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10 de Febrero de 2012 |
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Josep Miró i Ardèvol
A los que se ocultan
Sígueme en Twitter: @jmiroardevol La ocultación, el enmascaramiento, no pueden tener lugar en el seno de la Iglesia y mucho menos en defensa de la misma y en nombre de Jesucristo, porque no es en función de las intenciones, sino de la práctica, como el Evangelio juzga. No es en razón de los fines sino de los medios que se utilizan. Quienes se ocultan para ser más eficaces, además de que no lo son, incurren en el pensamiento liberal a pesar de que imaginan que se encuentran en sus antípodas. Porque el pensamiento liberal, en último término, es el de la razón instrumental, en la que solamente se juzgan los actos en razón del beneficio que nos proporcionan y no en la medida en que se insertan armónicamente en un orden cósmico, en el orden querido por Dios. Y el orden querido por Dios no quiere ocultaciones. El orden querido por Dios hace ya mucho tiempo que lo definió el salmista: y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua, el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino” (Salmo 14)
Que, de una vez, los que se ocultan y enmascaran dejen de practicar lo que tanto daño hace y mucho más puede hacer a la Iglesia.
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