En defensa de la dignidad humana

“Una explotación de la mujer y del niño, que se convierte en un objeto de consumo”. Con estas duras palabras se refería la pasada semana a la maternidad subrogada el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo. Se trata de un debate hasta ahora inexistente, que ha cobrado fuerza al hilo del apoyo desde Ciudadanos y un sector del Partido Popular. Las técnicas reproductivas van a permitir o permiten ya posibilidades de concepción artificial hasta ahora inimaginables, pero la ciencia es incapaz de vislumbrar una alternativa al vientre materno.

Hay mucho dinero en juego, a costa de convertir la maternidad y al propio niño en un objeto de alquiler o compraventa. La víctima puede ser una mujer de un país pobre, o una joven universitaria que se paga así sus estudios, pero la mercantilización de la maternidad y del niño repugna en todos los casos. No dejarse llevar por lo que uno desea caprichosamente es en defensa de la dignidad humana

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