Encadenados al deseo: de la ideología de género al transhumanismo (VI)

Preparación del transhumanismo

La ideología de género funciona también como una destrucción de la significación de ser hombre, un efecto de poderosas ramificaciones, aunque sin duda la más importante es la dilución de la paternidad. La crisis de identidad de los hombres en este tiempo, reiteradamente apuntada, surge precisamente de la liquidación -de su intento- de las pautas culturales que traducían y ordenaban la naturaleza humana masculina surgida de su base material, de su genotipo. Esta sigue ahí como siempre, pero lo que era una tarea de la sociedad, y de la familia, construir a partir de su naturaleza, el fenotipo, es lo que está en crisis. Es una de las graves afectaciones ocasionadas por la ideología de género en su uso político. Cataluña constituye una versión visible del alcance político de esta ideología, porque posee una gran hegemonía. En el 2015, cuando su Parlamento abordó la lucha contra la discriminación, rechazo una legislación integral que contemplara la situación de los diversos grupos y legisló solo para las personas GLBTI, y las mujeres. En el primer caso, la regulación está formulada en términos claramente de fomento y de privilegios, en el sentido de que se les otorga ventajas y prerrogativas especiales que nada tienen que ver con la no discriminación, hasta el extremo de introducir la inversión de la carga de la prueba: el denunciado como causante de una discriminación debe probar su inocencia, lo cual confiere una potente arma coactiva a sus grupos de presión. La segunda normativa, dedicada a la mujer, está centrada en la acción de los poderes públicos para educar a la sociedad en la ideología de género. El Cardenal Ratzinger definía con precisión el hecho y la secuencia cuando escribió: “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género, el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo”. No está nada claro que la concepción de la perspectiva de género precediera a la teorización sobre la identidad sexual. Más bien puede ser lo contrario. La naturaleza del discurso y del testimonio vital de líderes de esta ideología, como Judith Butler, lo avalaría. La teoría serviría para elevar a categorías pretendidamente universales lo que son simples deseos homosexuales. Se trataría de engrandecer el deseo hasta transformarlo en identidad. Una singularidad llamativa de las denominaciones de las distintas tendencias, lesbianismo, bisexualidad, transexualidad, todas estas y otras más de la amplia gama que se limitan a ser nombres que definen el comportamiento, con la excepción del homosexualismo masculino. El femenino es una lesbiana y esto no ha cambiado, como no lo han hecho las demás apelaciones, con la excepción del intergénero, calificado en el ámbito medico como hermafroditismo. En el caso de los hombres homosexuales ha sido necesario inventar, diseñar una palabra nueva que nada tiene que ver con lo que describe: gay. Y esto es así porque sus substitutos habituales, el más generalizado es el de ‘maricón’, poseen una profunda carga despectiva, de descalificación. La reflexión radica en por qué esto solo ha sido necesario en relación a los homosexuales, cuando su práctica hace años que está excluida del catálogo de los trastornos sexuales, cosa que no sucede con los hermafroditas, lo que explica el uso de otra denominación, pero no ha sido necesaria para las homosexuales. Gay es una palabra de origen occitano, que se extendió a las lenguas vecinas, catalán, francés, portugués y español. Su significado inicial –y esto explica que sea un apellido relativamente frecuente en Cataluña- significa alegre, como la palabra latina originaria gaudium, gozo, y se utilizó en este sentido porque fue una característica de la poesía de trova occitana, también llamada la gaya ciencia. Antonio Machado la utiliza en este sentido en una poesía de 1913, ‘Meditaciones Rurales’. En su forma francesa ( y catalana) Gai, fue introducido en la lengua inglesa desde el francés, y con el paso del tiempo tomó carta de naturaleza como una de las formas de denominar al homosexual, como “chico de vida alegre”. La ideología de género por la dinámica de su concepción prepara a la cultura, a los sistemas morales que la han asumido, para el salto siguiente: el Transhumanismo. VER: Encadenados al deseo: de la ideología de género al transhumanismo (V)

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