Su rescate ha ocupado las portadas de diarios e informativos de radio y televisión en todo el mundo. Las imágenes de una Ingrid Betancourt emocionada dando “gracias a Dios y a
Pero, nada más bajar del avión que la trajo de la selva de Bogotá, la ex candidata presidencial pronunció también otras palabras de agradecimiento: “William Pérez me salvó la vida”. Se trata de su particular ‘ángel de la guarda’ durante el cautiverio de seis años a que se vio sometida.
El cabo segundo William Humberto Pérez Medina, de profundas convicciones cristianas, cuidó de Betancourt cuando ésta se hallaba al borde de la muerte, víctima de la malnutrición, las picaduras de mosquitos y las enfermedades que contrajo en la selva.
Este suboficial del Ejército colombiano, de 33 años de edad, se encontraba también secuestrado por las FARC desde el 3 de marzo de 1998 y, gracias a sus conocimientos de enfermería, cuidó no sólo de Betancourt sino también de la salud física y mental de otros secuestrados por la organización guerrillera.
“Estoy acá gracias a él”
“William me sacó adelante, me dio de comer cucharada por cucharada, me puso el suero, me diagnosticó [...] estoy acá gracias a él”, dijo Ingrid Betancourt tras besar con emoción a Pérez en la mejilla nada más bajar del avión.
La ex candidata presidencial colombo francesa mostró también en su intervención un ferviente agradecimiento a Dios y a
“Vamos a ver si me sale la voz porque estoy muy, muy emocionada. Acompáñenme primero a darle gracias a Dios, a la Virgen. Mucho les recé, mucho me imaginé este momento con mi mamita [...]. A Dios primero; segundo, a todos ustedes que me acompañaron en sus oraciones”, dijo.
En su testimonio, que duró más de 10 minutos, Betancourt confesó que en la mañana de la liberación rezó el rosario y se encomendó a Dios, pues tenía la expectativa de que alguno de ellos sería liberado por alguna comisión internacional.
“En condiciones infrahumanas”
Por su parte, William Pérez también hizo unas declaraciones en una comparecencia junto con sus compañeros secuestrados ante los medios de comunicación.
En la misma, el testimonio del cabo cristiano sirvió para aclarar algunos detalles de la situación en que se encontraba Betancourt cuando él le prestaba sus auxilios.
“La tenían en unas condiciones infrahumanas, prácticamente no se podía levantar de la cama donde se acostaba, de la hamaca”, declaró, antes de explicar qué cuidados le había dispensado en el tiempo que pasó a su lado.
“Una cucharadita por Melanie. Una cucharadita por Lorenzo. Una cucharadita por su mamá…”, de esta manera, con ternura y paciencia, el cabo primero inició el tratamiento que hace un año logró sacar del borde de la muerte a Ingrid Betancourt.
“Era como alimentar a una niña. Tocaba casi obligarla” relató Pérez posteriormente en una entrevista. La candidata presidencial renunció a vivir y duró más de dos semanas sin probar alimento, sumida en una profunda depresión.
“En ocasiones sólo le daba un mordisco a una galleta, y el resto lo guardaba, pero no seguía comiendo… Es increíble, pero todo el mundo se escandalizó con la foto de ella, y ahí ya estaba mucho mejor. Cómo hubiera sido si la hubieran visto antes”, explicó.
Entrega a los demás
Este militar oriundo de Riohacha, Guajira, estuvo secuestrado la tercera parte de la vida. Hoy, con 33 años, cuenta que era enfermero en
Al otro lado del país, su madre, Carmen, esperaba impaciente a su hijo en una finca en la que asistía a un retiro espiritual. No tenía radio ni televisión y presentía que algo había pasado, por lo que, como no llegaba, casi no durmió en una semana.
Al regresar a Riohacha un hermano suyo le dio la noticia y entonces comenzó su dura experiencia. Tuvo que entregar muestras para que se hicieran pruebas de ADN, pues no se sabía si su hijo estaba entre los cuerpos encontrados. Varias semanas después se confirmó que había sido secuestrado.
La vida de William Pérez ha estado marcada por su entrega hacia los demás. “Siempre haz lo correcto” solía decirle su madre. Sus consejos y las enseñanzas recibidas en
En la selva organizó un grupo de oración y lectura de
Entre oraciones y medicamentos, el cabo Pérez se sobrepuso de forma admirable a la tragedia, incluso sin perder el humor. Recuerda que en una ocasión les contó a sus captores que, para mayor ironía, hizo su primaria en el colegio Che Guevara y ellos se echaban a reír. “Esa gente no tiene nada, no tiene ideología. Tienen la cabeza vacía”, comenta.
Pocas veces se vio quebrantado su ánimo, salvo a finales del año pasado, cuando dejó de recibir mensajes de su familia por la radio. “Sólo vuestro olvido podrá mantener bajo llave mi alma alegre guajira”, escribió con dolor en una de las últimas pruebas de supervivencia que envió.
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