Crónicas de Narnia 5: La travesía del Viajero del Alba

Edmund y Lucy vuelven a Narnia, pero esta vez les acompaña su insufrible primo Eustace. El comienzo de la novela es impagable y “muy Lewis”.”Había una…

Edmund y Lucy vuelven a Narnia, pero esta vez les acompaña su insufrible primo Eustace. El comienzo de la novela es impagable y “muy Lewis”.

“Había una vez un chico llamado Eustace Clarence Scrubb y casi se merecía tal nombre. Sus padres lo llamaban Eustace Clarence y los profesores, Scrubb. No puedo decirte cómo se dirigían a él sus amigos porque no tenía. Él, por su parte, no llamaba a su padre y madre “papá” y “mamá”, sino Harold y Alberta. Eran una familia muy progresista y moderna, y además eran vegetarianos, no fumaban ni bebían alcohol y llevaban ropa interior especial. En su casa había muy pocos muebles y muy poca ropa en las camas; además, las ventanas estaban siempre abiertas.

A Eustace Clarence le gustaban los animales, en especial los escarabajos si estaban muertos y clavados con un alfiler en una cartulina; también le gustaban los libros si eran de divulgación y tenían fotografías de elevadores de grano o de niños extranjeros gordos que hacían ejercicio en escuelas modelo”

Es lógico que, al llegar a Narnia, Eustace se encuentre muy incómodo: un sitio de animales parlantes, de gente cortés que utiliza títulos y protocolo, que gusta de celebrar fiestas y narrar historias. Otros niños disfrutarían en este mundo de maravillas y aventuras como las de los cuentos… pero es que Eustace no leía cuentos. Y lo peor: tener que convivir en el apretado e incómodo espacio de un barco, El Viajero del Alba, en el que el príncipe Caspian y bravos marineros narnianos surcan los mares buscando una expedición desaparecida años antes.

Como en la Odisea, como en Simbad, como en las leyendas de San Brandán y sus viajes por islas maravillosas, nuestro corazón se ensancha cuando se atisba una isla desde la proa del Viajero del Alba. Realmente Lewis consigue el toque mágico del relato de marineros e islas. Cada una encierra aventuras, riesgos y maravillas. Y el viaje les llevará muy lejos, tan lejos como el Fin del Mundo, allí donde acaba Narnia y se llega al País de Aslan. Aunque no para los niños ingleses, los hijos de Adán y Eva.

-Venid a desayunar -dijo la oveja con su voz dulce y tierna. En ese momento los niños advirtieron por vez primera que había un fuego encendido en la hierba y pescado asándose en él. Se sentaron y devoraron el pescado, hambrientos por vez primera desde hacía muchos días. Y fue la comida más deliciosa que habían probado jamás. […]

-Existe un camino hasta mi país desde todos los mundos- dijo la oveja, pero mientras hablaba, su manto níveo se transformó en rojo dorado y su tamaño cambió y se convirtió en el mismísimo león Aslan, elevándose por encima de ellos a la vez que proyectaba haces de luz desde su melena. […]

-En vuestro mundo tengo otro nombre- dijo Aslan. -Tenéis que aprender a conocerme por ese nombre. Éste fue el motivo por el que se os trajo a Narnia, para que al conocerme aquí durante un tiempo, me pudierais reconocer mejor. […]

Y ese es un motivo por el que tantos lectores disfrutamos viajando a Narnia: porque lo que vemos en Narnia lo vemos luego en nuestro mundo, porque una comida de pescado en el Fin del Mundo nos recuerda una comida de pescado junto al Mar de Galilea, que sucedió cuando el Cordero ya había resucitado y era el León de Judá.

Crónicas de Narnia. La travesía del Viajero del Alba.
C. S. Lewis
Destino Infantil & Juvenil
314 páginas
11,95 euros

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