Elecciones europeas: ¡Cómo nos cuesta ir a votar!

Creo que en general no se es demasiado consciente de ello pero vivimos dentro de una crisis grave, y no me refiero ahora a la económica, sino a…

Forum Libertas

Creo que en general no se es demasiado consciente de ello pero vivimos dentro de una crisis grave, y no me refiero ahora a la económica, sino a la disociación entre las instituciones europeas, incluido el Parlamento y los ciudadanos. Y esto es grave porque el Parlamentoy la Comisión poseen atribuciones reales, toman decisiones importantes aunque no en la medida del demagógico -para variar- anuncio socialista que señala que el setenta por ciento de las leyes se aprueban en Estrasburgo, con lo cual si fuera exacto dejaría al Congreso de los Diputados y a los parlamentos autonómicos con cara de inútiles. Asimismo nadie sabe qué diablos hacen los parlamentarios europeos. Solo como flor de un día surgen cuestiones aisladas que tienen un valor anecdótico, morboso o en algunos casos incluso son importantes, pero no hay la más mínima atención continuada. A pesar de que entre Bruselas y Estrasburgo hay en juego miles de millones de euros y, no lo olvidemos, buena parte de nuestro futuro que no tiene respuesta en el marco estricto de un Estado.

La raíz del problema, y lo digo sin matices porque no los tiene, es que se practican unas elecciones europeas sin partidos de esta naturaleza. Es como si a las elecciones generales españolas acudieran sólo partidos nacionalistas o regionalistas que después se aliaran en el Parlamento, formando grupos con pocos denominadores comunes. Por tanto, hablando con rigor, hasta que no existan algunos partidos realmente europeos que funcionen a esta escala, como sucede en EEUU o la India, esto no tendrá arreglo. Podrán coexistir con partidos de ámbito menor pero la articulación básica depende de como mínimo dos de estas grandes organizaciones.
Dicho esto, la melancolía se vuelve tristeza cuando se contempla la campaña española, porque en el contenido de los planteamientos no aparece para nada una lógica europea. El partido socialista se dedica a insultar y a provocar a la gente. Es como aquel mal equipo de fútbol que para intentar mantener el empate convierte el encuentro en una bronca, a ver si todo el mundo se desconcentra y nos olvidamos de lo que realmente nos interesa. Su ejemplo es pésimo y los propios socialistas razonables deberían aprovechar esta ocasión para negarles el voto, obligándoles así a una reflexión sobre la forma de hacer política.
El PP plantea sus elecciones en clave absolutamente interna y, en este sentido, repite los planteamientos de las últimas generales. Es decir, parece una vez más decidido, por sus candidatos y sus discursos, a que la distancia que le saquen los socialistas en Cataluña sea tan estratosférica que les aporte al balance global de España la posibilidad de salvar la cara. Si esto sucede, el PP, además, deberá meditar la reiteración de este error en la perspectiva de las próximas generales y bajo el dato de que en realidad, y según señalan las encuestas para las elecciones autonómicas, los socialistas van de capa caída. Es decir, el resultado no es consecuencia de una maravillosa estrella ascendente, llámese Zapatero o Chacón, porque está claro que ambos han demostrado que su vuelo a duras penas supera la condición de gallináceo. No, si en las europeas el PSC-PSOE vuelve a arrollar al PP en Cataluña, será simplemente por los deméritos de éste en su planteamiento electoral.
Lo impresentable se hace evidente en la parafernalia de los carteles y estratagemas electorales. Iniciativa per Catalunya monta el suyo a base del preservativo y el Papa, que como se sabe es un tema de máximo interés europeo. Mientras que el PSC monta su lista electoral a base de hacer desaparecer a toda la gente del PSOE, y renumerar a los miembros que quedan, de manera que uno que aparece en la lista como cuarto puede resultar que en realidad sea el 17 y no vaya a salir. En otras palabras, se le da al ciudadano una papeleta para que vote aquello que no corresponde a lo que realmente va a salir. Esto es un engaño puro y duro, aceptado por todos, incluidas las Juntas Electorales.
Estas elecciones europeas son tan raras que dan lugar a líos tan tremendos como el montado por la coalición entre Libertas, un partido europeo de teórica matriz cristiana, y Ciutadans, partidario del matrimonio homosexual, el aborto y todo el resto de la agenda. Se ha de estar muy molesto o muy liado para apoyar algo que resulta tan inconsecuente.
Como difícil es, no tanto como el caso anterior, saber para qué va a servir el voto para CiU, porque aproximadamente en el 40% de los temas que se va a tratar el Parlamento, la “C” va a votar una cosa, la “U” otra y la “i” se va a caer por el despeñadero. En realidad, el planteamiento electoral es tan enloquecido que se vota a una misma candidatura que teóricamente tiene el mismo programa para el Parlamento Europeo, pero que al día siguiente de las elecciones un diputado se irá al grupo liberal y otro al grupo popular, que normalmente no coinciden en muchas cuestiones clave.
Estamos en lo mismo de siempre: Votar se ha convertido en un gesto simbólico que carece en la mayoría de casos de traducción práctica. Carece excepto en un punto: probar de echar a Zapatero. Visto lo visto, desde el punto de vista del voto táctico, que también existe, la elección más clara sería a la fuerza que mejor exprese el rechazo a Zapatero. Uno lo puede hacer aplaudiendo o tapándose la nariz, pero es una buena solución. Nada de medias tintas, que las elecciones europeas sean el principio del fin de esta gente que intenta imponernos un nuevo régimen utilizando medios legales de manera abusiva o directamente fraudulentos.
Esto o la abstención consciente, que en contra de lo que digan algunos tiene un fuerte impacto político, si es alta. O el voto en blanco, que es la expresión de una notable conciencia cívica.
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