El niño y el gusano de ortiga

Una nueva entrega delas fábulas de Esopo, en esta ocasión El niño y el gusano de ortiga, nos advierte sobre un riesgo muy actual:…

Una nueva entrega delas fábulas de Esopo, en esta ocasión El niño y el gusano de ortiga, nos advierte sobre un riesgo muy actual: el de las malas compañías. El sabio consejo de los padres es uno de los mejores antídotos.

El niño y el gusano de ortiga

“Un niño fue herido por un gusano de ortiga.

Corrió a su casa y dijo a su madre:

– Me ortigó fuertemente, pero yo solamente lo toqué con suavidad.

– Por eso te ortigó –dijo la madre-,

la próxima vez que te acerques a un gusano de esos,

agárralo con decisión, sin caricias,

y entonces será tan suave como seda,

y no te maltratará de nuevo”.

Mi querido amigo Esopo: No sé si la táctica de esta buena madre evita realmente el picor de los gusanos de ortiga; yo, por si acaso, prefiero dejarlos caminar tranquilamente. Pero sí es de gran sabiduría el principio pedagógico que le deja a su hijo: no coquetees con los malvados, intentando llegar a componendas con ellos, so pena de terminar en su mismo mal.

La madre, como las madres de todos los siglos, saben que las malas amistades, los malos influjos, pueden ir penetrando en sus hijos casi sin darse cuenta. Y primero son travesuras sin importancia, juegos de niños, luego son diversiones a escondidas, y de repente sienten el picor de este gusano de ortiga, la inquietud de haber hecho una travesura demasiado grande. Si en esos momentos el niño acude a sus padres, o estos saben intuir su picor, el peligro puede ser salvado; pero si ya no hay cercanía entre padres e hijos, el picor puede dañar el corazón, y las malas amistades perder al niño bueno.

Al insolente, irrespetuoso, o delincuente, debe demostrársele siempre que la autoridad prevalece sobre él

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