Estoy triste. ¿Y tú?

triste

Y estoy triste porque el hambre como un virus mortal sigue deambulando ferozmente en gran parte de las regiones de la tierra:

  • Y unos, muchos y muchos, lo provocan; y otros, millones y millones, no hacemos nada por resolverlo.

Sólo esperamos apaciblemente que llegue el remedio y criticando a los demás.

Estoy triste porque hay medicinas y remedio para las enfermedades de la mayoría de los pobladores del mundo y, ni esas medicinas, ni esos remedios llegan:

  • Muchas veces porque el coste de esos remedios se queda en las manos usureras de tantos y tantos aprovechados, de tantos y tantos sinvergüenzas y corruptos.

Estoy triste porque en la mayoría de los lugares en guerra o con violencia hay poca o ninguna voluntad de que haya paz, de que se lleguen las soluciones satisfactorias para la mayoría:

  • Las armas y la violencia por desgracia son un indicativo de la capacidad tremendamente diabólica que tiene el ser humano: para hacer el mal, para destruir, para aniquilar.

Estoy triste, una vez más, porque la esclavitud sigue siendo una seña de identidad que identifica a millones de personas en todo el mundo:

  • Niños, jóvenes, mujeres y ancianos viven en esta atroz ignominia que nos da idea de la maldad del ser humano: corrupto, indignó y cruel.

Estoy triste porque en muchos lugares del mundo la mujer sigue estando subyugada e indefensa ante el ataque y la maldad de los miserables, de hombres sin escrúpulos que buscan su bienestar a costa del sufrimiento de los demás.

Estoy triste porque las dictaduras y los dictadores proliferan aún en este siglo veintiuno en el que: la comunicación, la alfabetización y la cultura, tendrían que hacer que estas nefastas y espantosas lacras de la sociedad estuvieran aniquiladas y sus partidarios sometidos, derrotados y justamente juzgados:

  • Sin embargo, muy por el contrario este mundo nuestro actual sigue siendo tierra de cultivo en el que florecen con fuerza grandes y terroríficos dictadores que llevan: el pánico, la penuria y la muerte a millones de personas. Millones de personas que indefensas soportan el yugo de la perversa iniquidad.

Estoy triste porque, después de miles de años de historia, sigue faltando: la libertad, la cultura, la educación, la ciencia, el trabajo, la justicia y tantas y tantas cosas más.

Estoy triste porque la vida no se defiende adecuadamente, por el aborto; por la familia que no se valora adecuadamente; por tantos hogares rotos; por los maltratos; por la violencia doméstica a: hombres, mujeres y niños; por las injusticias sociales; por una enseñanza a la que le falta libertad y le sobra adoctrinamiento arbitrario.

Estoy triste por la proliferación de: la pornografía, la prostitución, la droga, la telebasura y todos los vicios que envilecen al hombre y a la mujer y a los niños y a las niñas; y además rompen la armonía de la creación e impiden que se descubra su belleza.

Estoy triste, para terminar, porque Dios sigue siendo maltratado, maldecido, blasfemado, sin que nadie ponga remedio. Ni unos, ni otros. Nadie pone remedio.

  • Dios era y sigue siendo signo de contradicción. Sigue siendo: rechazado, controvertido, negado, insultado.

Estas pinceladas representativas que he dibujado tristemente, es la realidad de un mundo podrido.

Pero este, en muchas ocasiones, es nuestro mundo; y quizás podamos hacer más por cambiarlo:

  • ¿O seguimos tristes y esperando, con calma, que un movimiento “pendular” inesperado de un giro a la historia y lo cambie todo y del todo?
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