El chocolate contribuye a reducir la fatiga

chocolate

Tras numerosas polémicas contrarias a su introducción, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII el chocolate empezó a formar parte de la alimentación conventual por ser una comida muy sabrosa y nutritiva, elaborada a partir de la combinación de cacao y azúcar molidos, donde se suelen añadir, a modo de aromatizantes, vainilla y canela. El cacao (llat., Theobroma cacao) es un pequeño árbol originario del trópico americano con hojas persistentes que tiene unas flores rojas productoras de una fruta de la medida de un palmo, aproximadamente, repletas  de numerosas simientes. Justamente, estas simientes o semillas del cacao, tostadas y parcialmente fermentadas, forman la parte más importante del chocolate.

Estudios recientes han puesto de relieve que el chocolate reduce la fatiga, mejora el rendimiento físico y, sobre todo, favorece la concentración y la memoria gracias a su contenido de flavonoides y, en este sentido, el chocolate amargo es mucho más beneficioso para el organismo. Hay una gran diversidad de formas de preparar el chocolate, pero fue en la ciudad de Barcelona donde los chocolateros lograron  un gran prestigio, puesto que existió una manera propia de fabricarlo a la piedra. Este chocolate de Barcelona (con denominación de origen), fue muy apreciado por las familias acomodadas en todo Europa. Los antiguos frailes solían decir, a modo de refrán que “¡chocolate y sopa hervida, alargan la vida!”.

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