Escuelas católicas ante la Navidad

Una escuela católica catalana anunciaba la supresión del belén viviente esta Navidad “porque no hay nada que celebrar” ante el hecho de que algunos altos cargos del Gobierno de la Generalitat y líderes sociales independentistas han sido encarcelados y otros están en Bélgica. Otros colegios han adoptado decisiones similares. Es decir, para los directores o miembros del Consejo Escolar de aquellos centros, y posiblemente para algunos miembros del AMPA, revivir el Nacimiento de Jesús carece de importancia. Para ellos la Navidad no tiene que ver con la alegría de la llegada del Salvador.

Para expresar el desacuerdo con aquellas detenciones, los directivos escolares no suprimen una excursión, o la copa de champán de fin de trimestre, o una comida navideña, o los turrones, ni anuncian dejar de celebrar el cotillón en la Nochevieja. Eliminan el belén.

Espero y deseo que cuando este artículo aparezca en Forum Libertas estén en libertad aquellos Consellers y dirigentes de entidades nacionalistas. Creo que en ningún momento debían haber ido a la cárcel, aunque tampoco los considero “presos políticos”, sino “políticos presos”, porque no se les encarceló por su forma de pensar favorable a la independencia –si fuera así estarían en prisión muchísimas decenas de miles de catalanes- sino por actuaciones efectuadas.

Pero más allá de un aspecto político opinable, lo sustancial en el tema es de si el cristianismo pinta algo en los centros educativos de determinadas instituciones católicas, o al menos en algunos de aquéllos. Tales decisiones referentes a la Navidad son solo una pequeña muestra de cómo en estos centros enfocan lo referente a la formación religiosa. Ni siquiera es la punta del iceberg. La formación cristiana ha sido borrada o reducida a vaguedades genéricas, y en algunos casos sustituida por otras prioridades no precisamente espirituales. No pocos padres y madres cristianos me han confesado que, en lo que concierne a la formación religiosa, prefieren enviar a sus hijos a una escuela pública, donde seguramente en aquel campo no les darán ninguna, que a algunas escuelas de instituciones religiosas. Porque en casa o en la parroquia se puede construir mejor desde cero que desde la deformación.

Entiendo que si tienen clara conciencia cristiana, los padres con hijos en aquellos colegios deben plantearse si merece la pena que sus hijos sigan allí. Desde luego, yo los cambiaría de centro.

Lo sucedido traslada en otro campo, el de la presencia cristiana en la vida pública. Una muestra, pequeña pero muy significativa y relacionada con el asunto, es la lucha por la instalación de belenes en espacios públicos en el período navideño. Es sin duda manifestación de una tradición cristiana, pero va más allá de las creencias por formar parte de la cultura básica del país, al menos en España. Frente a los intentos de eliminarlos o de convertirlos en raros esperpentos como han hecho los ayuntamientos de algunas ciudades, una gran parte de la sociedad aboga por su mantenimiento. Para unos es una bonita tradición llena de sentido humano y de valores. Los que somos cristianos, además, creemos que contribuye a aportar para todos aquel derroche de virtudes y gracias que derivan del Niño Dios: Amor, generosidad, humildad, alegría… Complementariamente, es una muestra de arte muy valiosa y enraizada en la vida de las familias y las ciudades, y un medio de dar vida familiar al centro de la población en estas fechas, más allá del consumo desbocado.

Bien. Resulta que luchamos por defender la presencia cristiana en el espacio público frente al laicismo que presiona, mientras se da la paradoja que dentro del propio cristianismo están algunos supuestamente católicos que erosionan la retaguardia. Volviendo a los colegios, les diré ideas expresadas por algunos ante el apabullante analfabetismo religioso de los jóvenes de nuestro país: aparte de que muchas familias fallan y de gran parte de los que van a la escuela pública no reciban formación religiosa, tampoco la tienen la mayoría de los cientos de miles que pasaron por centros confesionalmente católicos.

 

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