El Colegio Cardenalicio y la universalidad de la Iglesia

Desde hace décadas, siempre que anuncian un nuevo consistorio, los pontífices afirman que el Colegio Cardenalicio refleja la universalidad de la Igles…

Desde hace décadas, siempre que anuncian un nuevo consistorio, los pontífices afirman que el Colegio Cardenalicio refleja la universalidad de la Iglesia. ¿Es eso cierto?

 

El presente artículo quiere comprobar si tal afirmación se acerca a la realidad. No es un estudio completo, ya que se limita a la distribución de los cardenales electores por continentes. Reconocemos que no es la mejor manera, pero permite una primera comprobación de la pretensión papal de la tal universalidad.

 

Las cifras que se refieren al actual Colegio Cardenalicio son las del 11 de noviembre del año 2007, es decir tal como quedó tras el segundo consistorio de Su Santidad Benedicto XVI.

 

Desde entonces ha habido algunos cambios pero no se tienen en cuenta. Salvo que se diga lo contrario, siempre se hace referencia a los cardenales electores, es decir menores de ochenta años, y no al total de vivos.

 

Europa

 

Todos los cardenales fueron europeos hasta 1875. Ese año, Pío IX creó cardenal al arzobispo de Nueva York, John McCloskey. Poco a poco fueron añadiéndose más sedes no europeas: Argel en 1882, Sidney en 1885, Québec y Baltimore en 1886, Rio de Janeiro en 1905, Boston en 1911, etc.

 

La disminución de la proporción de europeos en el Colegio Cardenalicio fue muy lenta al principio; en el conclave de 1939, que eligió a Pío XII, sólo había siete cardenales no europeos.

 

El cambio se produjo con Pío XII; sólo celebró dos consistorios pero creó veintidós cardenales no europeos; profundizó en la universalización del Colegio Cardenalicio creando cardenales de todos los continentes y tras su último consistorio, el de 1953, dejó a Europa con sólo el setenta por ciento del total.

 

Con Juan XXIII y Pablo VI el descenso fue vertiginoso. Consistorio tras consistorio, el peso de Europa en el Colegio Cardenalicio descendió hasta que en el de 1976 Pablo VI terminó con la mayoría absoluta de Europa: de 119 cardenales electores, Europa tenía 58: el 48 por ciento. Pero el mínimo histórico no llegó hasta el pontificado de Juan Pablo II: en 1994 Europa se quedó con 55 cardenales de 120.

 

Desde entonces el porcentaje ha ido subiendo, aunque sin superar jamás el 50 por ciento. Benedicto XVI creó en el último consistorio diez europeos, dejando en sesenta los cardenales de Europa pero eso no significa que quiera mantener a toda costa la mitad estricta del colegio para Europa, ya que solo la muerte inesperada del japonés Hamao permitió ese porcentaje.

 

América del Norte

 

América del Norte apareció en el Colegio Cardenalicio en 1875 (Nueva York) Poco a poco llegaron nuevas sedes y se fueron renovando las vacantes: Québec y Baltimore en 1886, Boston en 1911, Filadelfia en 1921, Chicago en 1924.

 

Pío XII añadió en sus dos consistorios Detroit, Saint Louis, Toronto, Los Ángeles y Montreal, quedando así fijadas las sedes cardenalicias de América del Norte, a las que Pablo VI añadió Washington.

 

El crecimiento fue sostenido durante todo el siglo XX hasta Pablo VI. En su consistorio de 1969 se llegó a un máximo de 15 cardenales, situándose luego en un número variable entre 11 y 14. Con Benedicto XVI América del Norte ha llegado a los 16 cardenales, que es otro “record”.

 

Otro aspecto que muestra la solidez de la posición de América del Norte en la Iglesia es su aportación de cardenales a la Curia Vaticana. El primero se creó en 1969 y el último en 2007. En 37 años son siete los estadounidenses y canadienses que han pertenecido a la Curia. Actualmente hay tres.

 

Asia

 

Asia fue el segundo continente que “rompió” la europeidad del Colegio con la creación de Antoine-Pierre IX Hassun, Patriarca de la Iglesia Armenia, en 1880. Pero esta creación fue puramente testimonial ya que los dos siguientes, también patriarcas orientales, no llegaron hasta 1937 y 1939.

 

Los primeros cardenales del Extremo Oriente los creó Pío XII. A Thomas Tien Ken-sin, chino, en 1946 y Valerian Gracias, índio, en 1953. A partir de ellos el crecimiento ha sido lento pero firme y sostenido: los cardenales de Japón y Filipinas llegaron en 1960; el de Sri Lanka en 1965 y el de Indonesia en 1967. Corea del Sur se incorporó al Colegio Cardenalicio en 1969. Juan Pablo II nombró, como novedad, a cardenales de Pakistán, Vietnam, Tailandia y Taiwán.

 

La evolución numérica de los cardenales asiáticos ha sido ascendente. En el conclave de 1939 que eligió a Pío XII sólo había uno, en el conclave que eligió a Juan XXIII ya había tres; en el conclave de 1963 se había llegado a cinco. Quince años más tarde, en el conclave que eligió a Juan Pablo I, se había conseguido los diez.

 

Desde el consistorio de 1973 hasta ahora Asia no se mueve del 9 o 10 por ciento. Desde el consistorio de 1994 hasta el de 2006, el primero de Benedicto XVI, la cantidad de cardenales asiáticos se ha mantenido en trece de manera casi constante.

 

La importancia creciente de Asia en la Iglesia se puede observar en los cardenales que aporta a la Curia. El primer cardenal de la Curia de origen asiático fue el indio Duraisamy Simon Lourdusamy, creado por Juan Pablo II en 1985. Con él y hasta ahora, Asia ha dado a la Curia seis cardenales. Si no se hubiera producido la defunción del cardenal Hamao actualmente habría tres cardenales asiáticos en la Curia: un indio, un sirio y un japonés. 

 

África

 

África fue el tercer continente no europeo en añadirse al Colegio: el arzobispo de Argel fue creado cardenal en 1882. Pero fue un hecho casi anecdótico ya que el segundo, el malgache arzobispo de Antanarivo, no llegó hasta 1946 y el tercero, un tanzano se esperó hasta 1960.

 

En cambio con Pablo VI el crecimiento de África fue casi explosivo. Si este pontífice se encontró el Colegio con un solo africano lo dejó con doce y en 1977 culminó el crecimiento de África creando al primer cardenal africano de la Curia: Bernardin Gantin.

 

Juan Pablo II mantuvo la tendencia creciente de africanos hasta 1988 en que se llegó al récord máximo de dieciséis cardenales, y creando al segundo africano de la Curia: el nigeriano Arinze. Superaba a Asia, que tenia doce cardenales y solo un curial.

 

Pero en los siguientes consistorios los cardenales africanos no fueron renovados al mismo ritmo que se jubilaban o morían y poco a poco su número ha descendido: tras el último consistorio de Juan Pablo II (2003) había solo trece y tras los dos de Benedicto XVI solamente nueve.

 

Oceanía

 

El primer cardenal de Oceanía fue el arzobispo de Sydney, creado en 1885; el siguiente se hizo esperar hasta 1946, otra vez un arzobispo de Sydney, el cual se mantuvo solitario hasta 1969, cuando Pablo VI creó cardenal al arzobispo de Wellington (Nueva Zelanda).

 

Pablo VI añadió dos sedes nuevas: Samoa y Melbourne e incorporó un cardenal australiano a la Curia. Por esta razón, y por la gran longevidad de estos cardenales, Oceanía se ha mantenido durante treinta años con cuatro o cinco cardenales a la vez. Pero Benedicto XVI no ha creado ningún cardenal de Oceanía en sus dos consistorios y ahora hay sólo dos cardenales: el arzobispo de Sydney y el de Wellington.

 

América Latina

 

América Latina apareció en el Colegio Cardenalicio en 1905 con el arzobispo de Río de Janeiro. La segunda sede cardenalicia se hizo esperar hasta 1935: Buenos Aires.

 

El pontificado de Pío XII fue importante para América Latina. Se incorporaron una gran cantidad de nuevas sedes en Brasil, Chile, Cuba, Perú, Argentina, Ecuador y Colombia, y en 1953 América Latina “vencía” a América del Norte por diez a seis. América Latina tenía entonces el 13% del Colegio Cardenalicio.

 

El crecimiento fue constante durante los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI, situándose durante el pontificado de Juan Pablo II en un porcentaje que osciló entre el 15 y el 20 por ciento.

 

Actualmente América Latina tiene 21 cardenales electores, un 17 por ciento, y por tanto, ostenta la segunda posición tras los sesenta de Europa. América Latina también es segundo en número de cardenales que ha sido miembros de la Curia: 9, y también en la cantidad de curiales que son electores actualmente: 5 frente a los 20 de Europa, 3 de América del Norte, 2 de Asia y 1 de África.

 

Recapitulación

 

El pontífice que inició la universalización del Colegio Cardenalicio fue León XIII al crear cardenales de América del Norte, África y Asia. El segundo gran paso se produjo con Pío XII, que dejó cardenales en todos los continentes dejando a Europa con un setenta por ciento del total. El tercero fue la explosión internacionalista que se produjo durante los pontificados de Juan XXIII y, sobre todo, de Pablo VI perdiendo Europa, hasta ahora, la mayoría absoluta.

 

El pontificado de Juan Pablo II significó la consolidación de los cambios anteriores ya que vio el mínimo de europeos, el máximo de africanos, de asiáticos y latinoamericanos. Y se confirmó la internacionalización de la Curia pasándose de cinco curiales no europeos a doce. Por otra parte se cambió la tendencia al crecimiento de África.

 

El pontificado de Benedicto XVI continúa las mismas tendencias del anterior. Como originalidad, con él se ha reducido Oceanía y ha crecido hasta su máximo América del Norte. Habrá que esperar un tiempo para ver si los porcentajes actuales se mantienen o se inician tendencias nuevas. 

 

Conclusiones

 

De esta exposición se pueden extraer tres conclusiones: El Colegio se ha internacionalizado, los Pontífices y su Curia son los autores de esta internacionalización y la cúpula eclesiástica muestra una flexibilidad mayor de lo que parece.

 

Hace ciento treinta años el Colegio Cardenalicio era exclusivamente europeo. Actualmente Europa tiene 60 cardenales electores (50%); América del Sur 21 (17%); América del Norte 16 (13%); Asia 12 (10%); África 9 (7,5%) y Oceanía 2 (1,6%)

 

Teniendo en cuenta el centralismo romano que rige actualmente en la Iglesia, es evidente que los autores de este cambio han sido los Pontífices y los miembros de la Curia encargados de elegir obispos. Es justo resaltar la paradoja de una Curia Vaticana, controlada, si hacemos caso al tópico, por italianos ancianos y conservadores, que ha cambiado su propia composición. La “gerontocracia” vaticana ha sabido abrir el “senado” de la Iglesia a todas las naciones.

 

Los pontífices y los miembros de la Curia del último siglo han demostrado una flexibilidad y una adaptación a la situación internacional comúnmente poco vista. Los cambios en el Colegio Cardenalicio corresponden de una manera aproximada a los cambios en el escenario político internacional y a las variaciones en el peso de las diferentes regiones del catolicismo. No parece pues, que la cúpula de la Iglesia este sorda y ciega al mundo.

 

Creemos que la respuesta a la pregunta inicial es afirmativa. La pretensión de que el Colegio Cardenalicio refleja la universalidad de la Iglesia está fundamentada. Tal vez no lo hace de manera perfecta pero no se puede negar que se intenta y, teniendo en cuenta que ningún sistema de representación democrático conocido satisface a todas las partes, el resultado es bastante satisfactorio.

 

Conociendo las críticas constantes a la Curia estas conclusiones dan un mínimo de confianza en la capacidad de los dirigentes de la Iglesia Católica para afrontar los retos del futuro.

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