El Sínodo de los Jóvenes y el futuro del mundo

Ser dogmático en la esencia no implica taparse los ojos y no escuchar ni adaptarse; es compatible con ayudar a caminar el camino con responsabilidad, holgura y reciedumbre

Sínodo

En esencia, es éste el motivo y no otro de que la Iglesia no sea escuchada (mejor dicho, seguida, porque sí la escuchan para criticarla): es tachada de dogmática. La gente de hoy quiere ir a la suya, gritarte “¡Aquí estoy yo!”, que les mires (más que ver), y encima, que les alabes su impertinencia. Pero tienen razón, la Iglesia es dogmática, como la Naturaleza lo es. Diles, pues, que no debemos pretender tener sometido el mundo en que vivimos, y menos aún someter a los demás y encima protestar de que te someten. La realidad incuestionable es que hay cosas (la mayoría de las cosas) que se nos escapan a nuestro poder y albedrío. Por eso debemos aceptar la realidad como es, por más que sea lícito profundizar en sus leyes a fin de adaptarnos a ella lo mejor posible, que no la quimera de someterla. Es así y no puede ser de otra manera, porque todo proviene de Dios, y Dios es Dios, el Inalcanzable, cuyos caminos son inescrutables; y nosotros, simples humanos creados a su imagen y mortales. Es esta también la razón por la que es tan acertada la idea de que el próximo Sínodo de los Obispos de octubre de 2018 venga anticipado por una reunión pre-sinodal, el Sínodo de los Jóvenes de este marzo. Para que se cuente con la participación de tantos jóvenes, para que den su opinión y manifiesten sus inquietudes. Ser dogmático en la esencia no implica taparse los ojos y no escuchar ni adaptarse; es compatible con ayudar a caminar el camino con responsabilidad, holgura y reciedumbre. Un acertado método, pues, de conseguir desde la raíz la participación de las nuevas generaciones (que son el futuro) en el rumbo de la Iglesia, hasta donde sea posible. Porque, si las personas se sienten partícipes de la creación y desarrollo de un proyecto de futuro enraizado en el presente tal y como son el presente y esas personas, será más fácil que sean capaces de llegar a comprender el porqué de las cosas. Y se reducirá al máximo el peligro y la tentación, en la que caen muchos en la actualidad, de quererlo todo preparado, servido y al momento. Como esos que pretenden unas relaciones sociales y una vida de usar y tirar a gusto, tener a las personas listas para chuparles del bote en cualquier momento que las necesites, para seguir el camino así, chupando del bote aquí y allá, sin reconocer ni aceptar la realidad y la personalidad propia y ajena como son, con sus luces y sus sombras. Será una buena manera de que la buena semilla que también hay en la mayoría de los jóvenes sea mañana la planta recia que crezca y haga crecer a la Iglesia, y al mundo con ella.

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