Diez advertencias sobre el peligro de legislar respecto al suicidio y la eutanasia

En la necesidad de cuidar a los enfermos terminales y de reducir sus padecimientos ¿requiere que se conceda a los médicos el derecho de …

En la necesidad de cuidar a los enfermos terminales y de reducir sus padecimientos ¿requiere que se conceda a los médicos el derecho de terminar con las vidas de sus pacientes?

Esta pregunta lleva a el psiquiatra y escritor Herbert Hendin a debatir sobre la toma de conciencia de que ni la legalización ni, incluso, la prohibición del suicidio médicamente asistido o de la eutanasia resuelven el gran problema de cuidar humanamente de los enfermos terminales.
Pero Hendin advierte que si bien una prohibición del suicidio asistido no mejoraría los cuidados de los enfermos, una legalización pondría en peligro sus propias vidas. A través de una serie de observaciones el escritor redacta un informe que dirige al Subcomité del Congreso de los Estados Unidos basándose en la debatida experiencia holandesa sobre el aborto.
Manual para evitar la pérdida de vidas
A continuación, se desarrollan una serie de puntos extraídos del informe que Herbert Hendin ha redactado sobre el peligro de legislar respecto al suicidio y la eutanasia:
  1. La primera reacción de muchos pacientes al tener conocimiento de la gravedad de su enfermedad y de su posible muerte es la de terror, la de deprimirse y la de desear morir. Muchos pacientes y médicos desplazan su ansiedad ante la muerte centrándose en las circunstancias que la acompañan: el dolor, la dependencia, la pérdida de dignidad y los desagradables efectos secundarios de los tratamientos médicos.
“Las peticiones de legislación son un síntoma de nuestro fracaso en desarrollar una respuesta adecuada a los problemas de los moribundos, al miedo a llegar a padecer un dolor insoportable y a la prolongación de la vida en circunstancias intolerables”.
2. Al decidir cuándo han de morir los pacientes, al hacer de la muerte una decisión médica, el doctor se hace la ilusión de mantener el dominio sobre la enfermedad y sobre los sentimientos de indefensión que la acompañan. “Es el médico, y no la enfermedad, el responsable de la muerte”.
3. La petición de suicidio asistido suele hacerse también con mucha ambivalencia. Si el doctor no es capaz de reconocer esa ambivalencia, así como la ansiedad y depresión que subyacen a la petición de muerte de un paciente “ese paciente queda atrapado por su propia petición y muere en un estado de terror que nadie advierte”.
4. Los criterios exigidos a los pacientes holandeses, donde la eutanasia está legislada, son: la persistencia en la petición y la lucidez en la toma de decisiones. En muchos casos, el doctor ni ve al paciente o determina que simplemente el hecho de tener lucidez es un criterio válido para aceptar su petición de muerte. En tal situación, “los pacientes suicidas”, como les llama Hendin, “llegan a ser las víctimas voluntarias de los practicantes de la eutanasia”.
  1. Una vez aceptado el suicidio asistido no es posible legal ni incluso moralmente negar más ayuda médica activa, es decir, negar la eutanasia a quienes no pueden procurarse por sí mismos. Así, “negar la eutanasia vendría a ser algo así como una discriminación”.
  1. Los datos de la experiencia holandesa nos dicen que en 1.000 de las 130.000 muertes anuales en Holanda los médicos admiten haber causado activamente o adelantado la muerte sin petición del paciente. En unos 25.000 casos se tomaron decisiones médicas al final de la vida del paciente que podrían haber tenido la intención de acabar con su vida sin su consentimiento. Y en unos 20.000, los médicos habían aducido la incapacidad de comunicación del paciente como justificación para no haber contado con su consentimiento.
Tanto es así que “los defensores de la eutanasia en Holanda admiten que la legalización de la eutanasia ha llevado a los médicos a sentir que pueden ellos tomar decisiones de vida o muerte sin consultar con los pacientes”.
  1. La experiencia holandesa ilustra el modo en que la legalización de la eutanasia promueve una cultura que transforma el suicidio en suicidio asistido y eutanasia, y que anima a los pacientes y a los mismos doctores a ver estas prácticas como el modo más rutinario de tratar con la enfermedad grave o terminal. Así, “la presión por mejorar los cuidados paliativos se evapora”.
  1. La gente cree que la legalización del suicidio asistido y la eutanasia le proporcionará mayor autonomía. Pero, siguiendo con la experiencia holandesa, es precisamente lo contrario. “En la práctica es el doctor quien decide si se ha de practicar la eutanasia. La eutanasia aumenta el poder y el control de los médicos, no el de los pacientes”.
  1. La legalización de la eutanasia conlleva también una violación de la misma regulación. La sanción legal crea una atmósfera de permisividad que fomenta el no tomar seriamente las pautas.“Sólo el 60% de los médicos holandeses informaron sobre sus casos de eutanasia, el 40% admite no haber informado de los casos y un 20% dice que bajo ninguna circunstancia piensan hacerlo”.
  1. Los pacientes que piden la eutanasia están pidiendo del modo más dramático posible que se dé un remedio a su sufrimiento físico y mental, están pidiendo unos cuidados paliativos para el dolor. “Un estudio ha demostrado que la mayor parte de los médicos saben menos sobre cuidados paliativos cuanto más a favor están de la legalización del suicidio asistido y de la eutanasia”.
Herbert Hendin dice en su informe que “los defensores de la eutanasia han llegado a ver el suicidio como una cura de la enfermedad y como un modo de arrebatar a la muerte su poder sobre la capacidad humana de controlar”.
La política social ha de basarse, dice el escritor, “en una preocupación mayor y más positiva por los enfermos terminales”. “Debe reflejar una creciente determinación por aliviar el dolor físico, descubrir la naturaleza de nuestros temores, y para disminuir el sufrimiento reafirmando en la vida que ha sido vivida y que aún no ha acabado”, concluye.
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