Escándalo en un caso de adopción: dos lesbianas someten a su hijo a un tratamiento de cambio de sexo

Hace tan solo unos días advertíamos sobre los riesgos de las estructuras familiares experimentales al informar de que la Corte Suprema d…

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Hace tan solo unos días advertíamos sobre los riesgos de las estructuras familiares experimentales al informar de que la Corte Suprema de Australia había retirado la custodia de un niño a una pareja de mujeres por colgar una foto del menor en Facebook vestido de niña.

Ahora, ese reprobable hecho se ha quedado corto ante la decisión de otra pareja de lesbianas, esta vez en California (Estados Unidos), que han sometido a su hijo de 8 años adoptado a un tratamiento de cambio de sexo, con la excusa de que el niño tiene un “trastorno de identidad sexual”.

La cadena CNN ha sido la encargada de desatar una intensa polémica entre la opinión pública estadounidense al difundir el caso de Thomas Lobel, un niño que ahora tiene 11 años, al que sus madres adoptivas hicieron aplicar un tratamiento hormonal para convertirlo en una niña que se hace llamar Tammy.

El niño fue adoptado a los dos años de edad y a los cuatro años tuvo un intento de automutilación. Según la pareja, una de las primeras cosas que dijo Thomas fue: "soy una niña" y lo hizo en el lenguaje de signos porque sufre un defecto en el habla.

Las mujeres admiten que siempre quisieron que Thomas fuera una niña pero sostienen que nunca lo presionaron para que se convirtiera en mujer, según informa Aciprensa.

Los riesgos de este tipo de adopciones

Para la psiquiatra Maíta García Trovato, el caso de Thomas Lobel es el de “un niño seriamente perturbado que amerita más que un tratamiento hormonal, asistencia psiquiátrica. Para él y para sus dos madres”, dice.

“¿Qué capacidad de decisión puede tener un niño de 11 años?”, se pregunta García Trovato.

La experta considera que “a los 8 años, en una familia normal, tus padres te enseñan a comer lo que debes (no necesariamente lo que quieres), te fijan horarios y te educan hacia la normalidad. Desde luego, no se tiene capacidad legal para manejar un auto, tomar licor, disponer de bienes patrimoniales, etc. Sin embargo, están facilitando a este pobre niño que decida lo más importante que lo acompañará toda la vida: su identidad sexual”.

“Éste es un caso significativo del riesgo que puede correr un niño al ser dado en adopción para satisfacer los deseos de una pareja homosexual”, añade la psiquiatra.

“Se suman aquí, la ausencia de un progenitor de identificación y otro de complementariedad; la falta de compromiso real para afrontar la crianza del hijo en forma responsable buscando para él las mejores oportunidades de una vida plena y la falta de criterio de las personas a quienes ha sido entregado y que optan por lo que les viene más fácil sin cuestionarse el papel que están jugando ellas en la formación de la incipiente personalidad del niño", señala García Trovato.

Además, precisa que el caso “plantea cuestionamientos éticos y morales para el equipo médico que ha aceptado intervenir en el cambio de sexo de un pre púber”.

"Son los adoptados y no los adoptantes quienes ostentan el derecho de adopción. La adopción debe ir a favor del adoptado y siendo especialmente cuidadosos con su bienestar, independientemente de las aspiraciones de los adoptantes" insiste.

De ahí, prosigue la experta, “que, normalmente, las adopciones van precedidas de un estudio minucioso de la capacidad física, psicológica y moral de las personas a quienes se va a confiar el destino de un menor. Bastante desventura tiene ya por ser huérfano para introducirlo en situaciones disfuncionales y en experimentos de cualquier índole”.

Asimismo, advierte de que las madres de Thomas arguyen que admitieron el tratamiento “porque hay historias de transexuales que se han suicidado alrededor de los 20 años”.

Sin embargo, García Trovato recordó la historia del canadiense David Reimer (1966-2004), quien de niño perdió sus genitales por una mala práctica médica, sufrió una reasignación sexual y terminó suicidándose, al no poder recuperar su sexo de nacimiento.

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