Crónicas de Narnia 3: El caballo y el muchacho, por C. S. Lewis

Shasta es un muchacho pobre e inculto de un pueblucho pescador que escapa de casa cuando descubre que el hombre que creía su padre no es tal y que pla…

Shasta es un muchacho pobre e inculto de un pueblucho pescador que escapa de casa cuando descubre que el hombre que creía su padre no es tal y que planea venderle como esclavo a un señor guerrero del cruel y refinado país de Calormen. La huída en realidad la planea Bree, un caballo parlante de Narnia, que fue secuestrado por los calormenos siendo un potrillo y que lleva años haciéndose pasar por un simple caballo mudo.  Hasta tal punto es Bree el cerebro inicial de la operación que la novela original se llama El caballo y SU muchacho, detalle que esta edición en español no ha respetado cambiándolo por un soso El caballo y el muchacho. A cambio, la edición de Destino ofrece los dibujos de Pauline Baynes y unas magníficas portadas que no ofrecían las viejas ediciones de Alfaguara o, en catalán, las de Edhasa.
 
En su fuga hacia Narnia, el muchacho y el caballo se unirán a la tarkina Aravis, una muchachita calormena de casa noble e insolente que huye de una boda pactada por su padre. Y para esta fuga también ella cuenta con una yegua inteligente de Narnia. Todos juntos deberán atravesar la capital del malvado imperio sureño y el desierto que hay más allá.
 
Los lectores, que enseguida cogen cariño a los protagonistas, quedan encantados cuando aparecen los queridos héroes de El león, la bruja y el armario, Edmund, Lucy y Susan, ya no unos niños torpes y despistados sino los reyes incontestables de Narnia. Peter, el Gran Rey designado por el mismo león Aslan en su ausencia, no aparece porque está ocupado en una lejana guerra con gigantes del norte. Y se le echará en falta porque los calormenos en el sur van a llevar el combate a las mismas puertas de Narnia.
 
De todas formas, como siempre en Narnia, la presencia más subyugante es la de Aslan, cuyos atributos crísticos Lewis nunca intenta ocultar, aunque sí presentar con belleza y esa visión renovada que dan los cuentos. Shasta nunca fue educado en el conocimiento de Aslan, pero entenderá cómo es él cuando le hable:

 
 
“Yo era el león que te obligó a unirte a Aravis. Yo era el gato que te consoló entre las casas de los muertos. Yo era el león que alejó a los chacales de ti mientras dormías. Yo era el león que dio a los caballos las renovadas fuerzas del miedo durante los dos últimos kilómetros para que pudieras llegar ante el rey Lune a tiempo. Y yo fui el león que no recuerdas y que empujó el bote en el que yacías, una criatura al borde de la muerte, de modo que llegaras a la orilla donde estaba sentado un hombre, desvelado a media noche, para recibirte. […]
 
Tras echar una ojeada al rostro del león, Shasta saltó de la silla y cayó a sus pies. No pudo decir nada, pero lo cierto es que tampoco deseaba decir nada, y supo que no necesitaba decir nada. El gran rey inclinó la cabeza hacia él. Su melena y un extraño y solemne perfume que flotaba alrededor de la melena lo envolvió. El león le tocó la frente con la lengua. El niño alzó el rostro y sus ojos se encontraron.”

 
¡Cuántas personas necesitan dejarse mirar y envolver de esta manera!

Crónicas de Narnia. El caballo y el muchacho.
C. S. Lewis
Destino Infantil & Juvenil
280 páginas
11,95 euros

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