¿España… o Madrid?

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

El reciente revuelo por el nombramiento del seleccionador nacional Julen Lopetegui como entrenador del Real Madrid a dos días vista del comienzo del mundial de futbol y su inmediata destitución como seleccionador nacional me parecen un buen ejemplo de una forma de entender España que quiero comentar, esperando que pueda ayudar a mis amigos españoles a entender lo que pasa en Catalunya.

Hacía sólo un par de semanas que Lopetegui había firmado la renovación con la selección. Nadie pretende limitar la libertad de nadie, pero debemos recordar que hay algo que se llama lealtad, fidelidad a la palabra dada, responsabilidad. Pero es sobre todo el menosprecio del impacto que una noticia así hubiera podido generar sobre la selección, como así ha sido, lo que quiero comentar: un ejemplo de una prepotencia y una arrogancia que a alguien les hace sentir dueños de todo y de todos.

Evidentemente han puesto los intereses del club por encima de los de la selección, que está claro que no les ha importado mucho. Lo mismo que en España: primero viene Madrid; luego España. Yo estoy muy de acuerdo con el nuevo responsable de la Federación Sr. Rubiales que sustituido el seleccionador: era una simple cuestión de dignidad. Y ahora hay periodistas (siervos del poder, que los hay y muchos) que le dan la culpa a él, para librar a su jefe (maestro en obtener beneficios del Poder). Es muy posible que la selección se resienta de este contragolpe (aunque podría no ocurrir), pero la excusa ya está preparada: la culpa no es del Real Madrid y de su presidente, molesto por haber sido ninguneado por su entrenador. Ha querido hacer ver quien manda: poderoso caballero, don dinero.

Es notable también la reacción de ciertos jugadores, tan acostumbrados a tener trato de privilegio que piensan que pueden hacer y decir lo que quieren. Por ejemplo el capitán de la selección y del Real Madrid, que es el jugador que ha sufrido más expulsiones de la historia de la liga española (creo que 19), más las muchas otras que le han perdonado: es muy bueno con los pies y fuertísimo de cabeza, pero además parece que tenga permiso de jugar con los codos. Y aunque aquí en España nuestros periodistas han censurado mucho la noticia, en Europa se ha comentado mucho la lesión que provocó al mejor jugador contrario en la final de Champions, que muchos no han visto del todo inocente; y el codazo que le propinó al portero contrario minutos antes de que éste regalara el partido con dos fallos garrafales (parece que sufrió conmoción cerebral). Es el mismo que forzó la primera tarjeta amarilla a Dybala (cuando fue a recriminarle por haber caído en un lance de juego; y un árbitro obediente se la sacó), que a la postre provocó la expulsión y la victoria fácil de su equipo, que le permitió pasar la eliminatoria. Es que está muy acostumbrado a ser tratado con el debido “respeto”, porque ya muchísimas veces su equipo ha sido favorecido (este año además de con la Juventus, con el Bayern); el año pasado fue un auténtico robo con el Bayern, con expulsiones perdonadas a su equipo y sin motivo suficiente a los alemanes, y con goles en claro fuera de juego. En una final con el Atlético de Madrid su primer gol fue en un fuera de juego claro: pero los periodistas y las televisiones intentaron censurar la noticia de forma vergonzosa: un telediario habló 20 minutos de la victoria del Madrid sin siquiera mencionarlo.

También vale la pena recordar que la ‘suerte’ del Real Madrid en los sorteos de Champions llegó a interesar hasta a los matemáticos: cuando por un año y medio le tocaron sistemáticamente los equipos más flojos en los sorteos, calcularon que había solo una probabilidad sobre 1.200 de que fuera casualidad (cuando se llega al doble de este valor en física se considera un hecho probado); hay un video en YouTube que muestra Roberto Carlos (gran exjugador del Real Madrid) ejecutando un sorteo que tranquilamente vuelve a poner la bola extraída en el bombo para coger otra… (muchos pensaron en las famosas ‘bolas calientes’…).

España ha sido campeona del mundo en 2010 gracias a los jugadores del Barça, esto lo reconoce  cualquiera que entienda de futbol. La generación de los Xavi, Iniesta, Busquets, Piquer, Pujol, Villa, Cesc, Pedro… No solo llegaron a jugar hasta 9 de sus jugadores en la selección, también marcaron todos los goles que la hicieron campeona. Pero el entrenador era un ex del Real Madrid (este sí, un gran hombre); el director deportivo un ex del Real Madrid; y el capitán el portero del Real Madrid (muy bueno sin duda; pero del mismo nivel del portero del Barça). Por cierto, uno más que tuvo que salir del club por la puerta de atrás, no obstante los muchos méritos asesorados. Todo culpa del “veneno” de Mouriño, llamado al club después de ganar la Champions con el Inter, que eliminó el Barça en semifinales (habiendo sido obligado el Barcelona a viajar dos días en autocar para llegar a Milán por el volcán islandés y, sobre todo, con un escandaloso gol más de dos metros en fuera de juego que a la postre fue decisivo). ¿Su “veneno”? Poner su éxito por encima de cualquier consideración deportiva, mofarse de los demás profesionales (“cero títulos”), enseñar a los suyos a quejarse (alguno llegaba a a pisar los contrarios en el suelo), no admitir que sus jugadores pudiesen tener un trato amistoso con los ‘enemigos’ del Barça (y por esto marginó a su portero que este llamó a sus compañeros de selección del Barcelona, parece que para disculparse del comportamiento vergonzoso de su equipo dentro y fuera del campo por no saber asumir una derrota). Aún recuerdo la salida del campo del capitán expulsado por una agresión, empujando en malo modo a sus compañeros en la selección. Y el dedo en el ojo del entrenador ‘venenoso’ a un técnico del Barcelona, desde atrás y sin ninguna provocación, sólo por la rabia de haber perdido: este le respondió con un leve empujón. Y nuestra maravillosa televisión española censuró la primera parte de la escena, para mostrar sólo el empujón…. Claro que luego se disculpó y emitió el video entero: lástima que fuera a las 4 y media de la madrugada… Simplemente, asqueroso.

El caso es que Piquer, protagonista de la España campeona del mundo y que se las canta claras al madridismo, al centralismo y a esta forma de entender España, es pitado en todos los campos de España, aunque juegue con la camiseta de la selección. Porque dicen que aman España, pero no es España lo que aman: es “su” imagen de España, que tiene su fundamento en otra cosa. Y que como todos los mitos tiene su bandera: el madridismo. Un club capaz de quejarse y gritar a la injusticia por haber sido excluidos de una competición por alineación indebida, cuando es un hecho clarísimo previsto en el reglamento. Y también que mantienen cláusulas en los contratos de venta de jugadores para impedir que los cedidos puedan jugar contra el Real Madrid. Hace falta ser ruines. Claro que a nivel europeo no se lo permiten, estas cláusulas son nulas: pero en España se las toleran, cuando evidentemente falsean la regularidad de una competición que debería ser de todos contra todos en igualdad de condiciones.

Dicen que van con España, pero hay algo que viene antes. Dicen que aman la unidad del país, pero es otra cosa la que en realidad defienden. Y en estas ocasiones, cuando entran en conflicto, se ve con claridad. Se puede parafrasear aquel título de película: “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?” (Póngase “España” en lugar de amor, y Madrid en lugar de sexo). Así como el amor es lo que da sentido al sexo, así debería ser el país, que da sentido a la capital: al revés no funciona.

Dejemos de hablar sólo de futbol, que en el fondo ha sido sólo un pretexto. El ejemplo más emblemático del modelo de crecimiento de España es el AVE: TODOS los AVE están para servir a la capital, no se considera que Barcelona y Valencia, por poner un ejemplo, tengan derecho a una conexión moderna: https://goo.gl/erUAxN . Para ello, están haciendo tramos y estaciones evidentemente antieconómicos, porque responden a la lógica de centralizar todo. Y encima con la hipocresía de computar los km. construidos como inversiones en las distintas comunidades autónomas, cuando todos sirven para ir a Madrid y quien más se beneficia es la capital.

Y es esta España, centralista, prepotente, arrogante, injusta, manipuladora la que no gusta en Catalunya. Y es esta rabia e impotencia la que ha empujado tantos catalanes al camino irracional del enfrentamiento, cuyo único resultado ha sido dirigentes políticos en prisión (preventiva, por cierto) y más empresas que han ido a Madrid. Más centralismo.

Yo no soy independentista, aunque sospecho que algún amigo madrileño, o madridista, ya me habrá dejado de leer por considerarme contaminado. Y eso que tampoco he ido a los escuelas catalanas adoctrinadoras (soy italiano), la excusa con la que algunos pretenden explicar todo lo que pasa aquí y, sobre todo, encubrir el centralismo (por cierto, sería bueno recuperar un pluralismo las lenguas de la educación en Catalunya. Pero por supuesto no como imposición de un imperialismo contra otra imperialismo, sino poniendo delante los derechos de las personas). Pienso que lo que une los españoles es mucho más que  lo que los divide. Y que una unidad verdadera es lo más deseable para todos. Pero una unidad entre iguales, no privilegiando sistemáticamente la capital y dejando de lado las ‘provincias’. ¿Cómo es posible que todas las regiones españolas tengan significativas formaciones políticas regionalistas (menos Madrid, claro)? ¡Qué bien que haya gente como Rubiales dispuesta a plantar cara al Poder!

Sé que hay gente que aboga por esta unidad en Madrid y en toda España, porque es una unidad que podemos vivir concretamente los que creemos en Cristo, más allá de las diferencias. Su fundamento es el amor al otro, aunque sea distinto, quizás por ser distinto: el otro es un bien para mí. Sé que también aquí en Catalunya tenemos gente intransigente, antisistema, que prefiere creerse un relato a buscar una posible unidad: yo entiendo que estén exasperados, aunque no los justifico. Es necesario que la gente de bien, los que desean de verdad el bien de todos, tome el mando; y que se deje de oprimir a las minorías, como ha ocurrido a nivel cultural, lingüístico y político con los castellano parlantes en Catalunya; y como le pasa a Catalunya con España. Yo me siento solidario con todas las minorías maltratadas. Una cosa buena que ha traído esta crisis es que ha sacado del armario los catalanes más ‘españoles’, que no se veía; ahora les haría falta no quedarse en la reactividad.

Estamos delante de una paradoja: España va perdiendo su unidad en la medida que abandona su esencia (que no es el castellano, es el cristianismo), ahora por fin se ve liberada de los dos personajes que han protagonizado esta ruptura: uno en el exilio (encerrado en su sueño dorado, que se acerca a la paranoia) y el otro derrotado y retirado de la política (¿lo investigarán ahora los jueces por aparecer su nombre en la caja B del partido?). Y unas personas que no admiro, ni estimo, ni aprecio como los actuales nuevos presidentes del Gobierno español y de la Generalitat catalana puede que sean llamadas a empezar un difícil dialogo, siendo uno un paladín del laicismo y del anticlericalismo más estúpido y radical (parece que el PSOE, imposibilitado a proponer ninguna política económica distinta de la derecha, necesita encontrar banderas de liberación, y tristemente las busca en la reingeniería social, teniendo como objetivo destruir la presencia de la Iglesia y de la familia). Sabiendo que hay hienas en ambos bandos dispuesta a gritar a la traición (la batalla entre PP y C’s para liderar este españolismo ya ha empezado…). El radicalismo de ambos bandos (dos relatos) es el peor enemigo. No sería ni la primera ni la última vez que el Señor de la historia se sirve de los que mandan, aunque sean hostiles a su Reino, para recomponer su Justicia en bien de todos. Una justicia que requiere reconocer los fallos y pretender enmendarlos (por esto me he permitido cantarlas claras, como hace Piquer…). Si Madrid no reconoce su centralismo, si persiste en querer imponer su progreso sobre el de todos, esta España no creo que tenga mucho futuro: como mucho podrá seguir utilizando fiscales del estado, policía y medios de comunicación para imponerse, pero no será libertad. Creo que aquí en Catalunya hay una parte muy importante de gente que, frente a un sincero replanteamiento del país, estaría dispuesta a abandonar el relato y la identificación de la tierra prometida con la independencia. Pero la respuesta al problema generado no podrá ser sólo un volver atrás, “a como estaban las cosas antes, que íbamos tan bien”, como pretende alguno en nombre del legalismo.

Hace falta una verdadera unidad: pero ¿es posible sin volver a Cristo? A lo mejor todo esto que ocurre es la ocasión para volver a reconocer que Él es el Señor de la historia, la única, verdadera esperanza para todos.

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