19 de Marzo de 2012
 
Jose Vaquero
Esopo habla al siglo XXI: El hombre y el león de oro
 
No es correcto acaparar riquezas para no usarlas nosotros ni dejarlas usar a los demás. Aprovechémoslas para ponerlas al servicio de todos, incluidos nosotros mismos
 

Esta semana Esopo nos habla de los inconvenientes de la indecisión ante una situación inesperada en la que el dilema es si haremos lo correcto o no. En esas ocasiones, es quizás preferible dar el paso guiados por una recta conciencia que quedarnos paralizados por el temor a equivocarnos.

 

 

El hombre y el león de oro

 

“Un avaro que también era de ánimo

apocado encontró un león de oro,

y púsose a decir:

 

-¿Qué hacer en este trance? El espanto paraliza mi razón; el ansia de riqueza por un lado y el miedo por otro me desgarran.

 

¿Qué azar o qué dios ha hecho un león de oro?

 

Lo que me sucede llena mi alma de turbación;

quiero el oro, y temo la obra hecha con oro;

el deseo me empuja a cogerlo, y mi natural a dejarlo.

 

¡Oh fortuna que ofrece y que no permite tomar!

¡Oh tesoro que no da placer! ¡Oh favor de un dios que es un suplicio!

¿Qué haré para que venga a mis manos?

Volveré con mis esclavos para coger el león con esta tropa de amigos, mientras yo miro desde lejos”.

 

 

 

Mi apreciado amigo Esopo: Nos traes a colación hoy a un alto representante del club de la indecisión. Encuentra un gran regalo, el regalo de un nuevo día, de una nueva hora para vivirla con ilusión, y le atenaza la indecisión. Ve el bien, la grandeza del león de oro, pero tiene un pánico atroz al animal. Y así permanece, sopesando los pros y los contras. Peligro: que por no llegar a la acción, se quedará sin el regalo y se lamentará largamente por haberlo perdido.

 

¿No es más fácil hacer caso a tu coetáneo Epicuro, bien entendido rectamente vivido? Busquemos el placer objetivo, la felicidad humana, sin pensar eterna y continuamente en qué es lo mejor en esta situación. No es precipitación, sino pensar, discernir, con la ayuda de la conciencia, y pasar a la acción. Está tan mal equivocarse por hacer algo como no hacerlo por temor a equivocarse. Confianza, y si nos equivocamos, humildad y rectificación.

 

No es correcto acaparar riquezas para no usarlas nosotros ni dejarlas usar a los demás. Aprovechémoslas para ponerlas al servicio de todos, incluidos nosotros mismos