Decrepitud política y social de nuestra Nación

Verdaderamente estamos presenciando de forma bochornosa la decrepitud política y social de nuestra Nación.

¿En qué niveles de envilecimiento especulativo y moral está gran parte de nuestra sociedad?

Efectivamente, sufrimos la esclavitud moderna en su complicada e ignorancia voluntaria, pero seguimos sin cambiar absolutamente nada.

La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Abraham Lincoln

¿Qué podemos hacer?

En el silencio de las palabras no dichas, en la incomprensión, en la tergiversación, en la no comprensión, no claudiquemos. Ante anhelos íntimos y supuestos acercamientos del espíritu, no nos dobleguemos. Porque no haya similitud de emotividad en el alma, no desfallezcamos, no nos hundamos.

En los momentos de convulsión política, juntamente con la crisis económica, social y de valores que estamos padeciendo, añadiéndole la corrupción generalizada en todos los ámbitos de nuestra sociedad, debemos concienciarnos y dejarnos de aviesas intenciones y afrontar todos juntos esta adusta realidad que nos está tocando vivir.

Como decía Platón, la Justicia es el fin que debe perseguirse en la vida política. Cuando observaba la corrupción de los políticos en su tiempo decía que esas corruptelas se debían a la separación entre ética y política, y esa era la causa de todas las calamidades y desajustes sociales. Él proponía, una realización de la política para la consecución de una sociedad justa.

¿Estamos dirigiéndonos hacia una oclocracia? Es ineludible formarse e informarse

“El interés de los oclócratas que ejercen el poder es hacerlo degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta, buscando una ilusoria legitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores”.

Hay que destacar la desazón que te produce la aplicación de políticas demagógicas, que con insistencia nos han disertado en mítines, congresos, debates o campañas electorales, y que como resultado hemos visto las desastrosas consecuencias para los ciudadanos.

Tenemos que hacerles ver a nuestros políticos y a nuestros nuevos gobernantes de Ayuntamientos, Comunidades y de la Nación, que la formación del ciudadano es imprescindible para el conocimiento de las cosas y, sin esto, no podemos argumentar y denunciar actuaciones incompetentes e ilícitas.

Hay que regenerar nuestra democracia e instituciones con los poderes independientes y sin ningún vínculo político con ellos ¡Qué resucite Montesquieu! De esta forma, nuestra España avanzaría, y lo más importante, habría una conciencia social más solidaria y justa, sin ningún tipo de exclusiones ni privilegios.

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