Compromiso contra la indiferencia

Hay demasiados silencios ante las injusticias Hay demasiados silencios ante las injusticias

Parece que el compromiso social está devaluado. Hay poca predicación en favor del compromiso y mucha exaltación del refugio hedonista de la individualidad. El yo vence la partida y el desinterés generoso y constante invade la sociedad. El individuo sólo sale de su zona de confort individual movilizado para grandes campañas mediáticas que pretenden conmover ante crisis de humanidad. Un día son los refugiados deambulando por Europa, el otro los damnificados de un desastre natural, más adelante, cuando las fiestas navideñas asoman las maratones solidarias, hacen rascarse el bolsillo y las colectas de alimentos nos recuerdan que en nuestra sociedad hay gente que pasa hambre. ¿Qué pasa el resto de días?, ¿no es necesaria la compasión ante el dolor de los demás? ¿No hay que invertir esfuerzos personales para aliviar el sufrimiento de los demás? ¿El sufrimiento de los demás nos deja indiferentes?

Hay demasiados silencios ante las injusticias. La indiferencia es demasiado grande o se delega la solidaridad. Algunas personas piensan que ya no es tiempo de comprometerse. Decía Caballero Bonal que escribe para defenderse de las ofensas de la vida. Es cierto, hay que pasar por la vida defendiendo algo, denunciando las injusticias. No puede haber indiferencia sostenida. Como tampoco puede haber silencio ante la complacencia con las injusticias vengan de donde vengan. No podemos ser sumisos, obedientes, complacientes, gregarios o hipócritas ante el dolor de los demás. Hemos de sabernos conmover ante el sufrimiento de la humanidad y actuar en favor de hacer este mundo más justo.

La indignación es, junto con la compasión, virtudes que justifican la acción política. La política es una respuesta moral ante las injusticias del mundo. Por eso la búsqueda de la justicia debería ser el motor del compromiso político. Lo más puro de las tradiciones religiosas, por ejemplo, identifica la compasión como el impulso moral y ético de los buenos gobernantes. Los salmos identifican al buen rey como la persona que dicta sentencias justas, que hace el bien y se preocupa por las viudas y los huérfanos o que levanta del polvo al desvalido. La política debería ser la extensión práctica de esta exigencia moral de luchar por la justicia.

Hazte socio

También te puede gustar