Felicitación necesaria a la diputada Beatriz Escudero

Sígueme en Twitter: @jmiroardevol La intervención de la diputada del PP Beatriz Escudero en el Congreso de los Diputados y en relaci&oa…

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La intervención de la diputada del PP Beatriz Escudero en el Congreso de los Diputados y en relación al aborto merece un subrayado especial porque es una de las ocasiones en que un representante en el Parlamento habla en términos claros y concretos. Y, además, lo hace ciñéndose a factores fundamentales. La potencia de sus razones es proporcional a las reacciones que provocó en la Cámara. En realidad, hay temas sobre los que todavía pesa la losa de lo políticamente correcto, donde verdad y mentira yacen en una confusión caótica, y cuando aparece alguien como Beatriz Escudero, dispuesta a deslindar lo uno de lo otro, provoca airadas reacciones; también fuertes adhesiones, simplemente por falta de costumbre.

Deseo presentar brevemente cuatro puntos de su intervención que despertaron en la bancada socialista y de Izquierda Unida fuertes y sonoras reacciones de protesta, que definen muy bien lo que es una determinada mentalidad política en torno a un tema tan importante como la vida.

Una de las afirmaciones que realizó Beatriz Escudero fue que el no nacido es un ser humano con identidad propia. Afirmar esto, por lo visto para el PSOE, es muy grave, es una provocación. A este nivel de degradación de la razón hemos llegado. Porque, si el embrión, el feto, no es un ser humano, ¿entonces que es? Si la naturaleza de la condición de la especie se define por su ADN, al igual que su individualidad, si buscamos el ADN de un embrión lo que nos dirá es exactamente lo que afirmó la diputada Escudero: que se trata de un ser humano único e irrepetible. Y que, como tal, es sujeto de dignidad y protección. Negar esto es una bestialidad, tanto que incluso en el ámbito jurídico existen afirmaciones rotundas en sentido contrario. Quienes gritan contra esta afirmación, gritan contra la sentencia del Tribunal Constitucional de 1985 en relación al tema del aborto; y gritan contra la mucho más reciente sentencia, de noviembre del año pasado, del Tribunal Europeo de Justicia, que estableció la protección del embrión precisamente por su naturaleza humana.

Hizo muy bien la diputada Escudero cuando les reprochó que esta fobia que tienen contra el no nacido, porque de esto se trata a juzgar por sus reacciones en la sede parlamentaria, se torna en preocupación para defender los embriones de los cefalópodos y de los mamíferos, al recordarles que el 17 de abril votaron a favor de su defensa. Lo que decía antes, se trata de una irracionalidad brutal. Se puede defender el aborto por diversas razones, pero ninguna puede basarse en negar la condición de ser humano al no nacido. Naturalmente, lo hacen por un temor político. Piensan que si se reconoce la realidad las posiciones favorables al aborto disminuirán o al menos se volverán mucho más reflexivas. Esta es una forma espuria de hacer política porque no se busca el bien sino sencillamente favorecer aquello que a mí me interesa. Es el tipo de enfoque que nos conduce al desastre.

Una segunda cuestión es que también protestaron mucho cuando les fue recordada otra evidencia, que quienes tenemos memoria lo sabemos bien y para quienes no la tienen están las hemerotecas, que es que hicieron la ley de 2010, la que ahora rige el aborto, contra todos. No estaba en su programa electoral. No formó parte de ninguno de los compromisos que adquirieron en la campaña. Fue una ley que contradecía frontalmente la consideración de bien jurídico protegido del embrión de la sentencia del Tribunal Constitucional y se hizo a pesar de un informe en contra del Consejo de Estado. ¿Qué de malo tiene recordar todo esto? Si en su momento decidieron pasarse por el forro todas estas cuestiones, lo lógico es que ahora lo asuman y en su caso expliquen por qué obraron así. Lo que queda fuera de lugar es que intenten acallar con los gritos el recordatorio de estos hechos.

Un tercer razonamiento es la afirmación de que el aborto es un drama para cualquier mujer y por consecuencia no puede ser considerado un factor de progreso. El aborto representa un trauma porque significa romper en seco un proceso natural que se ha iniciado en el seno de la mujer. De ahí el síndrome post aborto ampliamente generalizado, que puede oscilar desde consecuencias muy graves a leves, pero que la mayoría de mujeres sufren y que no es atendido porque los propios abortistas consideran que es más importante mantener en secreto, en la oscuridad, esta cuestión. Una vez más obran no a favor del bien sino en defensa de sus estrictos intereses políticos que en este caso coinciden plenamente con el mal. Si un acto es dramático no puede ser nunca considerado un progreso. El aborto, incluso para quienes lo defienden, debería ser siempre un fracaso. De hecho, incluso implícitamente ya lo reconocen cuando plantean que todos los mecanismos de prevención es para evitar abortos. Por una parte, asumen que no es bueno, pero por otra lo califican como un avance social. La contradicción es flagrante y es bueno que toda una diputada lo señale.

Por último, despertó también un enjambre de voces el que la diputada recordara un dato estadístico, lo cual ya tiene bemoles, hasta la estadística le parece peligrosa al PSOE. Basta con ojear los datos que cada año publica el Ministerio de Sanidad para constatar la afirmación de que las que más abortan son las que menos formación tienen. Las asalariadas y las que trabajan por cuenta ajena también abortan más, lo que puede permitir inducir la conclusión de que existe una presión laboral en este sentido, algo que también apuntó Beatriz Escudero. Profundizar en estas cuestiones es defender a la mujer, pero a los que gritaron contra la diputada del PP esto no les importa, lo único que les importa es hacer de un mal, el aborto, su bandera. Ellos sabrán por qué, porque hasta ahora además de gritar pocas razones han sabido esgrimir.

Josep Miró i Ardèvol, presidente de E-Cristians y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos

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