Estrés, resiliencia, ‘If…’

Estos dos conceptos se han extraído de la resistencia de los materiales y con el tiempo se han aplicado a las actitudes de las personas y a su capacidad de reacción ante las dificultades

Hace tiempo que se habla de algunos aspectos que las personas tenemos que trabajar, tanto a nivel individual como colectivo, para que nuestra vida mejore. Se trata de afrontar los acontecimientos con sentido positivo, de no dejarnos dominar por el estrés, de controlar las emociones…

Hace muchos años que conozco el poema If… de Rudyard Kipling y de vez en cuando lo releo. Desde la primera lectura me extasió, lo leí tres o cuatro veces seguidas para asimilarlo bien. Lo tengo muy presente y a veces me vienen a la cabeza algunos de sus versos.

Me he acordado de él otra vez al leer un escrito donde se hablaba de la mejora personal y de la lucha que tenemos que hacer para afrontar las situaciones no deseadas provocadas por el estrés que hoy nos domina.

El estrés y la resiliencia son dos de los aspectos que hoy están de moda. El uno porque nos lleva de cabeza y el otro porque puede ser un posible camino de mejora. Estos dos conceptos se han extraído de la resistencia de los materiales y con el tiempo se han aplicado a las actitudes de las personas y a su capacidad de reacción ante las dificultades.

La resistencia de materiales es una disciplina de la ingeniería que estudia la mecánica de sólidos deformables. La resistencia de un elemento se define como la capacidad para resistir esfuerzos y fuerzas aplicadas sin romperse o deformarse, o bien adquirir deformaciones permanentes, o bien deteriorarse de algún modo. Siempre se establece una relación entre las fuerzas aplicadas y los esfuerzos y desplazamientos inducidos por ellas.

El estrés, proviene del inglés stress que significa tensión o fuerza constrictiva, y esta viene del latín stringere (ligar con fuerza). El estrés es un proceso metalúrgico que genera un tipo de rotura de los metales, debido al uso, que no se ve venir ópticamente, ya que el metal ni se bombea, ni aparecen fisuras sino que esta tensión genera una modificación en la distribución microscópica de sus moléculas que hace que el material se rompa inesperadamente sin motivo aparente.

La resiliencia proviene del latín resilio (volver atrás, rebotar) e indica la cualidad de un cuerpo que hace que haga un “salto” para salir de la presión que le afecta y quedar como estaba. La resiliencia es la resistencia a la rotura que presentan los materiales sólidos ante un choque y la capacidad de recuperar la estabilidad al ser afectados por perturbaciones o interferencias externas, como un arco que se dobla para lanzar una flecha o el junco bajo la fuerza del viento…

El estrés no es una situación que haya aparecido ahora, en nuestro tiempo. Ha existido siempre, forma parte de las reacciones de la persona humana. Es una respuesta automática (acción-reacción) de nuestro yo (cuerpo-mente) ante una situación inesperada, ya sea provocada por mí mismo (imaginación) o por un agente externo. Es una reacción de alarma generalizada que pone en tensión todo el cuerpo. Es una respuesta psicofísica del cuerpo y del cerebro (sudor, llanto, saliva, el corazón late fuerte, piel de gallina…) ante un estresor. Es diferente para cada persona y varía según la situación vital de cada momento. Las personas dominadas por el estrés les puede aparecer esta situación de rotura inesperada y oculta.

El estrés no siempre es negativo. Hay un estrés positivo que aparece para hacernos actuar ante una situación nueva e inesperada (ante un peligro inmediato, ante un susto yendo en coche…). El estrés puede aparecer en cualquier situación en la que nos movemos: trabajo, familia, amistades… Normalmente el estrés dura poco tiempo, pero cuando se agudiza puede llegar a provocar enfermedad.

El estrés depende del estado emocional, de los pensamientos, del estado físico, de los rasgos personales (como soy de serie), de las habilidades… Y el impacto del estresor… depende de mí mismo. No puedo echarle la culpa a los demás. Es responsabilidad mía resolverlo.

La resiliencia es la capacidad de afrontar y resistir las adversidades. Hace referencia a la capacidad de las personas que les permite poner los medios adecuados para soportar barreras y dificultades, de modo que se adapten positivamente a situaciones adversas o estresantes sin que queden afectadas psicológicamente por ellas.

La resiliencia es la habilidad para tener un momento de felicidad incluso cuando tienes una herida en el alma. Hay personas que se sienten destrozadas por la muerte de un gato y otras que pasan pruebas muy duras sin problemas aparentes. En cualquier caso, lo importante es poder atribuirle siempre un significado al trauma, al fracaso o la situación indeseada, sea la que sea.

La resiliencia se aborda desde la psicología positiva, la cual se centra en las capacidades, valores y atributos positivos de los seres humanos, y no en sus debilidades y patologías.

El concepto resiliencia se corresponde con el término «entereza». Es superar algo y salir fortalecido y mejor que antes. Esta capacidad de resistencia se prueba en situaciones de estrés, como a la pérdida inesperada de un ser querido, al maltrato, al abuso psíquico o físico, a prolongadas enfermedades temporales, al abandono afectivo, al fracaso , a las catástrofes naturales, a las pobrezas extremas…

Una persona con resiliencia es rebelde y luchadora, activa, voluntariosa, con capacidad de reflexión y de responsabilidad, capaz de amar y de confiar en las personas, con sentido del humor, hábil para resolver problemas, con un buen ambiente familiar y lazos afectivos profundos. Y ¿cómo se aprende esto?

La mitología griega y romana nos explican como los niños tenían que superar satisfactoriamente pruebas físicas basadas en el frío, el dolor y la soledad para llegar a ser considerados ciudadanos de pleno derecho. En numerosas culturas tribales los ritos de iniciación y de paso a la vida adulta incluyen el contacto con el fuego y las brasas. En los países nórdicos, hoy, los bebés los ponen a hacer la siesta, incluso en el parvulario, fuera de la casa, bajo una pérgola, siempre que la temperatura no baje de -10º C. Es la manera que cada cultura tiene para hacer crecer la resiliencia.

En la vida real, en nuestro día a día, miles de personas demuestran diariamente su “valía” cuando: estudian de nuevo una materia después de suspender un examen, retoman el trabajo después de haberlo perdido, les vuelve la sonrisa tras la pérdida de un ser querido, reconstruyen la casa destruida por un terremoto, incendio o inundación… de esta manera es como se va tejiendo la tela que visten los héroes.

El escritor y poeta británico Rudyard Kipling (Bombay 1865-Londres 1936) –autor de El libro de la selva, Kim, Gunga Din… y premio Nobel de Literatura en 1907– plasmó todo esto en su magnífico poema If… donde queda patente que quien luche como él nos cuenta en el poema está diseñado para afrontar las pruebas más duras. Seguro que muchos de nosotros nos habremos sorprendido por nuestra propia fuerza interior a la hora de tener que afrontar un revés en nuestra vida. Si leemos la vida de Kipling descubriremos que también él tuvo que vivir la resiliencia.

 

Transcribo una versión castellana del poema:

 

If…

 

Si puedes estar firme cuando en tu derredor

todo el mundo se ofusca y tacha tu entereza,

si cuando dudan todos, fías en tu valor

y al mismo tiempo sabes excusar su flaqueza;

si puedes esperar y a tu afán poner brida,

o blanco de mentiras esgrimir la verdad,

o siendo odiado al odio no dejarle cabida

y ni ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad.

     

Si sueñas pero el sueño no se vuelve tu rey,

si piensas y el pensar no mengua tus ardores;

si el Triunfo o el Desastre no te imponen su ley

y los tratas lo mismo, como a dos impostores;

si puedes soportar que tu frase sincera

sea trampa de necios en boca de malvados,

o mirar hecha trizas tu adorada quimera,

y volver a forjarla con útiles mellados.

 

Si puedes apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas valiente a una sola jugada
y las pierdes, y pronto sin descorazonarte,

ni habladurías vuelves a empezar de nuevo.

Si puedes mantener en la ruda pelea

alerta el pensamiento y el músculo tirante,

para emplearlos cuando en ti todo flaquea,

menos la voluntad que te dice: –Adelante!

     

Si entre los pobres das a la virtud abrigo;

si, marchando con Reyes del orgullo has triunfado;

si no pueden herirte ni amigo ni enemigo;

si eres bueno con todos, pero no demasiado;

y si llenar puedes los minutos de tus días

con sesenta segundos de combate bravío,

tuya es la Tierra y todos sus codiciados frutos

y lo que más importa: –¡serás Hombre, hijo mío!

 

 

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