El aborto libre, contra las cuerdas en EEUU

Hace unas semanas informaba American Review de la Marcha por la Vida que desde 1973 congrega a cientos de miles de activistas pro-vida en Washington. …

Hace unas semanas informaba American Review de la Marcha por la Vida que desde 1973 congrega a cientos de miles de activistas pro-vida en Washington. Lejos de debilitarse con el paso del tiempo, la Marcha no ha dejado de crecer, siguiendo así el mismo comportamiento que la opinión pública norteamericana.

En la actualidad el debate ya no es aborto sí o no, sino cuándo será el aborto prohibido y de qué modo. La última nominación al Tribunal Supremo, Samuel Alito, un significado pro-vida, pasó todos los trámites sin mayor problema, mostrando la debilidad de los lobbies abortistas.

Con su nombramiento la situación sería ahora de 5 a 4 a favor de mantener Roe v. Wade, la sentencia que abrió las puertas al aborto en Estados Unidos, pero no es improbable que en poco tiempo dos de los jueces que apoyan el aborto deban de ser sustituidos (Stevens cumple 86 años este mes y hay rumores de que Ginsburg, de 73 años, padece una enfermedad grave).

Pero hay otros síntomas de que está madurando un nuevo escenario.

El pasado 27 de febrero el Tribunal Supremo acabó con una batalla judicial que duraba desde hacía 20 años acerca de la legalidad de las protestas frente a centros abortistas. Con un resultado de 8 a 0 en la votación (Alito aún no participó) se estableció que ninguna ley federal puede prohibir o limitar la presencia de manifestantes pro-vida junto a los centros abortistas.

El siguiente impacto ha venido de Dakota del Sur, cuyo Senado votó 23 a 12 a favor de la prohibición casi total del aborto en ese estado, incluso en los casos de violación o incesto (que por otra parte son tan excepcionales que su única utilidad es servir de coladero). Además, los doctores que realicen abortos serán acusados de un delito de “clase 5” que puede castigarse hasta con cinco años de prisión.

Otros seis estados –Mississippi, Missouri, Ohio, Georgia, Indiana y Kentucky- están discutiendo medidas similares y el Senado de Tennessee acaba de aprobar una propuesta de enmienda en su constitución para no incluir el llamado derecho al aborto.

A todo esto se unen los estados, 21, que han aprobado leyes que obligan a los médicos a informar a las mujeres que desean abortar de que sus hijos sufrirán dolor durante la intervención abortista.

Pero no todo es tan idílico en las filas del movimiento pro-vida; ahora que ya se puede ver la tierra prometida, que ya casi se puede tocar, las divisiones entre quienes quieren apretar el acelerador y quienes temen derrapar se hacen cada vez más patentes.

En concreto, National Right to Life y muchos pro-vida cercanos a los círculos del poder en Washington alertan del peligro de forzar una revisión de Roe v. Wade prematura, antes de tener asegurada la mayoría.

Otros , como la Pro-Life Action League, Human Life International o el Thomas More Law Center no creen que sea el momento de adoptar medidas contemporizadoras.

Pero por encima de diferencias tácticas es innegable que el país ha dado un vuelco: si en 1995 una encuesta de Gallup situaba a un 56% de los americanos como pro-choice frente a sólo un 33% de pro-life, la diferencia de 23 puntos se ha reducido hasta sólo 2.

Además, incluso muchos pro-choice no están a favor del aborto ilimitado: dos tercios de los americanos piensan que el aborto debería de ser legal sólo durante los tres primeros meses del embarazo. ¿A qué se debe este cambio?

En primer lugar a que en los Estados Unidos existe una mayor tradición de desconfianza ante la ley positiva, que moldea menos que en Europa unas mentalidades más independientes.

Pero en el tema concreto del aborto hay que tener en cuenta también el impacto de la tecnología de ultrasonidos en 4-D que muestra cada vez con mayor claridad y detalle que lo que lleva la mujer en su seno es un ser humano único.

A este hecho se han sumado los cada vez más numerosos estudios acerca del impacto físico y psíquico del aborto sobre las mujeres que se someten al mismo. Aunque nos pueda parecer increíble, tal es el estado en que nos encontramos: en Estados Unidos la lucha por la defensa de la vida del no nacido está ganando batalla tras batalla. Sólo nos queda confiar que una vez más las tendencias originadas en América tarde o temprano alcancen las costas de nuestro viejo continente.

Publicado originalmente en American Review

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