El referéndum del Estatut y las perspectivas electorales

Este domingo pasado, el periódico La Vanguardia de Barcelona, publicó una primera encuesta sobre el referéndum del Estatuto y también sobre los result…

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Este domingo pasado, el periódico La Vanguardia de Barcelona, publicó una primera encuesta sobre el referéndum del Estatuto y también sobre los resultados de unas hipotéticas elecciones autonómicas.

Sobre el referéndum, el 56% votaría a favor mientras que el resto se abstendría, votaría en blanco o en contra.

Planteadas así las cosas, este resultado, si bien no es para tocar campanas, porque sólo un poco más de la mitad de la población está a favor cuando en el Parlamento catalán el resultado se acercó al 90%, sí resultaría mejor que el del anterior Estatuto por una razón fundamental: estas cifras indicarían que la participación sería más elevada, puesto que sólo un 13%, al que quizás cabría añadir el 6% del no sabe/no contesta, se abstendría, mientras que el 25% votaría en contra o en blanco.

En el anterior referéndum la participación se situó ligeramente por encima del 60%.

Claro que se puede pensar que en las encuestas, una parte importante de la población está decidida a abstenerse pero engaña en la respuesta. Si esto se cumpliera la participación sería más baja. En sentido contrario, hay que apuntar que la presión mediática y política será extraordinaria. Prácticamente ninguno de los medios más vistos, leídos o escuchados en Cataluña estará en contra. Por consiguiente, cada ciudadano recibirá una carga cotidiana de dos meses de duración, si se confirma la previsible fecha del 18 de junio como cita con las urnas.

Quienes se oponen al Estatuto, bien con el “No”, bien rechazando el “Sí”, por tanto, postulando un tipo de respuesta más amplia que incorpora la abstención, el voto blanco y el negativo, pueden agruparse en dos bloques diferenciados.

Por una parte, uno político que es el que forma el Partido Popular, y el otro como corriente social promovida por el Pacto por la Vida, que engloba a casi un centenar de organizaciones entre las que destacan E-Cristians, la federación Pro-Vida, Profesionales por la Ética y un largo etcétera. Este último grupo, amplio y heterogéneo en cuanto a su adscripción política, coincide en el rechazo al Título I del Estatut y, por consiguiente, si éste no se modifica en el Senado, el rechazo se extenderá al conjunto del Estatuto. En este contexto, es interesante definir quienes ganan y pierden, y en qué condiciones.

Si el Estatuto es refrendado por un margen superior en participación y más votos afirmativos sobre censo con los que fue aprobado el actual, el principal beneficiado a distancia, será Rodríguez Zapatero, y el partido socialista; más el PSOE que el PSC, y por tanto menos Maragall que Zapatero.

Esto ya se vislumbra en la encuesta de La Vanguardia donde casi la mitad de entrevistados considera que quien ha contribuido en mayor medida a la aprobación del Estatuto es el PSOE, mientras que sólo un 26% piensa esto de Convergencia.

Esto significa que una parte substancial de votantes de CiU considera que han sido los socialistas quienes han hecho posible el nuevo texto. Esto se confirma cuando en la misma encuesta Zapatero alcanza el 77% de valoración buena o muy buena en Cataluña, e inspira una confianza del 79%, mientras que Rajoy solo alcanza el 11%. Zapatero, hoy por hoy, barre en Cataluña.

No es Artur Mas y Convergencia i Unió el principal beneficiado, a pesar de las fotos o precisamente por ellas.

Esto se traduce en una perspectiva electoral que vuelve a situar a esta federación en segundo lugar y por debajo de los socialistas, manteniéndose ERC como el partido bisagra para dar la Generalitat a unos o a otros. Un buen resultado en el referéndum reforzaría a Maragall y llevaría en volandas a Zapatero, y alejaría a Mas de las elecciones avanzadas y, sobre todo, de la victoria.

Sin duda y a la vista de las cifras, CiU se ha equivocado en su estrategia de empujar primero al alza el Estatuto, para después, aplicando el realismo, pactar en solitario con Zapatero.

Con el Estatuto aprobado, sin otros temas alternativos encima de la mesa, porque CiU se ha dedicado prácticamente al monocultivo, Maragall no lo tendrá muy difícil para repetir, a pesar de que su gestión y la de su gobierno no es que sea de desastre sino que se ha convertido en una pura parodia.

El Partido Popular ganará en la medida que los “No”, superen ampliamente su electorado, que en estos momentos fluctúa entorno al 8-13%. La cifra más baja es la de ahora, la más elevada corresponde al mes de julio del año pasado. Si el No se sitúa por encima del 15%, con claridad y, sobre todo, si alcanza el 20%, el Partido Popular habrá salvado los muebles en Cataluña.

Esto, claro está, sin contar lo que haga ERC, porque si esta formación se decide por el “No”, cosa improbable, entonces los parámetros como es lógico cambian substancialmente. A día de hoy nada parece indicar que esta sea su postura final, más bien las dudas se sitúan entre un “Sií” crítico, a efectos prácticos “amén”, o el voto blanco o nulo.

Finalmente, la corriente social cristiana no tiene tanto un objetivo electoral como aprovechar la ocasión para ganar en penetración social y organización, a la vez que abre un debate sobre la cultura moral y el valor de las instituciones sociales que en Cataluña, lo mismo que en toda España, es inédito. Para este sector que no obedece a lógicas de partido, el debate sobre el Título I le ofrece la oportunidad de ampliar su presencia.

En definitiva, es el inicio de una nueva fase más que el fin del proceso estatutario. Naturalmente esto no significa que deba despreocuparse del resultado electoral, sino que cuantos menos votos afirmativos registre el Estatuto más se verá reafirmada su presencia. Aquellos que por razones políticas votarían sí al Estatuto pero están en desacuerdo con el Titulo I pueden abstenerse o votar en blanco sin violentar sus convicciones políticas, mientras que aquellos que consideran rechazable más aspectos tienen en el “No” su posición más adecuada.

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