El gran Cisma monárquico en la Iglesia de Jesucristo (II)

Empiezo con el link de la primera parte de mi escrito con cierto suspense periodístico. El nombre de la rosa (I) D. Vicente Ángel &A…

Empiezo con el link de la primera parte de mi escrito con cierto suspense periodístico.

El nombre de la rosa (I)

D. Vicente Ángel Álvarez Palenzuela es uno de los mayores expertos medievalistas de España. Es Catedrático de Historia medieval en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de una vasta bibliografía. Basta con teclear su nombre. Para ponérselo fácil, el siguiente link puede ser suficiente:

http://www.uam.es/ss/Satellite/FilosofiayLetras/es/1242658543167/1242661603933/persona/detallePDI/Alvarez_Palenzuela,_Vicente_Angel.htm

Se me ocurren ciertos títulos para nuevos trabajos de análisis históricos, a cargo de entendidos curtidos como él, con mi artículo (I y II) como sugerencia. En concreto éstos:

  • Santa Catalina de Siena, embajadora de la Iglesia en Avignon, co-patrona de Italia y Doctora de la Iglesia (1346-1380).
  • San Vicente Ferrer, O.P., valenciano, predicador en Europa incluido Avignon (1350-1419).
  • El razonamiento significante a partir del diálogo socrático del sabio Platón (427-347 A.C.) fundador de la Academia (387 A.C.).
  • El diálogo estructural insignificante de Ferdinand de Saussure (1857-1913) y sucesores.
  • Diferencia entre una herejía y un cisma a propósito del Cisma Político de Avignon.
  • Fabulaciones novelísticas actuales versus estudios actuales históricos, rigurosos y ponderados.
  • Actualidad del cáncer nominalista en quienes invocan el Evangelio.
  • Injerencia clerical en lo temporal y cesarismo del poder político en lo eclesial.

D. Vicente Ángel Álvarez Palenzuela, en la página 17 de su libro El Cisma de Occidente (publicado en su primera edición en 1982 por Ediciones Rialp, S.A. de Madrid), cita la obra de Noël Valois titulada La France et le Grand Schisme d’Occident (Vol I-II, París 1896 / Vol III-IV París 1902) como guía indispensable en muchos aspectos para la elaboración de su libro.

El Sr. Umberto Eco dice como comienzo de su novela: “El 16 de agosto de 1968 fue a parar a mis manos un libro escrito por un tal abate Vallet, Le manuscript de Dom Adson de Melk”. La verdad, es que el abad del que habla y su escrito sobre un manuscrito de dudosa reputación académica, le importa a Umberto Eco. ¿Sólo por el placer de fabular? A mí me importa el libro El Cisma de Occidente por mi interés en conocer documentadamente lo que conviene conocer como laico militante comprometido de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.

Leí El Cisma de Occidente por vez primera a mis 26 años. Esta obra me aclaró -y mucho- el porqué y en qué consistió la doble elección Papal de 1378, con la Sede de la Iglesia instalada en Avignon (Francia), territorio perteneciente al Reino de Nápoles. Desde entonces mantengo y sostengo visceral oposición al cáncer filosófico doctrinal denominado nominalismo. Tal vez porque mi santo patrono es Il poverello d’Asissi, padre Fundador de los O.F.M. (Orden de Frailes Menores). El nominalismo hace daño y pulula aún en demasiados ámbitos cristianos, históricamente primero en los católicos y luego en los protestantes. Es un cáncer filosófico actual en los hermanos cristianos “separados” y en demasiados cristianos “unidos” de la Iglesia Católica.

Una obra formativa de este calibre tal vez no sea incompatible, después de leerla, con el acceso intelectual a la semiótica novelesca de El nombre de la rosa. Es una semiótica del siglo XX que presenta un recurso lingüístico pobre, muy distante del razonamiento propio sustentado en el concepto aristotélico de ponderación lingüística peripatética (περίπατος o dialogar paseando en el jardín del Liceo del sabio Aristóteles). Sin duda, el código morse es mejor que el recurso de la semiótica. Es simbólico, gráfico, claro, simple, universal… y muy inteligible.

No obstante todo código lingüístico universal, como los Apple y Windows sucesivos a partir del DOS (Digital Operating System de Microsoft), es muy inferior en belleza y profundidad al lenguaje simbólico comunicador y significante de Egipto, de Israel, de Grecia y del resto de Civilizaciones cultas de la Humanidad. La lingüística obtenida a partir de 0 y 1, en sistema binario matemático, es una morfología sintáctica que no guarda relación con Ferdinand de Saussure, Claude Lévi-Strauss y otros “peripatéticos” maestros de la nueva sopa de ajo intelectual. Pues es peripatético, en el sentido más vasto y antagónico del concepto que expresa este término, disociar -con pretensiones intelectuales- la estructura lingüística de los significados que expresa un lenguaje. Rizar el rizo no forma parte del περιπατητικς Aristotélico. Al pan, pan y al vino, vino, te expreses en latín o en sánscrito. Saussure era experto en sánscrito. Todavía es hermoso y significativo discurrir con el prójimo paseando con él, sin necesidad de conversar en latín y todavía menos en sánscrito.

Esta obra sobre el Cisma del siglo XIV debiera ser formativa, hace ya muchos años, para todo fiel cristiano y para todo ministro consagrado. Si un joven, en ese caso yo, fue capaz de adquirirla a motu proprio y leerla ponderadamente cum ratio ad fides, ¿para cuándo una explicación episcopal doctrinal sobre este Cisma y su importancia en la Historia de la Iglesia? Pero ante todo, ¿para cuándo una condena metafísica y teológica sin ambages del nominalismo iniciado por el monje franciscano O.F.M. inglés Guillermo de Ockham? No ya del nominalismo histórico, novelado por el Sr Eco en el personaje ficticio del monje detective Guillermo de Baskerville, sino del actual, que circunscribe en el esfuerzo de la propia voluntad (como panacea de virtud católica) la eficacia redentora del Amor de Cristo.

Si a Vd. todo esto le parece catequéticamente complicado, a mí no. En ese caso, créame, no siga leyendo. Pero si no es así, empiezo ahora con mi pincelada. Pincelada presente en mí hace años. Pincelada que expreso en voz muy alta. Empiezo por la página 17 de la primera edición de este libro, que destaco en cursiva y negrita. Son palabras textuales de D. Vicente Ángel Álvarez Palenzuela referidas a la obra de Noël Valois.

“Su autor se muestra un escrupuloso y eficaz investigador de las fuentes y capaz de ofrecer la síntesis más acabada; el contenido supera con mucho el título de la obra. Especialmente profunda en los aspectos de la doble elección de 1378, alcanza un gran valor en la expedición de Luis I de Anjou a Italia y, sobretodo, ofrece un enorme interés en la votación de la primera sustracción de obediencia de Francia. Como su título indica, tiene a Francia como centro y punto de referencia y posee el inconveniente de una excesiva preocupación por demostrar la inocencia francesa en el hecho del Cisma y por resaltar sus esfuerzos y sacrificios en la conclusión del mismo. Es, en gran parte, hostil a Benedicto XIII”.

Las páginas iniciales del libro El Cisma de Occidente (9 a 24) se denominan Fuentes y Bibliografía. Naturalmente, fuentes y bibliografía seguras para historiar certeramente, con raigambre intelectual, a fin de presentar de modo accesible la verdad histórica y su interpretación al gran público que quiera aprender, aprehendiendo. Fuentes y Bibliografía no al final, sino al principio como principio previo antes de toda afirmación ponderada, juiciosa y nada novelesca, por parte de un experto actual en Historia medieval y de la Iglesia. Desconozco si se ha publicado más veces. Lean pausadamente este libro. Les hará bien. En toda biblioteca autonómica pública de relevancia seguro que lo tienen (ISBN: 84-321-2187-8 Depósito legal: M. 17.486-1982).

No pretendo resumir un libro de historia y menos éste. Menos todavía, meterme yo a historiador. Las consideraciones previas iniciales es preciso saberlas bien. Entre otras cosas la introducción “Precedentes del Cisma” señala textualmente lo siguiente:

“El Cisma está exigiendo todavía la investigación de numerosas cuestiones a las que por el momento no podemos dar más que respuestas parciales o no plenamente satisfactorias”.

“La irrupción del nominalismo provoca modificaciones importantes en Europa: en las grandes concepciones políticas, en el papel de las monarquías, en el concepto del Papado y de la Iglesia”.

“La doble elección de 1378 provoca una inmediata división de la Cristiandad en dos bandos enfrentados, en los que se alinean los distintos reinos que integran la Cristiandad”.

“Francia se inclina ante Clemente VII, también lo harán sus aliados, Escocia y Castilla, a quienes une una común hostilidad a Inglaterra”

“Conviene, sobre todo, llamar la atención acerca del hecho de que las naciones en cuyas universidades ha prendido con mayor fuerza el nominalismo sean también urbanistas y, en cambio, las partidarias de la via antiqua sean clementistas. Más aún, el nominalismo constituirá la fuente en que inicie su curso el luteranismo; precisamente el luteranismo alcanzará, salvo Italia, su fuerza en las naciones de obediencia urbanista. No se trata de una coincidencia: cuando la Universidad de París reconoce a Clemente VII, muchos de sus maestros, todos ockhamistas, la abandonaron, dispersándose por otras; de esta dispersión se beneficiaron especialmente las universidades recientemente creadas. No debe sorprendernos que una de las más favorecidas por este éxodo sea la Universidad de Wittemberg. Además, la obediencia urbanista favoreció a aquellas universidades que habían quedado bajo su autoridad, única forma de sostenerse frente al monopolio ejercido por París; pero las doctrinas que sustentaban conducían a una Iglesia en la que el gobierno descansaba en una corporación – el colegio de cardenales- presidida por el Papa.”

“En cambio, los clementistas – hay que tener, desde luego, en cuenta la fuerte personalidad de Benedicto XIII – defienden la doctrina del Primado y el principio de autoridad; por eso, Benedicto XIII se muestra siempre irreductible ante posturas que, aunque teóricamente conducían a la unidad de la Iglesia, era a costa de sacrificar principios irrenunciables.”

Espero que, con estos breves párrafos, colijan Vds. la magnitud de este devenir del siglo XIV y la importancia del nominalismo. Tengan en cuenta que por aquel entonces todavía no existía España como Reino o Nación; tampoco Italia, muy posterior en el tiempo, como tampoco el Reino Unido. Los reinos existentes se articulaban en torno al Papado. El conjunto se denominaba Cristiandad. Mejor dicho: en términos políticos, Imperio o Sacro Imperio. Era el ocaso de la Edad Media y principio de la Moderna. Aunque todo esto queda lejano en el tiempo, el Papa sigue teniendo un efecto imán en la Cristiandad mundial actual y en los modernos Estados. Gracias a Dios, sólo como Obispo de Roma sin aspirar a Papa, anunciando nuestra llamada a evangelizar en las periferias, dando ejemplo de ello como auténtico discípulo de San Ignacio de Loyola.

La semiótica es un discurso de palabras vacías de contenido. Yo no vivo de fábulas novelescas. El nominalismo todavía está muy vivo. Tal vez no con formulaciones teóricas, sino prácticas. Creo haber hablado de ello. El nominalismo hoy, dentro de la Iglesia, es la desviación doctrinal teológica del voluntarismo. Aquella que hace radicar en el esfuerzo de la propia voluntad el camino idílico hacia la santidad. De una falsa santidad alejada del camino del Amor misericordioso y redentor de Nuestro Señor Jesucristo. Desde demasiados ámbitos, en vez de laborar por el Reino de los Cielos en el amor terrenal al prójimo, se desarrollan esquemas de parafernalias como sucedáneos redentores.

En la actualidad, no tanto como proclamas de iluminados sino como intentos falsamente mesiánicos, pero, como siempre, ávidos de poder. De poder, para poder decir a todo prójimo cuál es el camino. Camino sin vida interior, sin rendición al Amor de los Amores, sin invocación del propio mea culpa ante el prójimo más cercano. Hoy, el Cisma (entendido como división de opiniones sin obediencia a la adhesión común preceptuada), tal vez no sea tan notorio como en otras épocas más simplistas en el quehacer diario.

Actualmente el Papa sigue siendo un príncipe. Pero Príncipe que no va de monarca. Sí van todavía de monarcas los Jefes de Estado, Presidentes de Gobierno, etc. Las corrupciones existen igual que antaño. Lo que no existe es la actitud extendida de la Obediencia, a cara descubierta sin militancias oscurantistas, o lo que es peor, con doble cara militante. En militancia abierta se ha declinado en exceso el acato vox populi a lo definido, no sólo dogmáticamente, por el sucedáneo “yo creo que”. O lo que es lo mismo: “yo digo sin mucho conocimiento ponderado de causa. Lo que yo digo va a misa. Es mi libertad. De lo que yo elijo hago bandera”. Y es entonces cuando este borreguismo nada ilustrado, incluso pío, constituye el ámbito de actuación preferente de quienes carecen de escrúpulos de conciencia. De conciencia, a fin de dominar voluntades ajenas, para decirle al prójimo inmediato cómo debe proceder, pero “a la orden de” sin encuadramiento legal militar o de obediencia propia a autoridad política o judicial. Es el ámbito preferente de actuación de los duendes del bosque que embaucan al paseante incauto.

El voluntarismo (formalidades externas aparte) en militancia de templo católico es esto. Me sigo preguntando: ¿para cuándo una condena ilustrada del nominalismo? No ya del histórico. El Cisma de Occidente ya pasó. El Papa volvió al Vaticano. No se enseña hoy, por lo común, la doctrina irrefutable del Doctor Común de la Iglesia. No se profundiza en ella como doctrina intelectual segura para responder a los interrogantes convivenciales del siglo XXI. Se la subestima como entelequia del pasado. No se enseña la lengua griega, origen de nuestra Civilización Occidental. La filosofía brilla por su ausencia. Pese a todo, aún queda algo de las aportaciones de Roma. Es decir, con ignorancia docente y ministerial supina de la lengua latina, debe leerse ciudadanamente el BOE a diario, ya que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Leyes, reglamentos, disposiciones para todo y cambiantes según quien mande. Si manda el mismo también. Es momento propicio para el surgimiento de fanatismos políticos idílicos redentores.

Es momento histórico todavía más propicio para el surgimiento de actitudes santas demostradas sin necesidad de esgrimir banderas para ello. Depende de cada uno de nosotros. Hay quien piensa que basta con ser bueno. ¿En qué consiste ser bueno? ¿En decir amén borreguil cívico para no meterse en líos? ¿Renunciando a la propia capacidad de conocimiento sin ilustración ponderada? A lomos de un asno un Papa que es santo salió al encuentro de Atila. Nadie sabe qué se dijeron. Todos sabemos que Atila dio media vuelta y no arrasó Roma. Atrás queda el siglo XIV. Debiéramos todos aprender la lección que nos deparó este siglo.

Pero volvamos al Cisma. Acontece con la corte papal instalada en Avignon, territorio francés perteneciente al Reino de Nápoles. Este cambio reforzó la Monarquía universal del Papado. Hubo varios intentos de volver a Roma. No fue posible. El siglo XIV transcurrió con la Sede papal fuera de Roma. A mi modo de ver, es el siglo más político. Ambiciones de poder, injerencias políticas en los sucesivos Pontificados, Pontífices ejerciendo como monarcas, hostilidades y alianzas entre Reinos, inconsecuencias, silencios cobardes, traiciones, ambiciones, asesinatos, excomuniones, matrimonios regios pactados a la carta, pactos diplomáticos, episodios bélicos, paces aparentes y… vuelta a empezar. ¿Vacío de poder espiritual en los sucesivos Papas? ¿Falta de visión? Más bien pienso lo contrario, a pesar de las limitaciones humanas. Lo que contemplan mis ojos históricos es el cesarismo de los monarcas de los distintos reinos, con sus continuos intentos de invadir el ámbito de la Iglesia. No tenían suficiente con sus disputas. Necesitaban influir en la persona del Papa. Al mismo tiempo se orillaba el gran magisterio intelectual de Santo Tomás de Aquino plasmado el siglo anterior.

Me dirán Vds. que esto y lo acaecido en los siglos posteriores es historia. Lo es. Pero los errores se repiten. Estamos en el siglo XXI y personalmente rechazo los intentos de todos los “mesías” que se erigen en salvaguardas de la Civilización. ¿Civilización? ¿Cuál? ¿En qué consiste? De entrada en el más absoluto vacío intelectual. A continuación, en resucitar la bíblica Torre de Babel.

Resumiendo:

  • El Papa Gregorio XI – a sus 47 años- abandona Avignon el 13 de septiembre de 1376 y llega a Roma el 17 de enero de 1377. Con precario estado de salud, el 19 de marzo de 1378 tomó importantes decisiones respecto a su sucesión, entre ellas la elección mínima con mayoría de dos tercios en Cónclave. Quiso volver a Avignon ante tanta hostilidad romana encontrada. Y con mayor motivo si los Cardenales instalados en Avignon no quisieron acompañarle a Roma. Fallece el día 27 de marzo de 1378. El hecho de disponer de tropas, incluso mercenarias, era común en todo reino. El Papado, también. Las injusticias o excesos de poder no tienen exclusivas. Este siglo XIV -a mi modo de ver- es el de mayor injerencia de los poderes políticos en la esfera de lo espiritual. Este abuso de esfera recibe el nombre de cesarismo, sea cual sea el modelo político dominante.

  • No es de recibo, con mentalidad moderna de los últimos siglos, incluido el XXI, invocar esto como justificación del rechazo al Papado y -con él- la oposición a la Iglesia. No es de recibo aspirar a cargo de Cardenal dentro de ella. Ni entonces ni ahora. Es de mucho recibo ser elegido Papa por el Espíritu Santo y dirigirse al Pueblo de Dios pidiendo “Ayudadme a ser Papa”. De hecho, con mentalidad moderna (¡moderna de qué!), no se entiende hoy un Cónclave a puerta cerrada sin cámaras de televisión, con votaciones secretas y deliberaciones a veces de varios días. El periodismo hace quinielas y siempre se equivoca con sus vanas predicciones. Pero el pueblo llano sigue entendiendo qué quiere decir fumata negra y fumata blanca. Fumatas que escapan a la comprensión intelectual de quienes prefieren hoy lo que prefirieron en su día Juan Duns Scoto y Marsilio de Padua con su Defensor Pacis, Wyclif y Guillermo de Ockham con su nominalismo. Corriente de pensamiento ésta última instalada en Oxford como realismo franciscano. Oposición, nada franciscana, a la síntesis de pensamiento irrefutable de Santo Tomás de Aquino aportada en el siglo XIII. En el campo del pensamiento todo ello tenía por objeto cuestionar la autoridad doctrinal del Pontificado.

  • No es de recibo que yo les cuente un libro. Es de mucho recibo que sean Vds., por Vds. mismos, conocer qué pasó con la doble elección papal de 1378, con la elección de Urbano VI en cónclave romano no secreto y con vía de urgencia política bajo presión popular con agitación en la calle. Con ausencia de los cardenales franceses y con división del colegio cardenalicio sin secreto deliberativo garantizado.

  • Urbano VI Papa y Clemente VII Papa. Suscribo el final de la nota 2 a pie de página 61: “Por nuestra parte, otorgaremos el título de Papa a los Pontífices de ambas obediencias, ahorrando el injurioso título con que han sido motejados algunos de los protagonistas de los acontecimientos que estudiamos. Quizá lo más prudente sea, como ya hizo Martín V al referirse a cualquiera de sus antecesores, denominarles como <<elegido Papa en su obediencia>>”.

  • Es de recibo que yo relea de nuevo este libro por mi mismo y para mi bien. Y es de recibo que, en letra negrita, yo les reproduzca los tres párrafos finales de la introducción. A quien piense que esto ya está “superado”, yo le digo que no. El Calvinismo, el Luteranismo y la Iglesia Anglicana no surgieron por qué sí. Son nuestros “hermanos protestantes separados” pero sin Eucaristía y perdón de los pecados.

<< Pero, fundamentalmente, lo que se enfrenta en el Cisma es el trascendentalismo tomista y el inmanentismo ockhamista; el clementismo se adscribe a la primera corriente; su reforma consiste en un retorno a la vida interior, y realiza una defensa de la correcta doctrina del Primado. Los urbanistas ceden al inmanentismo, al conciliarismo y favorecen corrientes wyclifitas.

El concilio de Constanza permitirá apreciar que el enfrentamiento esencial, por encima incluso de la cuestión de la unión de la Iglesia, es la que opone a escolásticos y ockhamistas. La solución dada por el momento – en ella tuvieron parte sustancial y decisiva los representantes españoles – salva la doctrina del Primado. Pero no es un triunfo definitivo, porque el conciliarismo volverá al ataque con redoblados bríos en Basilea; no sin gravísimos quebrantos, Eugenio IV volverá a restablecer la autoridad, pero el ockhamismo se integra después en la revolución protestante.

A lo largo de todos estos acontecimientos, lo que se produce es una crisis de la civilización cristiana – fin de la unidad de la civilización medieval, triunfo de la pluralidad moderna-, que va a producir una renovación, pero entendida de manera distinta por trascendentalistas e inmanentistas: los primeros son el cauce de la reforma católica; los segundos, de la revolución protestante>>.

(“El Cisma de Occidente” página 57)

PD 1. En mis libros guardo estampas como puntos de libro. Les digitalizo la que guardo en éste en lengua italiana, junto con la portada y contraportada del libro. Son los cuatro ángulos de un libro en el rincón de mi blog. Libro y blog no aptos para duendes. Tal vez para paseantes incautos inteligentes con bondad en el corazón. No busquen la frase latina copyright mío de mi anterior escrito. He querido decir con ella “yo digo ahora, o mejor dicho también dijo César y muchos a lo largo de los siglos”.

PD 2. Junto con el link de este excepcional artículo que sigue- corto, nada filosófico y muy catequético- http://es.catholic.net/op/articulos/43128/el-voluntarismo.html, les acompaño unas notas tomadas ayer a boli en mis clases de la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino:

“La finalidad de la voluntad es querer el bien y eso es amar. Amar no es otra cosa que querer el bien. Sin el amor del bien la voluntad no quiere nada. Desear es otra operación. Si uno no ama no puede desear”.

“Estudiar el tratado de las pasiones de Santo Tomás de Aquino. Es lo mejor para entender la psicología humana”.

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