Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor.

Con este título -que define ya todo un propósito- los obispos de la Tarraconense han hecho público un texto que constituye una llamada a la evangeliza…

Forum Libertas

Con este título -que define ya todo un propósito- los obispos de la Tarraconense han hecho público un texto que constituye una llamada a la evangelización expresada en un lenguaje que busca con insistencia el no molestar a nadie.

Es un texto que proclama el impulso a la propia Iglesia de Cataluña hacia el fin que sus pastores anuncian y que tanto recuerda a lo que reclamaba Juan Pablo II, la Nueva Evangelización.

Buscando un desarrollo ponderado, quizás con el objetivo de que no sea acusado de presentar bajo tintes sombríos nuestro tiempo, el texto intenta señalar los signos positivos que pueden observarse. La cuestión es que solo acaba citando uno, el de la solidaridad lo que resulta más bien un bagaje escaso, cuando además este bien colectivo es señalado por los indicadores sociales como en estado de crisis.

Existe evidentemente una solidaridad “instantánea” aquella que puede efectuarse a través de un acto sin mayor compromiso. Las telemaratones benéficas son un ejemplo, pero cada vez cuesta más encontrar voluntarios, sobre todo jóvenes, para las ONG que se dedican a la solidaridad.

En realidad todas las entidades sociales, excepto las que se dedican al deporte y al ocio, sufren esta crisis de adscripción, de compromiso. Por otra parte la solidaridad que se produce no solo es leve y evanescente, sino que cada vez se parece más a aquello antaño tan criticado de la beneficencia, de la mal llamada o mal entendida caridad parroquial.

Quizás se hubiera podido buscar con mayor empeño otros rasgos distintivos de esta época más claros y característicos, como son la búsqueda de la autenticidad, o el sentido de la paz, para citar dos ejemplos.

Pero lo que llama más la atención, por causas puramente circunstanciales, es que en la breve descripción histórica que realizan se pasa directamente del siglo XIX al año 1985. Se obvia prácticamente todo el siglo XX, el de calendario y el real, el que empieza con la I Guerra Mundial y termina con la caída del muro de Berlín en 1989.

El que esta omisión se produzca a pesar de que en ella se produce una gran actividad de la Iglesia en Cataluña -sobre todo antes de la Guerra Civil y, después de ella en los años 60 y 70- y que sea el período donde se da la gran persecución de los católicos, que en Cataluña alcanzó niveles extraordinarios, no puede menos de sorprenderte, sobre todo por los datos circunstanciales a los que me refería.

El primero, el anuncio de la beatificación de 489 mártires que corresponden a los años 1934, y 1936-37. El documento de la Tarraconense debía de haber recogido en alguna medida todo esto. Curiosamente ha sido un político, Duran i Lleida quien criticando el modo sectario como el gobierno entiende la memoria histórica, exigía el recordatorio de todas las personas que habían sido asesinadas por la única razón de ser católicos.

Finalmente, tercer dato circunstancial, el silencio sobre este punto contrasta con la ofensiva desde la Generalitat en su particular visión de aquella memoria histórica que intenta presentar a muchos de los que fueron perseguidores como héroes democráticos.

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