El Estado de Centroamérica hoy

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Francisco Morazan (Tegucigalpa, 1792 – Costa Rica, 1842) hondureño, representa el máximo exponente de un político liberal y federalista en pro de una Centroamérica unida de la que fue presidente. De vocación salvadoreña, donde pidió ser enterrado y así fue, ya que en 1848 enviaron sus restos a ese país. José Martí lo describió como “un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, quizás el único que haya producido la América Central”. En un periodo convulsivo lleno de luchas entre países en pro y contra de la unión, entre liberales y conservadores, y muchos intereses locales de cada país, se forja un Estado Federal Centroamericano. La Asamblea Nacional de la República de El Salvador sustituyó el nombre del Departamento de Gotera por Departamento Morazán, “para perpetuar el nombre del gran líder de la Unión Centroamericana”. También el presidente Doroteo Vasconcelos nombró en su honor la aldea ‘San’ Francisco Morazán. En Honduras, se cambió el nombre del departamento de Tegucigalpa a Francisco Morazán en el año 1943. En Guatemala, la ciudad guatemalteca de Tocoy Tzimá se convirtió en Morazán el 15 noviembre de 1887. En Nicaragua, se fundó Puerto Morazán en 1945. El Parlamento Centroamericano (Parlacen) es una institución política consagrada a la integración de los países de Centroamérica, que representa una versión moderna de la histórica República Federal de Centroamérica, aunque sin contar con Costa Rica, pero que incluye a Panamá y a la República Dominicana. En el pasado, varios intentos infructuosos se han hecho para restablecer la Unión (1851, 1886 y 1921). El SICA representa la institución que trabaja para la integración centroamericana con diferentes organismos autónomos. La historia de la misma es más bien un tanto triste. Poca concreción y una estructura débil. Falta de interés real de los países miembros. Hoy puede decirse que las ideas de Morazán no han prevalecido con la fuerza que sería de desear y desde luego no con la impronta del libertador Simón Bolívar. Pero no obstante Morazán continúa siendo por derecho propio el auténtico líder federalista centroamericano. Hoy, a más de 150 años de su muerte, la visión de Centroamérica se halla un tanto estancada. Los intentos mejicanos de establecer una base de desarrollo a partir del denominado Plan Puebla Panamá fracasaron y las principales obras que estructurarían mejor el territorio del istmo centroamericano no vieron la luz. Una vez más, Centroamérica se halla en el olvido. Cuando hablamos de América Latina normalmente nos referimos a América del Sur y desconocemos un tanto a Centroamérica. En la etapa reciente los proyectos de atravesar el istmo para entrar en competencia con Panamá terminaron en un gran fiasco. Otto Pérez Molina desde Guatemala propuso atravesarlo con ferrocarril con la participación de capital privado, proyecto como todos los suyos, ahora ya definitivamente estancado, cuando no abandonado. Más aun después de su derrocamiento y posterior encarcelamiento. Los hondureños, supuestamente con capital chino, apostaron por una alternativa propia descartando una colación con los salvadoreños que hay habían construido su puerto en La Unión. Puerto de cuya viabilidad se duda si no está incurso en un proyecto binacional, el lastre de entrar al mismo por un canal es uno de los elementos que condicional la factibilidad del mismo. Finalmente, Nicaragua con su megaproyecto también financiado por empresarios chinos parece ir acercándose a su final de camino, dificultades de tipo medio ambiental y el alto presupuesto, más de 50.000 millones de dólares, frente a los 5.000 del nuevo Canal de Panamá. Pueden llegar a ser suficientemente contundentes para inutilizar la alternativa Nicaragua. La necesidad de atravesar el istmo continuará existiendo, sobre todo por el interés chino. El giro de la misma es el principal resultado del estancamiento de los diversos proyectos. La situación económica, muy vinculada a grandes proyectos, está claramente condicionada. Panamá parece escaparse del conjunto con su nuevo canal y posiblemente después de su inauguración pueda alcanzar un nuevo salto en su camino. Falta mucho aún para sacar al país de muchos focos de pobreza, pero se vislumbran posibilidades de un nuevo modelo de crecimiento donde la innovación, con la atracción de nuevos tipos de empresas, sea un ejemplo de modelo de crecimiento, muy distante del general centroamericano. Unas tasas del 7% e incluso del 10% pueden ser posibles a corto plazo. Frente a ello, los estancados El Salvador y Honduras señalan la necesidad de encontrar modelos de crecimiento, donde la falta de motores es notable. Una alianza con Guatemala sería posible y necesaria, pero los países se encuentran con modelos de gestión pública donde la inercia con la corrupción se suman para conseguir que el aparato del Estado esté más a favor del estancamiento que al desarrollo. Movimientos anticorrupción suenan en muchos países, donde se solicita comisiones (ONU) de CICA como en Guatemala. Se trata de avanzar hacia estados más modernos y eficaces que los actuales pero la dirigencia de los diferentes partidos no se parece a alguien dispuesto a cambiar, lo que propicia la aparición de nuevos grupos como los indignados de Honduras. Nicaragua, siempre al fondo, está encontrando tasas de crecimiento importantes aun sin el canal. Podría mantener una tasa moderada pero positiva y creciente en los próximos años. Aunque el sistema de gobierno sea el de una finca del FS donde las arbitrariedades pueden ser casi todas. El posible hundimiento de la alternativa Alba los puede afectar, sobre todo al partido en el poder, ya que buena parte de su financiamiento lo sacan de ahí. El territorio se halla sometido a fuertes presiones por el cambio climático y el corredor seco El Salvador–Honduras–Guatemala genera grandísimos problemas y hambruna en la población, cosa a la que aún no se le ha sabido poner remedio. En el campo de lo social, Guatemala, El Salvador y Honduras viven con graves problemas por la lucha de las maras. Recientemente, El diario de Hoy en El Salvador señalaba que en varios cementerios, en concreto de San Salvador y Soyapango, y también en muchos más, ya no tienen espacio para enterrar a más gente. Lo hacen en grupos de 5 o 6. La violencia es tal que esto ya está a nivel claramente de guerra. La brutalidad de la misma hace que las migraciones de todo nivel avancen, hasta los niños solos se van hacia Estados Unidos. Otros, hacia cualquier país posible. Las personas que tienen alguna preparación especial, expertos profesionales e idiomas, abandonan el país. No quieren padecer riesgos ni que sus hijos se críen aquí. Además, la corrupción de los gobiernos y funcionarios no hace más que abonar hacia un marco muy invivible y de poco crecimiento. Piénsese que países como El Salvador están en guerra desde hace 35 años. La violencia es lo único que ha conocido la mayor parte de la población y esto marca el inconsciente colectivo hacia posiciones no proclives al positivismo necesario para el desarrollo. El conjunto de Centroamérica necesita de inmediato algunos puntos comunes: proyectos motores económicos, capital extranjero, paz y seguridad, gobiernos capaces y no corruptos, eficacia de gestión, líderes capaces. Parece sencillo, pero de momento no se vislumbran perspectivas positivas en ningún aspecto. Resultado: estancamiento económico y regresión social. A corto plazo este es el panorama. El istmo continua descompuesto y Morazán sigue en el olvido.

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