Fe y ciencia: Y la Biblia tenía razón

La Iglesia está advirtiendo desde siempre de esa contaminación emocional ambiental del sexo desencajado de su finalidad original

Todos los buenos psiquiatras saben y dicen y actúan en consecuencia: que la sola idea del favor divino es un gran refuerzo para la curación de cualquier enfermedad, en especial de la mental y la de origen mental, como el dolor crónico, un tipo de dolor que, aunque hasta ahora se atribuía a la histeria, al tener cuento, está probado que está provocado por las emociones. Y digo yo: ¿No será que todo ese alud de dolor crónico que atenaza a un número creciente de sufridores en los últimos años tiene su origen en el origen de tales emociones, eso es, en el detonante que las ha creado? Si fuera así, actuando en la causa que las provoca, se curarían tantas personas y dejarían de caer más. Lanzo una hipótesis de trabajo, que, basado en mi experiencia de observador de a pie, observo hace años. Si está probado que una persona a la que falta un brazo, tan solo sentir la emoción de ver el movimiento reflejado en un espejo de un brazo que no es el suyo, ya mejora su dolor o se cura, ¿no será, entonces, que toda esa libidinosidad (no solo escenas, sino emociones) que nos asalta por todas partes hoy –no solo en el cine y la televisión, pero sobre todo- estarán en el origen de toda esa epidemia emocional perniciosa? Hay gurús de las emociones que critican la “imbuición de culpa” de la Iglesia católica, pero, en su justa medida, deberían defenderla. ¡La Iglesia está advirtiendo desde siempre de esa contaminación emocional ambiental del sexo desencajado de su finalidad original! Yo no soy gurú de las emociones, pero nada ni nadie me impide pensar… de momento. Ya lo intentan e intentarán los poderes fácticos ocultos y no tan ocultos con eso que parece ciencia ficción de que gobernaremos el internet de las cosas y las no-cosas con el simple pensamiento, con lo cual, si ahora Google sabe todo lo que buscamos y por qué y cuándo lo buscamos, dentro de poco sabrá lo que pensamos… y alguien habrá que intentará gobernarnos. Por ahora, queda claro cómo Hollywood y la comunicación actual están formándonos (y) deformándonos (y) prostituyéndonos, provocando y forjando y jugando con nuestras emociones, que son las que gobiernan nuestra razón, como dicen que aseveraba Einstein. Así que la Biblia tenía razón (título de un libro de Werner Keller, de 1956), y ahora y aquí lo aplico, puesto que la moderna ciencia lo afirma: un solo mal pensamiento (libidinoso o no) es una puñalada para nuestra alma. Rechazarlo no es ser puritano, sino defender nuestra integridad, pues somos un todo, individual y socialmente: salud total. ¿No es eso lo que tanto deseamos?

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