Río en defensa de la vida: mi crónica del 17-O
Niños, jóvenes, alegría y momentos humanos y emocionantes: un pueblo con esperanza que pide justicia. Aunque residimos en Madrid desde hace un año, en mi familia decidimos sumarnos a la manifestación con buenos amigos catalanes de E-Cristians, que vinieron en varios autocares, se desperdigaron al llegar a Madrid y consiguieron reunirse, algunos, en el cruce de Gran Vía con la Calle de Alcalá. Llevaban banderas catalanas, pancartas de "Cataluña por la vida" y otras con el logotipo de la manifestación. Llegamos treinta minutos antes de empezar la manifestación, aquello ya era un río de gente, es decir, un río de vida, de personas irrepetibles, valiosa cada una de ellas.. Pasaban grupos con los famosos "carteles del lince", otros con las huchas para donativos y muchas pancartas, banderas y gorras de la pasada manifestación de "Derecho a Vivir". Como de costumbre en estas grandes concentraciones, había abundancia de lemas no oficiales, espontáneos: "cuida a tu perro / mata a mi nieto", decía uno; "ZP ignorante / cada vida es importante", "me parece claro como el día que el aborto es un crimen (Gandhi)", "Abortar es matar a un ser humano inocente", "niño abortado, niño asesinado"... "Ni hambre, ni guerra, ni aborto", dice una pancarta del Movimiento Cultural Cristiano. Las Siervas de la Pasión exhiben una pancarta con una imagen y una frase de su fundadora, Teresa Gallifa: "en cualquier parte me metería por salvar una vida". Y en negro y dorado, muy grande, una pancarta subversiva que dice: "mamá, te quiero". Un cartel mostraba un lema muy bonito: "mira hacia arriba, y da un sí a la vida". En cambio, un grupo de chicas jóvenes sonrientes pasó con un cartel con la foto de la cabeza de un feto abortado, que me pareció desagradable y poco pedagógica. Muchas veces he comentado que estas imágenes son contraproducentes: el espectador, en vez de enfadarse con el abortista, se enfada con el pro vida: es absurdo pero es así. Por eso, los expertos recomiendan siempre sustituir las imágenes sanguinolentas por dibujos en blanco y negro, explicativos pero que no horroricen. La megafonía no cubrió toda la manifestación: había muchísima gente a la que no llegaba el sonido, y estuvo dos horas haciendo acto de presencia pero sin entender los actos que se sucedían. La pantalla mostraba imágenes del final de la película "Bella", una magnífica película, muy emocionante, pero quienes no estaban suficientemente cerca sólo oían gemidos lastimeros entrecortados. Al empezar los testimonios leídos por los maestros de ceremonias o narrados por las mismas mujeres protagonistas, se animan las hordas de chavalas jóvenes y gritan incansables "viva la vida". Una de estas cuadrillas de muchachas, con pancartas y la cara pintada, llegadas de Galicia, no dejaron de saltar y cantar a nuestro lado, excepto en momentos de testimonios emocionantes en que se les humedecían los ojos y escuchaban en silencio respetuoso. Uno de estos momentos fue el testimonio, leído por la presentadora Verónica, de una chica que decidió no abortar a su hijo con síndrome de Down. "Es lo mejor que me ha pasado", leía Verónica... y se le quebraba la voz. Muy emocionante fue también el testimonio de Damarys, una chica de Honduras: "cuando llegué a esa clínica, le pedí ayuda a mi Dios, salí corriendo y entré en una iglesia, un sacerdote me escuchó y me animó a ir a una asociación donde me ayudaron". La gente estalló en aplausos y las chicas coreaban: "Damarys, tú lo vales; Damarys, tú lo vales". Esperanza Puente, veterana portavoz de RedMadre, explicó una vez más su aborto: "nadie me dijo dónde encontrar ayuda para tener a mi hijo, sólo me dijeron que abortar sería fácil e indoloro, me vi sola, abandonada, con miedo, fui como cordero al matadero, me dijeron que no era un bebé, que era sólo un tejido". Y añadió: "hoy es un día para decir al mundo entero que las mujeres no queremos abortar, que lo más progresista en una sociedad que se dice civilizada es defender la vida". La manifestación cuenta con mucha música popular y optimista. Las chicas gallegas se saben todas las canciones y las cantas a gritos y con un megáfono. "Pintarse la cara color esperanza... que lo imposible se pueda lograr". Mi bebé aplaude y se ríe, porque le parece todo muy divertido. Hay muchísimos cochecitos de bebés, muchos niños. Detrás de nosotros vienen unos bebés gemelos. No muy lejos, un padre baila con su hija síndrome de Down, una niña sonriente de 9 años, con gafitas. "Esta... es nuestra revolución", sigue la música. Las galleguiñas corean: "¡revolución, revolución!". Es una revolución incruenta, de alegría y optimismo. En el escenario, los maestros de ceremonia anuncian que Madrid es la capital de la vida y desgranan la cantidad de asociaciones internacionales que apoyan este encuentro masivo. Hablan líderes pro-vida que han llegado de Brasil, de Francia, de Alemania, de Estados Unidos... Ya los organizadores anuncian la cifra de millón y medio de asistentes. Cuando aparece el actor Eduardo Verástegui, protagonista de "Bella", las muchachas enloquecen, chillan, saltan. "Quédate en España, haz una película", gritan. Él anima a los hombres a proteger a las mujeres y a los niños, y cita a Madre Teresa: "no existirá paz enla Tierra mientras exista el aborto". Y concluye: "¡qué Dios os bendiga!" A mi lado está, con su esposa, Daniel Arasa, director de CinemaNet, una de las asociaciones que más ha promocionado la película de Verástegui. "El día 20 estará en Barcelona en un acto, siempre vienen muchas chicas, desde luego tiene mucho éxito con ellas", me comenta. Los presentadores hacen subir unos niños al estrado, sólo 9... dicen sus nombres... representan a los 9 niños abortados "legalmente" en 1985. Al año siguiente, nos recuerdan, fueron 497. Y en 1987, ya fueron 16.000. En 1996, fueron 51.000. "A muchos no se les perdonó que estuvieran enfermos", nos explican. Y tampoco se libra el siglo XXI: 70.000 víctimas infantiles en el 2001, 112.000 en el 2007... "Y aún se empeñan en imponer una ley aún más injusta", proclaman. En la parte final del acto tomaron la palabra Cristina López Schlichting, Isabel Durán e Isabel San Sebastián, que pidieron un esfuerzo serio a favor de las madres con dificultades. Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia, pronunció un discurso en que pedía con claridad que los políticos avancen hacia la abolición de la legislación pro-abortista, tanto la actual como la que se prepara. Es cierto que había bastantes curas y monjas, y no me parece mal. Pero no estaban los obispos. Creo que fue bueno que no vinieran: los fotógrafos de Efe y de la prensa de izquierda querían sacar sólo curas y obispos. Los obispos han dejado paso a los laicos estos días... pero están preparando sus siguientes pasos en la lucha por la vida y la dignidad. La gran manifestación por la familia de 2005: así vivimos el 18-J
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