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22 de Septiembre de 2011 | |||
Juan Francisco Jiménez Jacinto
Louis Cattiaux: cuando Dios habla a través del hombre
Este pintor vanguardista y poeta místico encarnó lo que preconizaban los artistas y los filósofos desde el Romanticismo, que la obra de arte debe ser una vía de conocimiento del espíritu del hombre. El resultado fue ‘El mensaje reencontrado’ (Herder, 2011)
Louis Cattiaux (Valenciennes, 1904 – París, 1953), pintor, poeta y filósofo místico, fue el autor de El mensaje reencontrado (Herder, 2011), un libro visionario que se enmarca en la tradición hermética y que pretende afirmar el ser de Dios. A través de más de cinco mil versículos y con una lucidez extrema, Cattiaux trata de responder a preguntas como quién es Dios o quiénes somos nosotros. Raimon Arola, profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona y especialista en simbolismo, considera que El mensaje reencontrado, aunque fue escrito hace más de cincuenta años, “gana actualidad con el paso del tiempo, como si su autor hubiese adivinado las necesidades espirituales de los hombres del turbulento comienzo del siglo XXI”. Bajo el título ‘La belleza de Dios’, Arola desbroza en un artículo publicado en el suplemento ‘Culturas’ de La Vanguardia1 el sentido original de este clásico de la espiritualidad. Este experto, cuya actividad profesional está planteada como un medio para reencontrar la sabiduría tradicional a través del simbolismo y el hermetismo, ofrece una guía de lectura de este libro, que no puede dejar indiferente a un alma que anhela profundizar en su encuentro con Dios.
Sorprendentemente, lejos de tener un enfoque filosófico, explica Arola, El mensaje reencontrado es un libro “que continuamente afirma lo que Dios es [...]. Dios no es ajeno al hombre, pero, ¿podría comprenderse esta afirmación en el sentido de que Dios es una invención del hombre? Nada más lejos del mensaje de Cattiaux. Lo que es Dios solamente lo sabe quien se ha unido completamente a Él. Cattiaux en ningún momento pretende explicar que él ha conocido tal unidad mística, sin embargo, en El mensaje reencontrado hay una seguridad que parece sobrepasarle y que plantea la duda de quién es realmente el autor del libro: el Libro de la experiencia y el conocimiento del amor de Dios”. Y es que Cattiaux no especula: “abandonó la práctica artística para dedicarse a escribir un libro realmente original, encarna lo que preconizaban los artistas y los filósofos desde el Romanticismo, es decir, que la obra de arte debe ser una vía de conocimiento del espíritu del hombre, y Cattiaux fue consecuente hasta el final”, señala Arola, autor, entre otros, de los títulos Las estatuas vivas. Ensayo sobre arte y simbolismo (Obelisco, 1995) y El buscador del orden (Arola Editors, 2003). El mensaje reencontrado constituye un manual para el alma y para crecer en la relación con Dios. Una especie de escalera de gracia a la manera en que San Juan de la Cruz lo expresó a través de sus poemas, aunque sin la dificultad que planteaba el místico sobre la inefabilidad del lenguaje, ya que Cattiaux no se exaspera con las palabras, no necesita poemas para expresar la alta trascendencia del ser humano (aunque sus versículos estén dotados de una fuerte atmósfera lírica) porque su dardo va directo al centro del alma.
Contemporáneo de los movimientos vanguardistas de los convulsos años de la primera mitad del siglo XX, Cattiaux supo crear un estilo personal en el que subyace un evidente sustrato visionario. Paralela a la inquietud artística, su búsqueda espiritual se encaminó por los escritos herméticos y alquímicos, que combinó con la lectura de la Biblia, el Corán y el Libro del Tao. El propio autor definía así la importancia que tenían los libros que ayudan a elevar el alma a Dios: “Los libros santos nos parecerán vacíos y aburridos al principio de nuestra búsqueda, pero al final serán los únicos que encontraremos preciosos y apasionantes entre todos2”. Una afirmación que bien puede servir para El mensaje reencontrado.
El Mensaje Reencontrado Editorial Herder 442 páginas
1. Suplemento Cultura/s de La Vanguardia, número 483, 21 de septiembre 2011, página 13. 2. El Mensaje Reencontrado, 38, 22' |
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