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30 de Enero de 2012 | |||
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Un nuevo ‘Doctor Muerte’ duda de sus prácticas eutanásicas, ¿por qué lo hace entonces?
“Nunca me acostumbro a ayudar a mis pacientes a morir [---] hay algo que me hace sospechar de todo lo que hago”, asegura el doctor Lawrence Egbert, que ha ayudado a morir a un centenar de personas y entre ellas a jóvenes con depresión
El pasado 25 de enero la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó una resolución en la que dejaba claro que “la eutanasia debe ser prohibida siempre”. Esa resolución incluye una modificación que establece que, “en caso de duda, la decisión siempre debe ser pro-vida y a favor de la prolongación de la vida”. Mientras tanto, al otro lado del Atlántico y en contraste con la decisión del Consejo de Europa, un médico estadounidense que sigue la estela del ya fallecido Jack Kevorkian, conocido como el ‘Doctor Muerte’, ha heredado su apodo al ayudar a morir mediante el suicidio asistido a un centenar de personas. Y no todas eran enfermos terminales, entre ellas había pacientes con dolores crónicos y jóvenes con depresión.
“El rostro se les pone azul o casi gris” Egbert aseguraba hace unos días en las páginas del Washington Post: “hay algo que me hace sospechar de todo lo que hago. Podría ser que esté haciendo algo malo. Pienso mucho en ello. Quizá sea parte de una rampa muy resbaladiza que nos acabe convirtiendo en nazis”. Y, según reproducía el diario El Mundo el mismo día en que el Consejo de Europa aprobaba su resolución contra la eutanasia, el nuevo ‘Doctor Muerte’ apostillaba: “nunca me acostumbro a ayudar a mis pacientes a morir” Ahora bien, a la vista de los detalles que narra sobre los resultados de su técnica para ‘eutanasiar’ a aquellos que deseen pasar por ese trance, no es de extrañar que tenga serias dudas sobre lo que hace. Egbert no propone como Kevorkian una inyección letal para morir. Todos sus pacientes murieron inhalando helio dentro de una capucha de plástico que este doctor ideó para evitar cualquier tipo de responsabilidad legal. “El rostro se les pone azul o casi gris”, explica. “Primero se quedan inconscientes y luego sus músculos empiezan a hacer movimientos espasmódicos que a veces deprimen a sus familiares. Piensan que intentan quitarse la capucha pero no es así”, añade. En cuanto a las dosis, este atípico doctor subraya que “es mejor pasarse que quedarse corto”, y aclara que bastan dos tanques de helio de 50 litros para matar a un hombre.
Así, el nuevo ‘Doctor Muerte’ pasó a formar parte del Final Exit Network (FEN), los que optaron por la segunda opción. Los miembros del FEN abonaban una cuota de 50 dólares anuales a cambio de su eutanasia llegado el momento, pero la red dejó de operar hace tres años cuando las autoridades procesaron a Egbert por la muerte de dos personas en Georgia y Arizona. Sus familiares no estaban de acuerdo con los métodos que utilizaban. A pesar de que el médico dice que aprobó el 95% de las solicitudes recibidas y que no se arrepiente de ellas, las dudas que plantea no se corresponden con esa afirmación. En cualquier caso, la pregunta que cabe hacerse es: si tanto duda de sus prácticas eutanásicas, ¿por qué sigue haciéndolo?
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