El niño y los dulces

Un sencillo ejemplo le sirva a Esopo para dejar constancia en nuestro tiempo, con El niño y los dulces, de un refrán de sobras conocido:…

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Un sencillo ejemplo le sirva a Esopo para dejar constancia en nuestro tiempo, con El niño y los dulces, de un refrán de sobras conocido: "quien mucho abarca poco aprieta". En ese sentido, la avaricia no es nunca una buena consejera.

El niño y los dulces

“Un niño metió su mano en un recipiente lleno de caramelos.

Y tomó lo más que pudo, pero cuando trató de sacar la mano,

el cuello del recipiente no le permitió hacerlo.

Como tampoco quería perder aquellos dulces,

lloraba amargamente su desilusión.

Un amigo que estaba cerca le dijo:

-Confórmate solamente con la mitad

y podrás sacar la mano con los caramelos”.

Mi querido amigo Esopo: cambias en esta fábula tus principales protagonistas, los animales, por un sencillo niño al que le gustan los caramelos. Ejemplo sencillo, de tu siglo y del nuestro. Este pequeño, inocente pero también goloso, quiere muchos caramelos, y yo añado: todos o casi todos para él. Ya desde pequeños nos gusta tener muchas cosas, cuantas más mejor. Y con tus sabias palabras nos enseñas que la avaricia y la soberbia son malas consejeras.

La primera nos empuja a tener cosas y más cosas. ¿Para qué? Sólo para tenerlas, poseerlas. Como diría un clásico de este siglo, Tolkien, son “mi tesoro”. La segunda, la soberbia, nos empuja a pensar que yo, “el gran señor”, debo tener muchas posesiones, las merezco y me son debidas.

Tu consejo nos invita a encontrar nuestro sitio: no querer poseer o abarcar mucho, sino trabajar humildemente cogiendo la cantidad que me permita sacar la mano del recipiente.

Nunca trates de abarcar más de lo debido, pues te frenarás

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