSS. Allí y en aquel tiempo se decidió juzgar y fusilar a Dios, concretamente en enero de 1918, no como algo simbólico, sino bien real. El juicio aconteció, fue rápido, y la condena fue por genocidio y la pena el fusilamiento -ahorcarlo les debió parecer demasiado difícil. Y así sucedió. A la mañana siguiente un pelotón de fusilamiento disparó al cielo de Moscú. De esta manera, se consumó la sentencia.

Los años han pasado. Dios sigue como siempre, claro, y sus seguidores, los cristianos, también después de décadas de persecución, asesinato, prisión y finalmente discriminación, bien vivos en Rusia, de manera que ya son un tercio de la población, tres veces más que quienes se declaran ateos. Quienes “fusilaron” a Dios y sus compañeros crían malvas, la mayoría con vidas más bien cortas, por lo agitado de la época. En realidad, como es público y notorio el gran genocidio lo cometió el autor del juicio, el estado soviético, primero Lenin y después a gran escala Stalin. Fueron 20 millones las personas asesinadas por aquel régimen, según los datos del Libro Negro del Comunismo.  Además de tantos asesinatos, se produjeron atentados masivos contra los más elementales derechos de las personas, como la liquidación y deportación de los cosacos del Don en 1920; el uso del sistema de campos de concentración del Gulag en el periodo entre 1918 y 1930; la Gran Purga de 1937-1938; la deportación de los kulaks de 1930 a 1932; la muerte de seis millones de ucranianos (Holodomor) durante la hambruna de 1932-1933; la deportación de personas provenientes de Polonia, Ucrania, los países bálticos, Moldavia y Besarabia entre 1939 y 1941 y luego entre 1944 y 1945; la deportación de los alemanes del Volga en 1941; la deportación y abandono de los tártaros de Crimea en 1943; de los chechenos en 1944 y de los ingusetios en 1944.

La conclusión de aquella locura histórica podría ser esta: Cuando se “mata” a Dios, cuando el vínculo con Él desaparece, surge como una explosión todo el odio y todo el mal que puede cometer el hombre, y esto es así porque Dios es amor.

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2 Comments

  1. 1

    Pregunto si eso de matar a Dios, fue cierto?. En la guerra del 36/39 se hizo igual en algún sagrario. Como lo hizo el comunismo, es bien oculto

  2. 2

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