Evolucionistas poco evolucionados

Resulta sorprendente lo poco evolucionados que son algunos férreos partidarios del evolucionismo si hay que juzgarlos por la forma como se producen. V…

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Resulta sorprendente lo poco evolucionados que son algunos férreos partidarios del evolucionismo si hay que juzgarlos por la forma como se producen.

Veamos un ejemplo: el de Arcadi Navarro, profesor en la UPF. En un artículo dedicado al diseño inteligente y al evolucionismo de apenas 600 palabras llega a calificar a los partidarios de un universo creado de “fundamentalistas”, “faltos de honestidad intelectual”, “ignorancia”, “engaño”, “ridículos” e “impotentes para la explicación y la predicción”.

Resulta difícil utilizar más insultos en menos texto. Debe ser la forma de razonar de los evolucionistas poco evolucionados.

Para abundar en esta línea de respeto a quienes no piensan igual escribe: “¿Por qué un solo Dios? ¿Por qué no un panteón de diosecillos menores?”

Claro que el tipo de calificación es proporcional a la capacidad argumentativa y demostrativa del profesor Arcadi Navarro. Porque, después de todos estos adjetivos, ¿qué razones aporta? Las siguientes:

a) Que la vida humana surge y evoluciona de la materia inerte. Es decir, algo que carece de toda demostración científica. Una creencia más. Hubo una época en el pasado que algunos científicos intentaron conseguir la vida experimentalmente. Oparin, por ejemplo para citar a uno de los más conocidos. Su fracaso fue total. Entre lo inanimado y los seres vivos sigue habiendo un foso irresuelto. Se puede presumir este salto con menos razones objetivas que la existencia de Dios.

b) El segundo gran argumento posee una gran calidad científica como se puede constatar. Se interroga nuestro profesor: “de ser cierto el diseño inteligente (DI) el creador sería un manazas incompetente productor de ineficaces y toscos diseños”. Y para demostrarlo lanza dos “tremendos” interrogantes: “¿Por qué tienen pelvis las ballenas?” Es una pregunta de fuerte contenido sexual, íntimo, para las ballenas, claro.

Insiste en la dimensión erótica de la cosa cuando también se pregunta dramáticamente: “¿Por qué el canal del parto humano es tan estrecho?”. Ahí nuestro evolucionista escasamente evolucionado se ha quedado corto, se podría interrogar también por qué hay tantos feos, bajitos y puestos ya a elucubrar en un plano físico, por qué hay tanto tío malo en el mundo. Y aún lo del canal del parto humano tiene enjundia: si en lugar de tal estrechez hubiera sido una autopista, ahora en lugar de 6.500 millones de seres humanos andaríamos por los 18.000 millones. Menos mal.

Claro que al lado de este tipo de evolucionista -línea camarada Koba Iosif (Stalin, para el vulgo) existen otro perfil de personas que permiten reflexiones que desde la discrepancia resultan interesantes (y por descontado respetuosas).

Por ejemplo los de Lewis Wolpert un biólogo británico -como mínimo es agnóstico- que ha escrito un libro (“Six Impossible Things Before Breakfast: the evolutionary origins of belief”. Seis cosas imposibles antes del desayuno: los orígenes evolutivos de las creencias) que considera que el sentido religioso, la conciencia de Dios es un producto inevitable de la evolución humana. Una predisposición de nuestros cerebros y también algo que da significado a la vida.

Todo esto dicho desde el materialismo puro y duro. Pero es un tipo de reflexión interesante porque ¿para qué querrá el cerebro humano -un volumen restringido y de capacidades altamente seleccionadas por la evolución- esta función religiosa si resulta que es perfectamente inútil y ridícula?

Vea también el artículo:

Diseño inteligente y evolución
http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7550

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