El laicismo que viene

En España, el laicismo que viene es el de la exclusión religiosa con la pretensión de reducir el hecho cristiano a la vida privada en el sentido más e…

Forum Libertas

En España, el laicismo que viene es el de la exclusión religiosa con la pretensión de reducir el hecho cristiano a la vida privada en el sentido más estricto del término: los hogares y los intramuros de la parroquia. El objetivo es recortar el hecho religioso, que por su dimensión colectiva es necesariamente público, y reducirlo a una caricatura de sí mismo. No se trata de ningún discurso genérico, sino de un proyecto político asumido por la fracción del Partido Socialista que hoy nos gobierna. En el ámbito español, esta iniciativa tiene en Gregorio Peces Barba, la ministra de Educación Maria Jesús Sansegundo, los ministros Juan Fernando López Aguilar (Justicia) y José Antonio Alonso (Interior), junto con Luis López Guerra, secretario de Estado de Justicia, el diputado socialista Victorino Mayoral y el secretario de Política Municipal y Libertades Públicas del PSOE, Álvaro Cuesta, sus impulsores más importantes.

Su objetivo es legislar un estatuto de laicidad que coordinará la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, con derivaciones hacia los ministerios de Justicia, Asuntos Sociales y Economía. Dos organizaciones presididas por el diputado socialista Victorino Mayoral, la Fundación Educativa y Asistencial CIVES y la ONG Liga Española de la Educación y la Cultura Popular constituyen dos de las plataformas que han trabajado en esta tarea y que disponen de importantes medios económicos: en 2003, 5,8 billones de euros en su mayoría procedentes de subvenciones de las administraciones públicas. El objetivo es hacer desaparecer todo rastro de cristianismo de los ámbitos públicos y adoptar medidas para poner en dificultad económica a la Iglesia y a las organizaciones católicas.

Esta acción posee perfiles propios en determinadas comunidades autónomas. Por ejemplo en Catalunya la Generalitat, tal y como informo Forum Libertas, ha establecido un convenio con la plataforma laicista que incorpora entre otros la Asociación de Ateos de Catalunya y diversas organizaciones masónicas para generalizar el laicismo en la sociedad. Algunas de las propuestas de esta plataforma llega al absurdo de proponer que la Semana Santa no sea festiva o que las Fiestas Mayores no correspondan a festividades religiosas.

Un caso particular es el del Ayuntamiento de Barcelona, que ha constituido en muchos aspectos un intelectual orgánico del laicismo en sus áreas de Cultura y Educación. Poco tiempo atrás, se celebraron unas jornadas de estudio sobre cómo desarrollar esta ideología en el campo de la educación. Y ahora mismo existe una polémica que se extenderá hasta pasadas las fiestas navideñas, porque un buen número de guarderías municipales han eliminado del belén las figuras de la Virgen María, San José y el Niño y lo han calificado con el nombre de “paisaje de invierno”, todo ello con el objetivo de construir una simbología neutral para que los alumnos musulmanes no puedan sentirse ofendidos. El absurdo es llevado al extremo de que además, en algunas de estas guarderías, están prohibidos los productos del cerdo para todos los niños por idéntica razón. Ya no se trata de facilitar a los musulmanes que cumplan con sus preceptos, sino de condicionar la vida de los restantes niños a este hecho. ¡El cirio que montarían si dijéramos que, en Cuaresma, las escuelas es mejor que sirvan pescado!

Recapitulando: Es exagerado describir la situación actual como de persecución. Esto es una evidencia. Pero también lo es que existen datos, hechos sobrados, de una acción continuada de los poderes públicos que, si se cumplieran, tendrían el mismo resultado a medio plazo que la persecución religiosa, es decir, el confinamiento de los cristianos en las catacumbas de sus hogares y lugares de culto, con el añadido de que todo lo católico llevaría el sello de lo peyorativo. La asimetría en el trato es cada vez mas obvia. La Generalitat de Cataluña, por ejemplo, ha reducido sustancialmente las subvenciones a las organizaciones cristianas, al tiempo que ha alimentado de una manera extraordinaria los recursos para las asociaciones islámicas, homosexuales y feministas mientras introduce nuevas ayudas como la ya apuntada de la plataforma para el laicismo.

Ante estos hechos puede haber tres actitudes equivocadas. Una el acogotamiento que puede tener múltiples manifestaciones, desde confundirse con el paisaje, al síndrome de Estocolmo. Dos el reaccionarismo puro y duro reduciendo el hecho católico a otra caricatura de si mismo, finalmente el espontaneismo del que hemos tenido un ejemplo en la iniciativa en relación a la manifestación convocada para el 18 de diciembre delante de las catedrales. Una buena fe puesta al servicio de una potencial manipulación.

La respuesta correcta sólo puede nacer de dos fundamentos: el primero y esencial, el vigor y madurez de nuestra fe en la medida en que seamos capaces de reconvertirnos, de depurar nuestras impurezas y reconciliarnos con Dios. Así seremos capaces de encontrar la respuesta en la forma y en el fondo más adecuada. Eso y la confianza absoluta en el viento del Espíritu de Dios y en su fuerza.

El otro fundamento es de carácter mundano; nos corresponde a nosotros hacerlo bien y, en esto, está casi todo inventado. Necesitamos mejorar nuestra organización, construir una potente unidad de propósito y acción donde las visiones de cada uno se flexibilicen lo suficiente para articularse en objetivos comunes. El esfuerzo en construir sinergias de nuestros distintos recursos, el ejercicio de la movilización sistemática, programada y estratégicamente bien planteada, porque ésta es como un músculo que necesita de la práctica continua y bien hecha para crecer, y todo ello hecho de manera que mostremos a la sociedad que no estamos reclamando nada particular sino promoviendo los derechos y el ejercicio de las libertades sin manipulaciones ni cortapisas, así como el respeto a la dignidad de las personas, que pasa también por el respeto a su condición religiosa.

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