Facebook, Alphabet, Microsoft Amazon. El mundo en sus manos

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Hemos entrado en una nueva fase del capitalismo globalizado. Es aquel que controla lo más valioso en una economía global que se mueve en tiempos reales: los flujos de información.

Obviamente, no es la primera vez que el mundo vive en términos de una, más o menos, unidad de mercado económico. El siglo XIX alcanzó esta situación de la mano de la colonización, solo que entonces los flujos eran mucho más lentos y costosos porque dependían de la navegación. La fuerza extraordinaria del Imperio británico radicaba precisamente en disponer de esta hegemonía marítima, como, en menor medida y antes, había estado también en manos de las empresas comerciales holandesas. Y este es otro punto -lejano- de contacto con nuestra época. No eran solo los estados, sino las grandes empresas privadas, como la Compañía de la Indias inglesa, quienes hacían negocio y política, mucha política, porque en definitiva su fuerza podía influir decisivamente en la del estado.

Pero hoy este papel corresponde a las empresas que han construido un oligopolio en la red. Son, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook. No es gratuito que estas sean las que ocupen los lugares 2,3, 6 y 7 entre las mayores empresas del mundo por su capitalización en bolsa. Solo las dos mayores poseen un valor casi igual al PIB español.

Pero no es solo su dimensión económica lo que las hace distintas. Exxon, la petrolera, es también muy grande. Lo esencial es que unen a esta envergadura tres factores únicos: poseen una gran liquidez, consiguen aquel valor con una muy magra cifra de empleos, por ejemplo unos 16.000 en el caso de Google. Para situar una referencia, CaixaBank tiene el doble. Por último, son empresas cuyo capital principal son nuestras vidas, datos, relaciones, direcciones, preferencias y deseos, también los más ocultos, mostrados en la aparente impunidad. Y esto significa que su capacidad para influenciarnos es extraordinaria. Nunca ha existido nada parecido en la historia de la humanidad.

Se trata de una acumulación de capital de características singulares, que unen además una extraordinaria capacidad para la ingeniería fiscal, por una parte, y para presentar su lógica y sus razones como “progresistas”. Ellas están en el apoyo a la perspectiva de género, y son la punta de lanza de la nueva ola del Posthumanismo, porque lo difunden y financian.

Es en este contexto que es necesario situar el nuevo estadio que anuncia la posibilidad legal, lograda a través de Irlanda: Facebock ya tiene licencia para operar como entidad de dinero electrónico y está cerca de convertirse en un banco. Esta vía aumentará el poder de estas empresas, porque es evidente que todas ellas seguirán el mismo camino. Pero, además, presionarán a los bancos, de manera que estos deberán reducir costes; es decir, lugares de trabajo y sucursales. Seguramente nos venderán las ventajas de una banca low cost, pero a cambio de destruir más y más empleo, y convertirse en dueños de nuestras vidas y haciendas.

O los gobiernos, Europa, atajan de una vez para siempre esta acumulación de poder, o este poder convertirá en residuales a nuestros gobiernos y en anecdóticas las elecciones, una dinámica que todavía deslegitimará más a las instituciones políticas democráticas, abriendo el paso a respuestas autoritarias, si convencen que son las únicas que plantan cara a tanto poder económico en manos de unas élites.

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