El amor en el matrimonio (vinculante e irresistible)

¿Por qué así el título en minúsculas?

Mi pastoral del vínculo Mi pastoral del vínculo

 

Primera entrega de referencia acerca del vínculo del Matrimonio:

La pastoral invisible del vínculo visible
Nov 14, 2016 05:48 pm Francesc Martinez Porcell 

El título en mayúsculas en esta segunda entrega mía sería plagio. EL AMOR EN EL MATRIMONIO es el título del suculento capítulo IV de la Exhortación del Papa Amoris Laetitia. Casi al final del mismo destaco dos epígrafes luminosos. El punto 161, recordando entrecomillado en sus palabras finales la Encíclica Redemptor Hominis de San Juan Pablo II, dice lo siguiente:

 

  1. La virginidad tiene el valor simbólico del amor que no necesita poseer al otro, y refleja así la libertad del Reino de los Cielos. Es una invitación a los esposos para que vivan su amor conyugal en la perspectiva del amor definitivo a Cristo, como un camino común hacia la plenitud del Reino. A su vez, el amor de los esposos tiene otros valores simbólicos: por una parte, es un peculiar reflejo de la Trinidad. La Trinidad es unidad plena, pero en la cual existe también la distinción. Además, la familia es un signo cristológico, porque manifiesta la cercanía de Dios que comparte la vida del ser humano uniéndose a él en la Encarnación, en la Cruz y en la Resurrección: cada cónyuge se hace <<una sola carne>> con el otro y se ofrece a sí mismo para compartirlo todo con él hasta el fin. Mientras la virginidad es un signo <<escatológico>> de Cristo resucitado, el matrimonio es un signo <<histórico>> para los que caminamos en la tierra, un signo del Cristo terreno que aceptó unirse a nosotros y se entregó hasta darnos su sangre. La virginidad y el matrimonio son, y deben ser, formas diferentes de amar, porque <<el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor>>.

 

El punto 162 hace referencia en él a la Summa Theologiae de Tomasso D’Aquino (santo), en concreto la cuestión 27 apartado 1 de la secunda-secundae (II-II). También al número 40 del documento Familia, matrimonio y uniones de hecho de fecha 26 de julio del año 2000 del Pontificio Consejo para la Família. Para mí, en lectura personal, es uno de los muchos puntos “rompe esquemas”. Éste, en concreto, afianza en mí, la convicción vocacional como esposo y padre de familia numerosa. ¡En la dimensión de Iglesia universal y no en su reduccionismo clerical notorio tan extendido de simple iglesia doméstica!

 

  1. El celibato corre el peligro de ser una cómoda soledad, que da libertad para moverse con autonomía, para cambiar de lugares, de tareas y de opciones, para disponer del propio dinero, para frecuentar personas diversas según la atracción del momento. En ese caso, resplandece el testimonio de las personas casadas. Quienes han sido llamados a la virginidad pueden encontrar en algunos matrimonios un signo claro de la generosa e inquebrantable fidelidad de Dios a su Alianza, que estimule sus corazones a una disponibilidad más concreta y oblativa. Porque hay personas casadas que mantienen su fidelidad cuando su cónyuge se ha vuelto físicamente desagradable, o cuando no satisface las propias necesidades, a pesar de que muchas ofertas inviten a la infidelidad o al abandono. Una mujer puede cuidar a su esposo enfermo y allí, junto a la Cruz, vuelve a dar el <<sí>> de su amor hasta la muerte. En ese amor se manifiesta de un modo deslumbrante la dignidad del amante, dignidad como reflejo de la caridad, puesto que es propio de la caridad amar, más que ser amado. También podemos advertir en muchas familias una capacidad de servicio oblativo y tierno ante hijos difíciles e incluso desagradecidos. Esto hace de esos padres un signo del amor libre y desinteresado de Jesús. Todo esto se convierte en una invitación a las personas célibes para que vivan su entrega por el Reino con mayor generosidad y disponibilidad. Hoy, la secularización ha desdibujado el valor de una unión para toda la vida y ha debilitado la riqueza de la entrega matrimonial, por lo cual <<es preciso profundizar en los aspectos positivos del amor conyugal>>

 

¿Seré capaz de amar más a mi esposa a partir de Amoris Laetitia?

¿Seremos los dos, conjuntamente, un referente para religiosas, religiosos, laicos célibes diáconos, sacerdotes y obispos, en orden a su perseverancia en su virginidad oblativa?

 

NB (Nota bene) ¿Les cito en demasía la lengua latina? Hay quien con buena pluma la reivindica http://www.religionenlibertad.com/latin-los-muertos-53130.htm

Le agradezco a mi maestro internáutico il signore Giovanni Vianini el aprendizaje de la Salve monacal en su modo III según el Liber Usualis del Canto Gregoriano. Es esta Salve, con letra latina a la vista y pentagrama pneumático de canto gregoriano:

https://www.youtube.com/watch?v=CAmydVsNMqM

Es montserratina porque desde el siglo X la cantan diariamente los monjes benedictinos de Montserrat en la salmodia de las Vísperas. La cantan en muchos  otros cenobios de la Iglesia universal de Nuestro Señor Jesucristo.

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