Crisis. Otro enfoque

¿Recuerdan aquel film marxista tan genial, cuando Groucho, Harpo y Chico viajan al Oeste? El ferrocarril llega a su destino, pero solo la m&aac…

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¿Recuerdan aquel film marxista tan genial, cuando Groucho, Harpo y Chico viajan al Oeste? El ferrocarril llega a su destino, pero solo la máquina, los vagones han sido consumidos como combustible al grito de ¡Más madera! Es el mismo grito de guerra que caracteriza la política económica del presidente del Gobierno. Lo malo es que en los vagones vamos nosotros.

Según el vicepresidente Solbes, el próximo año el déficit público bordeará el 6%. O sea será mayor. Esto significa que el Gobierno ha quemado todo su margen de maniobra. Si no funcionan las medidas adoptadas poco se podrá hacer. Y no funcionarán porque no están pensadas para superar la crisis, sino concebidas por la lógica del “¡Más madera”.
Hace pocos días, el profesor de la Universidad de Columbia y de la Pompeu Fabra de Barcelona, Sala i Martín, formulaba en un artículo la pregunta debida, que ni el Gobierno, ni los partidos de oposición, contestan: “Acabado el boom de la construcción ¿qué producirá España?”. Es decir, ¿qué otros sectores, actividades, tomarán su relevo?

Nuestro mal específico es que con los actuales planteamientos la única respuesta ahora posible es que ninguno, hasta que el paro sea tan grande y el descenso del nivel de vida tan marcado que permitan recuperar vía depauperación social aquello de lo que carecemos: productividad y competitividad. Una menor inflación ayudará, pero por si sola no basta.

Este es el futuro a medio plazo si no ganamos aquella capacidad competitiva y productiva por otras vías. Y esto es precisamente lo que no hace el llamado “Plan E” del presidente Rodríguez, que es más bien un “border plan”. Incorpora, además dos graves errores:
  1. Creer que la actuación del Estado va a sacarnos del agujero, con independencia de las condiciones en que se encuentre el sector privado
  2. Considerar que toda inversión pública posee el mágico efecto multiplicador de las buenas políticas keynesianas, resultado que, obviamente, no alcanzarán la mayoría de obras municipales realizadas por vía de urgencia y que consumirán ocho mil millones de euros.
Para mejorar la productividad y competitividad a corto plazo –lo más urgente y difícil- son necesarias tres grandes medidas:
  1. Reducir los costes del trabajo, disminuyendo substancialmente la cuota de la Seguridad Social. Esto por si solo frenaría el desempleo
  2. Facilitar la liquidez a las empresas de manera rápida y masiva. Y si la banca no puede con esta función, el crédito público debe ocupar su lugar. Keynesianismo también quiere decir intervenir el crédito
  3. Liberalizar la oferta, desburocratizar y facilitar la flexibilidad del trabajo, que no significa desproteger a las personas sino permitir los ajustes para que la empresa y su empleo puedan continuar en mejores condiciones.
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