Familias rotas en EEUU envían a sus hijos a un campo de reeducación en Jamaica

En Estados Unidos, familias con hijos adolescentes conflictivos deciden enviarlos a Tranquility Bay, un centro de modificación del comportamiento que …

En Estados Unidos, familias con hijos adolescentes conflictivos deciden enviarlos a Tranquility Bay, un centro de modificación del comportamiento que se encarga de “enderezarlos” en régimen carcelario y devolverlos a la vida familiar una vez rehabilitados. Según un reportaje publicado por LA VANGUARDIA en su MAGAZINE del pasado 25 de julio, los jóvenes son arrancados por la fuerza del núcleo familiar, normalmente desestructurado, y pasan en ocasiones hasta 3 años en cautiverio en el centro hasta que demuestran su capacidad para reintegrarse a la sociedad. En la mayoría de los casos la “rebeldía” del joven coincide con matrimonios rotos que delegan su responsabilidad como padres en un centro que les cobra alrededor de 40 mil dólares anuales.

El Tranquility Bay está situado en el sur de Jamaica con vistas al Caribe y parece más bien un hotel de lujo que un rígido reformatorio. Un total de 250 adolescentes viven encerrados en las mismas condiciones que si se tratara de delincuentes a rehabilitar. Los padres o lo que queda de ellos, pues en la mayoría de las ocasiones se trata del resultado de turbulentos divorcios y nuevos matrimonios, han de disponer de buenos ingresos para hacerse cargo de la factura mensual del centro, que ronda los 40 mil dólares al año. Una cárcel, pues, para familias privilegiadas que prefiere denominarse “centro para la modificación del comportamiento” para chicos y chicas entre 11 y 18 años.

Rígida disciplina

En Tranquility Bay los chicos son “machos” y las chicas “hembras”, y están divididos en grupos llamados “familias” compuestos por unos 20 miembros. No están autorizados a hablar con sus padres hasta después de 6 meses y no podrán verlos hasta que ha pasado un año. Cada mañana les despiertan tocando diana y, como si estuvieran en el ejército, han de vestirse el uniforme en silencio y dejar la cama lista. Vídeos que promueven el crecimiento emocional y las buenas costumbres les esperan antes de desayunar, también en silencio. Después siguen las clases en las que leen los libros prescritos y toman nota para hacer un test tras cada capítulo. Después de comer, 3 nuevas horas de estudio y otro vídeo de crecimiento emocional, antes de practicar un poco de deporte, realizar una reunión de “familia” y oír otra cinta grabada de formación. Nada de tiempo libre o intimidad y, a las diez de la noche, todo el mundo en la cama. Y este programa se repite día tras día.

El sistema para alcanzar la “libertad” se basa en conseguir el máximo de puntos que les permita avanzar del nivel 1 al 6, el de la “graduación”, e implica reconocer también que quieren sinceramente reinsertarse y que el centro les ha salvado la vida. En el nivel 1 no se puede hablar, sentarse o levantarse sin permiso; el 2 te permite hablar sin autorización previa; con el 3 puedes llamar a casa; y el 4, 5 y 6 incluye privilegios como comer chocolatinas o prescindir del uniforme. En todo ese proceso los castigos son casi una norma más, como el de la “posición observante”, en el que los llevan a un cuarto vacío donde les obligan a tumbarse boca abajo y permanecer en esa posición durante casi una hora. Diez minutos de pausa y retoman la posición hasta que su actitud les permite abandonar el castigo.

Eludiendo la responsabilidad

La decisión de los padres de enviar al hijo conflictivo a Tranquility Bay tiene mucho que ver con la obsesión de una gran parte de los americanos por tener una familia perfecta, sin rebeliones. Cuando la familia se desestructura, cuando el matrimonio no funciona y la separación crea una situación traumática para el hijo adolescente, la solución viene de la mano del centro jamaicano, si la situación económica de la familia lo permite, claro. Delegar en otro las propias responsabilidades no es sólo una práctica de padres estadounidenses. En España, por ejemplo,el exceso de permisividad y proteccionismo lleva a muchos padres a delegar las tareas educativas propias del ámbito familiar, como la formación en valores, a la escuela. En el caso de muchas de las familias en Estados Unidos que envían a sus hijos a Tranquility Bay, eludir la responsabilidad como padres y traspasarla al “centro para la modificación del comportamiento” es una buena y cómoda solución.

Hazte socio

También te puede gustar

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no se va a publicar. campos obligatorios *

Puedes utilizar estas etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>