Cuando algunos humanos pierden el respeto a la humanidad

El naturalista David Attenborough ha afirmado que “los humanos son una plaga sobre la Tierra”, como si de un vuelo de langostas se tratara…

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El naturalista David Attenborough ha afirmado que “los humanos son una plaga sobre la Tierra”, como si de un vuelo de langostas se tratara. Puede ser que este conocido naturalista haya querido dar un grito de alarma como tantos se vienen produciendo desde hace tiempo, pero la descripción que ha utilizado es profundamente desafortunada y va más allá de la simple alerta. Significa que concibe el papel del humano como algo adverso para la Tierra que lo asienta, como alguien incapaz de redimirse y de recuperar su papel de co-creador. Y es que el materialismo conduce a estos extremos. Pasa de la declaración de la fe más utópica en las capacidades de la humanidad, que siempre acostumbra a terminar mal, a considerarnos como algo inferior al resto de la vida en la Tierra. De estar en el vértice de la pirámide y de ser sujetos creados por Dios a su imagen y semejanza, el materialismo nos convierte en simples langostas.

Podríamos decir que ni tanto ni tan poco, que la virtud está en el punto medio. Que somos responsables de gestionar la Creación, que lo estamos haciendo mal, que es necesario rectificar, pero que esta rectificación no viene tanto de la condición humana como del sistema económico que se ha impuesto y generalizado, y que tiene su origen en la idolatría por el PIB y el mercado, que tiene su base en una ontología liberal. Esto es lo que ha de ser denunciado y modificado. Es ahí donde hay que situar los esfuerzos y no en absurdas declaraciones sobre el conjunto de la especie humana.

Hay una especie de neo neomalthusianismo que sostiene que hacemos daño a la Tierra por nuestro excesivo número. Es un absurdo. En todo caso seríamos nosotros, los europeos, los norteamericanos y ahora de una manera creciente los chinos quienes imprimimos una huella negativa, porque cada uno de nosotros consume 200 veces más que un africano. Es esto lo que debemos enfocar y cambiar. Se trata fundamentalmente de otro modelo de vida y de sociedad cuyos fundamentos están contenidos precisamente en el papel que la Biblia concede al ser humano, y que se hallan concretados en cuanto a su aplicación en los principios y fundamentos que propugna la Doctrina Social de la Iglesia.

Hay mucha tarea a hacer en este sentido, que no es otro que la capacidad de trasladar en el terreno político y económico de lo concreto aquellos fundamentos, criterios y principios. El hombre es la solución del propio hombre cuando consigue alzarse de pie, mirar al cielo y reconocer al creador.

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