David Gelernter, genio de la era digital: “Corremos el peligro de sacrificar el humanismo en el altar de la tecnología”

Este profesor de computación en la Universidad de Yale considera que “las ciencias exactas se han convertido en la nueva religión” y advierte de que “el sentimiento más reprimido y ocultado en la vida pública del mundo occidental es la fe en Dios. Pero no se puede matar a Dios”

"Los ordenadores y la inteligencia artificial no podrán replicar las profundidades de la conciencia humana”, afirma Gelernter "Los ordenadores y la inteligencia artificial no podrán replicar las profundidades de la conciencia humana”, afirma Gelernter

“El éxito de ese tirano cruel que es Donald Trump en la precampaña norteamericana evidencia que los ciudadanos esperan emociones. No votan a un ordenador. Las emociones no pueden mantenerse al margen de la vida de la comunidad. Si no, populistas como Trump les ponen voz a esos sentimientos”.

Quien así se expresaba recientemente es David Gelernter, un genio de la era digital y profesor de ciencias de la computación en la Universidad de Yale, anticipando lo que ya es una realidad: el inesperado triunfo de Trump en las pasadas elecciones estadounidenses.

Pero, además de visionario, Gelernter analiza los avances de sus colegas en el campo de la tecnología y la inteligencia artificial en relación a la conciencia humana y advierte de que “hemos llegado a un punto en el que corremos el peligro de sacrificar el humanismo en el altar de la tecnología y la devoción por la ciencia”. Lo hizo el pasado domingo, 6 de noviembre, en una entrevista publicada en el Semanal Dominical de El Periódico de Cataluña.

"Lo que más les gustaría a los devotos de la ciencia sería eliminar a los devotos de Dios", asegura este genio de la era digital

“Lo que más les gustaría a los devotos de la ciencia sería eliminar a los devotos de Dios”, asegura este genio de la era digital

“No se puede matar a Dios”

Como experto en la materia, Gelernter, de quien se dice que fue quien acuñó la expresión “en la nube”, considera que “en los últimos 50 o 60 años, las ciencias exactas se han convertido en la nueva religión”, de manera que “están tan convencidas de sí mismas que, como en su día hiciera la religión, marginan a los no creyentes, y a los que dudan los tachan de herejes e imponen su dogma. Es la última ideología”.

En otro apartado de la entrevista, el profesor de Yale recuerda, por ejemplo, que aunque Freud era ateo “era uno de esos ateos que no sienten indiferencia hacia Dios. El sentimiento más reprimido y ocultado en la vida pública del mundo occidental es la fe en Dios. Pero no se puede matar a Dios”.

Y sigue: “en nuestro mundo mental, Dios es una concepción ampliamente extendida y al mismo tiempo reprimida. Lo que más les gustaría a los devotos de la ciencia sería eliminar a los devotos de Dios, al igual que al aspecto racional de la mente lo que más le gustaría sería reprimir el espectro emocional”.

“La presencia de Dios en la mente no tiene nada que ver con la existencia o no existencia de Dios. Dios no es una cosa ni una persona”, concluye en este apartado de la entrevista.

Para Gelernter "los ordenadores y la inteligencia artificial no podrán replicar las profundidades de la conciencia humana”

Para Gelernter “los ordenadores y la inteligencia artificial no podrán replicar las profundidades de la conciencia humana”

Las profundidades de la conciencia humana

Gelernter, que resultó herido en 1993 al abrir una de las cartas bomba del llamado ‘Unabomber’, el desequilibrado matemático que se dedicó a enviar paquetes explosivos a varios científicos, habla también en la entrevista sobre la profundidad de la conciencia humana en relación a esta era digital.

Según explica en su último libro, Las mareas de la mente, “la informática nos da un poder increíble, […] y los apasionados de la tecnología […] pretenden ser los amos de la mente”. Pero también afirma que “los ordenadores y la inteligencia artificial no podrán replicar las profundidades de la conciencia humana”.

“El ordenador clásico nunca alcanzará una conciencia como la humana, no tendrá un modo consciente, no experimentará emociones, nunca estará en condiciones de vivir el mundo o de imaginar nada”, añade.

“Un ordenador podrá superar millones de veces la capacidad intelectual humana, pero, desde un punto de vista filosófico, seguiría siendo un zombi. El ordenador no puede generar subjetividad; esto es: un mundo interior, una vida espiritual propia, un paisaje mental único por el que nadie más puede transitar”.

Un robot “no tiene conciencia, por fortuna. No hay mente en la máquina, no hay presencia de ánimo. No hay nada”. Y sentencia: “Creemos que con la inteligencia artificial estamos ante la creación de una mente sobrenatural, que hemos dado con la piedra filosofal. En realidad, hoy seguimos sin entender que es la conciencia”.

Los partidarios de la supermente informática se han corrompido intelectualmente, no por dinero, sino por fantasía de poder”, aunque “el dicho de que el dinero es poder ha alcanzado una dimensión siniestra”. De hecho, “si estuviera en mi mano, a los científicos en ciernes les impondría un curso condensado de humanidades antes de permitirles abrir un libro sobre neurofisiología o informática”, concluye.

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