Frente al terrorismo fundamentalista

Francia –con España y el Reino Unido- es uno de los principales objetivos de la violencia yihadista. El peligro se agrava con las derrotas que está sufriendo el Estado Islámico en Siria e Irak. Los ciudadanos perciben la inseguridad, y los gobiernos sienten la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos. Pero el fin no puede justificar los medios, tampoco en la lucha contra el terrorismo. Como escribía Le Monde, en su editorial del 14 de septiembre, el imperativo de la seguridad no puede llevar a una limitación de las libertades individuales, “ADN de una democracia”.

La amenaza yihadista no cesa, cualquier día nos encontramos con nuevos ataques, ahora más individuales. Los gobiernos democráticos no pueden bajar la guardia, pero no a costa de las libertades. La vigilancia afecta más al mejoramiento de la cooperación ciudadana previa y, sobre todo, a los servicios de información, para prevenir y atajar acciones violentas, sin necesidad de reducir garantías al conjunto de la población.

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